Boletín Literario del Año II-Nº 1

Noticias Literarias del escritor

Noticias Literarias
del escritor Andrés Casanova
Las Tunas, Cuba * Enero de 2010 * Mes del inicio de una nueva década

* Año II-Nº 1
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NOTICIAS SOBRE EL MUNDO ARTÍSTICO- LITERARIO

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ACOTACIÓN AL MARGEN
He ido demorando la salida de esta actualización de mi blog sin sentido alguno, sólo porque el tiempo suele resultarnos cruel cuando más le necesitamos. No obstante, al fin logro romper sus redes para ofrecerles además de las secciones habituales con las que comparto el blog con mis amigos, las noticias que me parecen de mayor interés por su trascendencia y un recital por mis sesenta que ofrecí recientemente, el segundo capítulo de mi novela por entregas. Que lo disfruten es mi intención
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PUBLICAN EN ESPAÑA, NOVELA "LA FIRMA" DE NARRADORA Y POETISA PERUANA GLORIA DÁVILA ESPINOZA
        Según un aviso que recibí de la propia Gloria Dávila por correo electrónico, citando como fuente
       
Lulu Marketplace, La firma es una novela recreada en las dos décadas que transcurren entre
        1980 y el 2000 en Perú, cuando era tanto el odio, la masacre, torturas y violaciones por una guerra
        interna que se vivia en ese país contra el pueblo, que “...
en medio de tanto odio solamente podía re-
        zar para que ese espiral de muerte cesará su frenético y alocado avance
”.


        De acuerdo a los datos obtenidos de http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/la-firma/5564687
        en 92 páginas de texto, se describe un mundo fabular que impacta por su crudeza y valentía.
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                                                                               Gana Félix Sánchez el Premio “GUILLERMO VIDAL” de Narrativa 2009
Con la novela “Las ruedas de la fortuna”, el escritor avileño Félix Sánchez acaba de ganar el concurso "Guillermo Vidal" que convocan el Comité Provincial de la UNEAC en Las Tunas, la Asociación Nacional de Escritores de la UNEAC y el Instituto Cubano del Libro. El premio fue concedido por un jurado integrado por los escritores Lourdes González, Ernesto Pérez Castillo y Ramiro Duarte.

Esta novela, según declaró el autor, constituye la segunda de una trilogía iniciada con Tulio y los elefantes verdes, que acaba de ser publicada por la Editorial Oriente. “Las ruedas de la fortuna” es la sexta novela de Félix Sánchez, quien obtuvo en el 2004 el Premio Cirilo Villaverde de la UNEAC con Zugzwang. Antes había dado a conocer La estación perpetua, Juegos de diciembre, y la noveleta para jóvenes Lagri.


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ULTIMAS PUBLICACIONES RECIBIDAS. A mi correo electrónico llegan habitualmente varias revistas,
direcciones de blog literarios y páginas culturales de interés general. Algunas de ellas quiero compartirlas
con ustedes, por si desearan echarles un vistazo y por qué no, contactar con quien o quienes las hacen.


        http://www.arbol.ciego.cult.cu  revista literaria sin fronteras fundada en febrero de 2005, es obra personal de los escritores Ileana Álvarez y Francis Sánchez.
   http://www.esquife.cult.cu   publicación sobre diversos géneros literarios, cuenta también con galería de arte y archivos de audio.
        http://www.lajiribilla.cu  Web que con una mirada de desenfado y humor, inserta en el espectro de los medios en Internet una visión sobre la realidad cultural cubana.
   El Boletín Cubarte es un resumen semanal de http://www.cubarte.cult.cu/ el Portal de la Cultura Cubana.
        http://www.florianrey.com  página relacionada con la jornada de cine que se celebran en La Almunia, Zaragoza, España.
   http://www.poemaniainventario.blogspot.com  donde se pueden obtener todos los números de POEMANÍA, la manía del poema…, hoja literaria de aparición virtual editada por Piero De Vicari.
           http://rolandorevagliatti.blogspot.com  y http://www.revagliatti.net  páginas del escritor Rolando Revagliatti.
   http://www.alternativas-uy.org  semanario Latinoamericano de Contrainformación con noticias culturales y de interés general como una alternativa para el conocimiento más cabal de esta región.
           Semana.co.il es un boletín informativo digital del sitio http://www.semana.co.il con el acontecer en la actualidad israelí, la comunidad latina en Israel, las comunidades judías de habla hispana y de las últimas novedades de los portales de Latina Media Group.
   http://palabrabierta.com  suplemento de artes y letras de HispanicLA editado por Manuel Gayol Mecías y dirigido por Gabriel Lerner.
           http://isla_negra.zoomblog.com  sitio que además publica la revista electrónica Isla Negra inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias de la UNESCO, dirigida por Gabriel Impaglione.
   Boletín Plaza Mayor, al que se puede suscribir enviando un correo electrónico a plazamayor@aweber.com.
           http://sites.google.com/site/sigloxxiliteraturaypoesia  sitio de interés para escritores y lectores creado para divulgar las letras hispanas en el espacio virtual.
   http://revistaliterariamapuche.blogspot.com  sitio de Mapuche, revista literaria sin lujos ni detalles cuyo Editor Responsable es Osvaldo Risso Perondi.
 


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DONDE CONFIESO QUE UN TALLER LITERARIO POR INTERNET CARECERÍA DE SENTIDO EN ESTE BLOG


Hasta aquí he venido hablando en los números anteriores de mis Noticias Literarias, las intenciones que tenía de fomentar desde este blog un taller literario. Y el pretérito “tenía” resulta exacto: ya no lo considero necesario. Tantos sitios existen en la red de redes donde se ofrece este servicio incluso en línea, que abrir un nuevo espacio electrónico con este fin resultaría redundante, por decirlo de alguna manera eufemística.

Pero existen otras razones para no intentarlo siquiera: a las fechas, ningún escritor se ha brindado como profesor compartido y solamente cinco posibles discípulos han manifestado interés por tomar el curso que habría de ser absolutamente gratuito.

Las razones las desconozco, aunque andando el tiempo me he convencido de una verdad que tal vez sea una perogrullada: cada cual escribe no solo como puede, sino además como quiere en este oficio que es considerado por muchos como “el más solitario del mundo”, de ahí que no sea necesario (según creen algunos) aprenderlo. Craso error: todo escritor de cierta edad acumula unas cuantas “horas-dedos” frente a un teclado (bien sea de las modernas computadoras o de las antiguas máquinas de escribir; o incluso de las más antiguas plumas estilográficas o lapiceros desechables); acumula además unas incontables “horas-ojo” frente a textos ajenos que le van sirviendo de referentes para elaborar sus propios textos y finalmente, agrega miles y miles de “horas-mente” pensando sus ficciones (sean de narrativa o de poesía), por lo que declaro que aquellos que siendo aún jóvenes consideran que se escribe como a cada cual se le ocurre, no tienen en cuenta que la experiencia acumulada por otros evita pérdidas de tiempo en este oficio que para nada considero “el más solitario del mundo” y que por el contrario ha conocido sus mejores momentos en escritores que han tenido un espíritu no solo grupal, sino también gregario, escritores que han puesto sus textos a la vista de otros para la sana crítica y la correción de lo que llamo en todo escritor “las tonterías literarias” de las que ningún autor ha logrado escapar.

Pues bien, eliminado el tema de mi blog acerca de los talleres literarios por la red electrónica, estaré desarollando otro tema para mi próxima actualización, para ver si logramos aunque sea polemizar un poco con el propósito de desentumecer las neuronas.
¿Qué tal si hablamos de las novelas escritas a varias manos?

Amigo lector, si deseas que coloque tus comentarios sobre el tema a partir del próximo número de mis noticias, puedes dejarme tus impresiones personales en la siguiente dirección:

http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php

 y una vez allí, “hacer click” sobre la expresión “Ingresar Comentario”.


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DE MI QUEHACER LITERARIO

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Recientemente, un grupo de amigos me pidieron que compartiera con ellos un recital de manera digamos nada profesional, sin programa de ningún tipo ni interferencias que suelen ocurrir. Acepté aquel reto: ofrecer un recital en una oficina administrativa, campeona de la burocracia innecesaria y en muchas ocasiones realmente cargante y castradora de la creación de cualquier tipo (no solo la literaria), nunca estuvo dentro de mis ilusiones. De esa manera, mientras les decía a aquellos amigos (ninguno hizo uso del derecho que les concedí como contraprestación a mi recital: ponerse de pie sin pedir permiso cuando se estuviera aburriendo) algunos aspectos de mi vida que jamás había mencionado en público y a los 60 años ya hay secretos que confesar no dañan a nadie, y les hablaba acerca de la clasificación de mis novelas, cuentos (tanto los de tipo relato como los llamados minicuentos y los radiales dramatizados) y poesías, les fui leyendo poemas míos hasta completar la nada pequeña suma de 27, algunos de los cuales ya se encontraban en este blog. Compartiré con ustedes ahora algunos de los inéditos con respecto a esta página, permitiéndome entre uno y otro algún comentario similar al que hice en aquella oportunidad de diciembre del año 2009.


Esta es una poesía escrita para el diario vivir, para oxigenarme en medio de tanta incomunicación entre los seres humanos contemporáneos: es muy frecuente perder amistades por falta de diálogo. Por eso considero como José Martí, que el Universo habla mejor que el hombre y de ahí que piense que casi todo en este mundo es
COMO UN REGALO
:

Me pusieron a estirar las nubes como si fueran estrellas
me pusieron a escribir la palabra amor, la palabra sangre, la palabra adiós,
me pusieron a secar las sentinas de mi vida
me pusieron a extraer la raíz cuadrada de las nubes
me pusieron
a secar de una forma tan mojada
que ya ni el sol exprimía mi alma.
Me pusieron
entre dos raíles a rodar de infinito hacia las minas
me pusieron un clavo en la cruz y me dijeron
véte ahora a solear entre las tumbas de otros muertos.
Me pusieron a cantar corridos mexicanos mientras me decían
ese es tu folklor
apréndelo para que ganes mil concursos.
Me pusieron a abrir un agujero en el centro del mundo
me pusieron a sacar agua de los pozos con un martillo sin cabo
me pusieron a andar de sitio en sitio
de flor en flor
de arena en arena
me pusieron sin voz para decirlo
y me dijeron
allí está la cruz que te quitamos.
Me pusieron de red en red
a que mirara en el espejo sin azogue
me pusieron entre la espada y la esperanza
entre la fe y el hambre
me pusieron como guarda de un tren
que nunca llegaba a su destino
y me advirtieron
solo tienes que cuidarte de los halcones.
Me pusieron a decirte que te amaba
me pusieron en medio de tu corazón que ya no era capaz de amar
y me dijeron ella te amará por siempre
y así la eternidad se me licuó en tus brazos.
Me pusieron.
 

Y como sin el amor resultaría imposible vivir con tanta incomunicación, desde la pasión sin nombre donde aguardo surgen destellos de tanto amor como el acumulado allí en las mayores reservas del amor que tiene el mundo y es así como puedo sentir AMOR LO QUE SE DICE AMOR:

Amor lo que se dice amor
el que te guardo
amor el que se dice amor
el que surge entre tus ojos
y se escurre por la piel de tus sonrisas
amor lo que se dice amor
el que navega entre tu edad tan enorme de no tener la edad justificada
amor lo que se dice amor
el que te corre por las venas de enamorada triste y entregada
de pequeña deidad expuesta a las urgencias de la vida
y se me da entre abrazos y ternuras
entre ofensas y ruegos
entre no ser ya la que abandona
sino la que aguarda por las nubes
con la esperanza de que el cielo te cubra con sus besos.
 

Me muevo entre mis versos y el mundo desde la intimidad parafraseada, tratando de no vivir ya de eufemismos que tanto nos dañan la vida. En esas ocasiones quien aparece es EL TIEMPO CONMIGO:

¿Quién toca a mi puerta?
La memoria y el tiempo
la vida que se fuga
como si fuera el viento.

¿Quién toca a mi puerta?
La nada
el crujir de las hojas
y la vida que pasa.

 

En ciertas oportunidades, los reyecitos bajo los escombros nos quieren voltear la vida de revés, pretenden colocarnos las cadenas en la lengua o exigen venganza desde sus planillas. También suelen ser homúnculos aunque con el poder del chantaje, de ahí su real peligrosidad. Es ahí donde aparece para cualquiera que los sufra LA NIEVE:

Si cae la nieve en medio de la noche
tendré el alma tan llena de frío y de nostalgia
para encontrarme
y volver hacia el fondo.
Tendré otras maneras de mirar la nieve
de irme hacia mí mismo
sin permitir que el frío me oxide las venas.
Vendré muy tarde
cuando la noche se parezca al día
y ya no tenga nieve en mi memoria
o mejor dicho
cuando las noticias comiencen a secarme las lágrimas
y me digan
se han perdido los documentos
nadie puede encontrarlos
las firmas no aparecen;
también te han dicho
no te ayudamos
ya no es posible publicar tus libros
el cemento se ha vuelto como piedra.
La nieve arrastra la memoria
hacia los tiempos
cuando la vida pasaba sonriente sin mirarme.
Adiós en estos días
cuando no me quedé solo
sino que me dejaron
fuera de una nieve sin nieve.
 

Desde mi experiencia como cristiano, sin religiosidad alguna y a veces hasta irreverente, anticlerical por completo, sin embargo voy BUSCANDO LA VERDAD:

Suelto la magia
en medio de la búsqueda del alma
observo una mitad sin dar las manos
trato, equilibro los rostros,
demando una verdad
que se disfraza de mentira o viceversa.
Entonces rimas que se pierden o
absolutamente
caminan en las brumas del escenario.
Absalón descarga sus mandatos,
David corre detrás de sus ovejas
mientras la lluvia cae
y nosotros cantando sobre las ruinas.

 

Finalmente, le dije a mi auditorio algunos poemas a mis ciudades, porque realmente muchas tengo, una por cada amigo que en el mundo espera mis avisos electrónicos. Y sin salirme de esa proyección universalista, cerré el recital con las SIETE CIUDADES AL SUR DE MI DESTINO:

1 Jobabo
Perdida aldea al sur de mi taller de fabricar historias
en cada aroma de sus calles
flota el central azucarero
gigante derrumbado.

2 Colombia
Al parecer
Bogotá se ha perdido en otro de los sures
en que se fragmentan los colores.
Colombia la mía no es la otra Colombia
es el lugar donde los poetas buscan la palabra.

3 Amancio
Río y portal
sentina que brama en su Sevilla
riachuelo de bondad que regurgita.
Coches (tirados por caballos) por sus calles
transportan los versos del azúcar.

4 Manatí
Puerto donde la ciudad no es ya el equilibrio de la nieve
ciudad sin puerto al sur
cañaveral despoblado de azúcar
tangente fugándose de azules.

5 Calixto
No reniego de haber nacido tan al sur de mi abuela
ni haber andado por los márgenes de la Laguna de la Sal
donde mi padre ya no pudo mirar con sus dos ojos.
Solo que las ciudades al sur no me aman
y reniegan de yo haber nacido en ellas.

6 Menéndez
De niño fue Chaparra
y algunos nombres familiares.
Hoy es el sur de mi recuerdo
donde no estoy más que como un poeta de humo.


7 Puerto Padre
Allí tengo amigos que reclaman mis versos
y podría parecerles entonces
innecesario este poema.
Pero los ciclones acaban con el barro
el malecón no guarda los relojes
y dos marinos egipcios cazaron una ballena blanca.
La ciudad emerge de la espuma
reclamando el derecho a ser norte.

 

Para sorpresa mía, como regalo por mi recital, recibí estas dos décimas del escritor tunero Over Caballero, en el sobreentendido de que me encontraba en la misma oficina que estuve durante 20 años como una obligación nada literaria y de la que al fin puedo desprenderme para siempre, con el propósito de dedicarme por entero al mundo creativo:

 

I
Ya no cabalga el Quijote
a Rocinante detiene,
a su lanza le conviene
un tiempo nuevo ─sin trote─.
Tras el escudo, el azote
descansa de su molino,
ya no marcará el destino
el signo de un derrotero.
Su estirpe de caballero
hace un alto en el camino.

II
Te vas, pero aquí te quedas
prendido en cada jornada
ya te veremos en cada
momento por las veredas
del arte, pues mientras puedas
irás sobre la montura
haciendo literatura
defendiendo cada empeño
pues siempre será tu sueño
multiplicar la cultura.

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EL RINCÓN DE BENFERRI

Hasta ahora, no me ha llegado ninguna colaboración para esta sección que, dije en otra oportunidad, tiene el propósito de albergar cuentos brevísimos o como se dice ahora, “minicuentos”, en los que el tema central sea la niñez pero enfocado hacia ese niño o esa niña que un día será mayor y nos sustituirá en este mundo como persona mayor por lógica temporal. Mientras tanto me llegan las colaboraciones deseadas, iré agotando los cuentos que con tal temática he ido construyendo en mi taller de fabricar historias.

 

VITERVO
 

Vitervo Sánchez ha salido bien temprano de casa, luego de haber golpeado a su perro. Cada mañana cumple este ritual, de manera que el animalito ha dejado de hacer sus hediondas necesidades en las habitaciones del apartamento. Bueno, en realidad ya el animalito se traga las necesidades porque a Vitervo no le queda tiempo vital para sacarlo hasta el parque aledaño.

En la oficina, este atildado señor ensaya un método para que sus subordinados no desperdicien un solo minuto del tiempo de labor. Les prohibió beber agua excepto durante los quince minutos de receso al día que estableció, de resultas que los empleados se acostumbraron incluso a no comer.

Ya Vitervo ha decidido un experimento superior. La próxima semana planea contraer matrimonio con la primera mujer que acepte tener con él una docena de hijos.


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COMPARTIENDO EL BLOG CON MIS AMIGOS

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Tengo realmente gran cantidad de colaboraciones esperando porque yo comparta el blog con ellas, compromiso que tengo con mis amigos, y lo haré desde luego de manera oportuna. Sin embargo, no quería recargar este primer número del 2010 y decidí limitar la cantidad a 5, no porque sea un número particular sino porque estoy buscando que mis noticias resulten en realidad leídas a sabiendas de que corren tiempos feroces contra el tiempo: todos nos miramos la uña izquierda del pie derecho solamente, y ya no queremos saber siquiera del ombligo. Así, sepan entonces los no incluidos en esta oportunidad (que no “excluidos”) que lo hago por protegerlos y que pronto saldrán sus ficciones en estas páginas.
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Carlos Esquivel

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Nació en 1968 y aunque reside en Colombia (me refiero a un municipio cubano de ese nombre, no al país), ha viajado más allá de nuestras fronteras. Tiene varios libros publicados, ha obtenido importantes premios y es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Pero lo fundamental, es que somos amigos.
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LA PUTA Y EL PERRITO
    Quizás ha llegado el momento (mientras espero por un cambio de vida) de contar mi primera entrada a La Habana y, para que fuera peor, unido a Arlene. También es importante que confiese a este viaje como el último capítulo de mi relación tormentosa con ella.
    Mis ideas se mezclan entre sí, tal vez porque los sentimientos que ahora saltan en mi mente son turbulentos y aquellas circunstancias, aquellas razones de permanencia eran, aún, ambiguas, y por ambiguas igual de turbulentas. Ahora esa sensación es irrecuperable (lo que agradezco infinitamente), pero como una línea subversiva que se extiende sin saber hacia dónde llega su curso, qué impulsa ese curso, mis entusiasmos y mis deseos por Arlene, me conducían a una deleznable laguna.
    La dama y el perrito se llamaba la exposición donde Arlene oficiaba, o es más preciso decir, modelaba, como una dama suculenta unida al peor perro de cualquier manada, un can flaco, sin ferocidad, embadurnado por una sarna total, granujiento, garrapatoso, casi vivo, casi un perro, expuestos en una pegajosa (el adjetivo es riesgoso, pero no me jacto de obedecer a otro empuje que no sea el sensorial) exposición de fotos que un amigo de Arlene quería mostrar en La Habana, y por tanto nos embutía un viaje de estreno a costo de aferrarnos a su virginal entrada en la ciudad, arrastrando temblorosas publicidades y el miedo a que no le marcaran su deseo de trastornar la nueva estética de la fotografía urbana, como él llamaba, de que no pudieran comprender su repugnancia transformada en arte, sus ganas de husmear en las isbas marginales y reformar zozobras pictóricas a un grado enfermizo de sub-realidad.
    Me pregunto por qué no tuve la sensata razón de repudiar esas fotos, por qué, al menos, no desistí de ese viaje ridículo y que me ridiculizaba. Esas fotos mostraban a una Arlene desnuda, repetida una y otra vez junto a aquel perro callejero, un perro al que pagaron su participación con la comida de cuatro días.
    Esa Habana me resulta cromática ahora, vista desde una lejanía que sitúa las palabras a mi favor, aunque no la realidad.
    En una de aquellas fotos, el perro tiene en su boca la cabeza de Arlene. Esta es, digamos, la imagen primaria, la imagen que engendrará las demás. Una imagen inicial contundente. Estridencia de un fotógrafo al que le importaba mucho más retumbar a las paredes que seducirlas. La cabeza de Arlene se introduce hasta el estómago del perro y a la vez sostiene en su boca la cabeza del propio animal.
    En la segunda foto, Arlene abre su pecho y aparece el perro, es una insinuación de la tercera: el perro y Arlene intercambian sus rostros y sus cuerpos. La cara de Arlene en el cuerpo sarnoso del animal, la cara sarnosa de este en el sensual cuerpo de Arlene. Así, entre lepra, sarna y desnudez, van mostrándose todas las fotos.
    He participado con entusiasmo en esta aventura de Arlene, he sido su fisgador personal; he descubierto los instintos del fotógrafo, su vicio enmascarado por ribetes y reflejos de un culebreo artístico. Él aspiraba a que una lluvia de mesiánicos críticos cayera con benevolencia sobre sus fotos. Buscaba a alguien que lo salvara de las inmundicias de un pueblo lejano de todos los pueblos, a un mecenas mitológico que apostara de sus bolsillos una extensión de la trascendencia a su nombre. Él vivía en una ratonera (su cuchitril lo era en cierto sentido, un sótano cezzaniano que dejaba ver desde arriba altisonantes sombras, asfixiantes escaleras que se encontraban en un punto único) pero creaba otra naturaleza: un tejido de siluetas citadinas. París no era Arlés, eso lo supo Van Gogh, eso le dije yo: La Habana no era ese pueblo hipertrófico donde consumíamos una misma ración de alcohol, un odio a cuanto nos supiera al propio pueblo, y de distintas maneras a una misma Arlene.
    Arlene fungía como modelo de cuanto pintor se erigiera en nuestros parajes, ejecutaba un único acto ante todos, “el salto de la pasión”, como aquel cuadro de Munch; yo, desvaído y condenado por celos eternos, sostenía un exagerado rencor ante mi inutilidad pictórica y colgaba en mi convención de acompañante oprimido mi carné de periodista del futuro.
    Esos pintores conocían a Arlene tanto como yo, y si me atengo a ejemplos sagrados, Renoir, Picasso, y hasta Toulouse - Lautrec, entre muchísimos más, que acataban y ejecutaban, como una orden, la idea de que para hacer un buen retrato de una mujer hay que acostarse primero con ella, entonces asumiría que con algunos exhibió sucesivas infidelidades, que desconocí y soporté con cruel estoicismo.
    A Arlene, como siempre, le había molestado que yo sorbiera mi cuota diaria de alcohol, y para ella hoy yo debía estar más sobrio que cualquier otra vez, hoy era su acompañante oficial, aunque esa distinción rodara lo contrario: yo sabía que ella se iba a desprender de mí, como en realidad lo hizo, apenas entró a la galería.
    Arlene iba de un lado a otro, disfrutaba ser el manjar de esos pervertidos disfrazados como artistas.
    Yo esperaba por un brindis que no llegaba, estaba inadaptado allí, sin alguien con quien hablar, fingía descubrir, una y otra vez, las mismas fotos, recorrí cinco veces las cuatro paredes y luego me detuve, en desafío, a la espera de alguno que, como yo, insistiese en fisgonear más de la cuenta las perversidades de la dama y el perrito. Pero a nadie le interesaba el reto de embrollar sus criterios, y yo pedía, pese a que traicionaba a Arlene y al fotógrafo, un ataque a la exposición.
    El fotógrafo hacía chistes, chistes provincianos que algunos fingían reír, cortesía de espectadores, y un extranjero brindaba al aire su cerveza.
    Yo tenía sed, cero apetito, pero mucha sed. Sed de alcohol. Arlene llegó hasta el fotógrafo y este le mostró al extranjero las virtudes de su modelo, palpó las nalgas con unos golpes leves y después hundió sus manos, como si fuese el perro que mordiera una carne apetitosa. El extranjero, exclamando su envidia de extranjero, después se atrevió a hundir su manos extranjeras en la piel de una Arlene gozosa como un animal de caza. Los que rodeaban aplaudieron.
    Yo tenía sed. Necesitaba escaparme de allí, debía haber un bar cerca. Salí a la calle y pregunté. Este es un lugar lleno de bares, me dijeron. Eso es lo que ya sabía: La Habana era eso: música, ron, artistas frustrados: la combinación exuberante de una ciudad caída.
    A dos cuadras encontré una descolorida cueva que se anunciaba como Bar Estrella, y pensé en los arquetipos o a lo que tenía que renunciar. Era una cueva casi oscura, un herrumbroso paraíso para borrachos de poca monta como yo, con el honor de encontrar esas limosnas de ron allí, a cualquier precio y con una música de fondo que transformaba los peores boleros de Orlando Contreras y Vicentico Valdés en sonatas tristes y solemnes. Entré asustado a esa penumbra que parecía, podía serlo, la mansión de frustrados mafiosos, bandoleros infames, y de una vez, y en baja voz, pedí todo el ron del mundo, cantidad que bebí despacio y en un par de tragos, uno contra Arlene, el otro contra La Habana, y cuando me sentía lo suficientemente feliz para creer que ya el alcohol había hecho su trabajo, salí a la calle.
    Aún no tenía deseos de regresar y me puse a caminar cinco o seis cuadras, luego volví al bar y, como se me había agotado la felicidad tan rápido, pedí al barman que si quedaba algo de todo el ron del mundo que me lo diera, y entonces volví a beberme una ciudad y una puta con odio, o con asco, Dios y el alcohol saben.
    Cuando regresé vi la galería deshabitada, sin una foto, sin personas, miré desde los cristales y vi paredes en blanco, y pensé que lo que veía, o mejor, que lo que no lograba ver, era la prueba de efervescencia del alcohol en mi cuerpo, su furibunda entrada en mi sangre, o la posibilidad de un extravío apoteósico, estando yo en otra galería, lo que imaginaba como tal y no en la que Arlene y el fotógrafo festejaban su entrada triunfal en la ciudad.
    Era un revoltillo, le oí a alguien que se acercaba, un hombre de mediana edad, la mirada de acorralamiento, un pulóver con Batman en vuelo. Sí, había pasado algo ahí, pero él no sabía; además, si supiera qué podía contestarme. Mi novia estaba ahí, le dije eso, pero ni siquiera le importó, estaba bostezando cuando lo vi irse.
    Me importaba buscar a Arlene, pero dónde encontrarla, tras qué huellas perseguirla, sin un paradero posible, sin un fantasma alrededor, sin un confidente.
    Tuve deseos de vomitar, arquee un poco, sentí la acidez de mi desperdicio y contuve lo demás. Pasó un Volkswagen a mediana velocidad y desde la ventana trasera me gritaron. Podía dolerme lo que dijeran y descubrí que no dolía. Luego un par de motoristas me gritaron algo peor. En realidad, eso quedaba por debajo del atractivo de soportar. Supuse que estaba en la situación propicia para creerme todo lo que dijeran sobre mí.
    Entonces pensé que debía irme al sitio más cercano que yo conociera, por peligroso y terrible que fuera, hasta que terminara de amanecer.
    Y me fui, por supuesto, al bar.


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Ernesto González

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Escritor cubano residente en Chicago, publica artículos regularmente en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la escuela Cultural Exchange. Fue asesor de la Prueba de Eficiencia de Español creada por Riverside Publishing. Sus novelas Habana Soterrada, Memorias de una Bodega Habanera, Descargue cuando Acabe, Mariquita, Todas las Ausencias y Bajo las Olas, y su libro de misceláneas Los Riesgos del Neófito están disponibles en http://www.amazon.com para los lectores interesados. Por más de dos años, él y yo formamos parte del Grupo Literario por Internet Ficcioneros, y de ahí nació entre nosotros esta amistad aunque no nos hemos visto jamás.

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FRAGMENTO DEL PRIMER CAPITULO DE LA NOVELA BAJO LAS OLAS

Cielo despejado

Los hombres están dispuestos a sacrificar
su única posesión tangible, que es el presente.

Antes o después, el tiempo nunca puede ser
adorado con impunidad.
los hombres están dispuestos a sacrificar
su única posesión tangible, que es el presente.

Antes o después, el tiempo nunca puede ser
adorado con impunidad.
Aldous Huxley

Time Must Have a Stop
Time Must Have a Stop

Golden Pension
Mount Desert Island
Northeast Harbor
Maine, 04662
31 de agosto del 2038

Querida Marguerite:
He estado esta mañana de visita en Petite Plaisance por segunda vez. Pasé un rato en el jardín y en el patio, tan hermosos como en los veranos en que Grace, tú y en los últimos años Jerry plantaban flores comunes o especies endémicas traídas por jardineros que te habían prometido no dañar las plantas madres.
    Caminé por los alrededores de la casa asumiendo ya que mi estancia en esta isla tendría que prolongarse. El canto de las pisadas de tantos seres sobre las hojas secas, el olor a costa y esta abundancia de verde no pueden sentirse ni entenderse a plenitud en una semana. Decidí, entonces, que no sólo iba a pasar el resto del verano en Mount Desert, sino que también iba a contemplar la degradación del verde en esas tonalidades inefables del otoño, desde el seno de la naturaleza, como hacías tú por estos caminos. Y cuando termine el verano indio, que es como ese bostezo final que nos induce a dormir confiadamente, imitaré tus escapadas de invierno. No estaré aquí cuando arrecie el frío, el día se vuelva gris y caiga la noche a las cuatro de la tarde. Quiero que mis recuerdos de este viaje sean otros.
    Al cruzar el corto puente de acceso a Mount Desert, por la Ruta 3, me dieron la bienvenida docenas de negocios, no la naturaleza como asegura la guía de turismo que traje. En el libro hay dos líneas que citan a Petite Plaisance como la casa donde residió una escritora francesa por casi cuarenta años, e instan a comprar en las librerías de Northeast Harbor las ediciones de lujo de sus libros a bajo precio. Supongo que sus cubiertas dan un toque de elegante sabiduría europea a las oficinas y a las bibliotecas hogareñas. Digamos que tu nombre puede sonar a prolegómeno aristocrático para una cena o para una reunión de negocios. De cuatrocientas páginas dedicadas a describir los hoteles, las pensiones y los mejores restaurantes del estado de Maine, las delicias locales para el olfato, la vista y el paladar, los deportes acuáticos y terrestres que pueden practicarse, y las ferias y festivales veraniegos que se celebran en la región, te mencionan sólo unas diez palabras escritas, más de la mitad dedicadas a sugerir al lector la compra de una carátula con tu nombre en caracteres resaltados. Aunque sé lo poco que te importa, no deja de ser una incomparable desgracia.
    El Parque Nacional Acadia sigue siendo uno de los tesoros de Mount Desert, como en la época que lo visitabas. No me he perdido la contemplación del anochecer desde el pico Cadillac, como me imagino que hayas hecho tú antes de que el turismo transformara esa área. Un planeta saturado de seres humanos y de sus detritos, le permite al Parque Acadia recibir seis millones de visitantes al año, dos terceras partes de los cuales tienen la bondad de no recorrerlo en sus autos sino en bicicletas, patines, patinetas y otros dispositivos para la diversión desarrollados por la tecnología cuyos nombres no conozco, para serte franco. El área donde está enclavada Petite Plaisance, en Sea Shore Rd, es uno de esos pocos oasis que quedan entre tanto bullicio y movimiento. No lo creerás, todavía parece haber gente que lucha por encontrar un equilibrio entre el comercio que les permite vivir y la belleza que les permite respirar.
    Lo menos que pude imaginarme fue la posibilidad de leer tus cartas y documentos sellados hasta el año pasado. Casi me había olvidado de ellos, si bien nunca de ti, y los años se sucedieron, a partir de cierto punto, como si no rotaran las estaciones y se hubieran estancado en uno de esos inviernos de Maine a los que nunca pudiste acostumbrarte. Conoces de sobra, y no porque lo hayas leído, cómo los años pueden volverse mero invierno aunque las estaciones regresen una y otra vez. Mi estación personal, anclada en la vejez y en la soledad de la cual había huido inútilmente, cedió ante la noticia y la felicidad de que podía descubrirte de nuevo. En los escritorios de la biblioteca Houghton, de Harvard, empezó este verano indio que ha durado un año.
    Nunca esperé sobrevivir a mis amigos bibliotecarios, no me interesaba. Perdí todo interés hace mucho, cuando se tiene o todavía se simula tener. Si se viene a ver, ¿no es bastante lógico que un mundo tan necio acabe por desinteresarle a uno? ¿Qué podía hacer? ¿Viajar, como tú? Jamás podré envidiar lo suficiente esa curiosidad que te sacaba de Petite Plaisance, con esa sólida vejez a cuestas, como si tuviera simplemente el peso de uno de tus libros, para dar interminables vueltas por tu celda. Hace años se me ocurrió emular el nomadismo que retomaste en tu vejez, y traté de seguir las huellas de tus viajes por la India, Egipto y Kenya. Al final decidí seguir tus rastros más intelectuales: visité Capri, Grecia y regresé a París.

    París, nuestro París, si me permites la apropiación, se convertía por segunda vez en la ciudad donde se definía mi vida. ¿Qué hacer?, me preguntaba frecuentemente en ese viaje propiciado por un año sabático cuyo razón se suponía que fuera Marguerite Yourcenar y no Brian de Vito. Mientras redactaba mi siguiente trabajo sobre ti, sin adivinar que sería el último, pensaba en la decisión que tendría que tomar en los meses venideros. En la cena de Navidad, que mi hijo había planeado con antelación, tendría que decidir entre rehacer un matrimonio fraguado treinta y tantos años atrás en las márgenes y los puentes del Sena, que ya no ofrecía sino más de lo mismo, o continuar solo y con los ojos abiertos. ¿Qué hacer?, me repetía caminando por las riberas del Sena, regocijado de mi regreso, como si estuviera de nuevo acompañado por Helen. ¿Qué hacer?, me decía, ¿es que se pueden mantener los ojos realmente abiertos más allá de unos segundos? Aún no estaba seguro, pero la realidad era que tú ya tenías la respuesta. Y no es que la tuvieras, siempre estuviste predispuesta a tener sólo objetos útiles o significativos, quizás porque ya estabas o te dirigías hacia donde no se necesita nada porque se es todo. Estoy seguro de que en esa época ya habías empezado el proceso de convertirte en tu respuesta.

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Carlos Almira Picazo

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Aunque alejados en distancia (aunque advierto que generalmente  las distancias geográficas son relativas), encontré en http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php  este breve cuento de quien se nos presenta como Doctor en Historia por la Universidad de Granada y nacido en Castellón de la Plana, España, en 1965. Declara ser autor de una novela en papel: Jesús, Editorial Entrelíneas, Madrid, 2005; de un ensayo en papel: ¡Viva España! El nacionalismo fundacional del régimen de Franco (1939-43), Editorial Comares, Granada, 1997; de una novela en formato digital: Todo es Noche, Prometeus mdq, abril 2007; y de un centenar de cuentos y ensayos, publicados en diversas revistas literarias. Aunque como digo acabo de conocerlo por la red electrónica, me es un placer dárselos a conocer a ustedes con este texto narrativo.
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MARIO Y EL GATO
    La voz no humana me llegó de lo alto: ¡Agostino, Agostino! Levanté la cabeza y lo vi. Estaba echado en el tejadillo calentándose al sol. Desde el paseo se avistaba su cabeza y el extremo delantero de las patas, con las garras bien recogidas.
    -¡Agostino, Agostino!, repitió, y se puso en pie, estirándose y desperezándose, mirándome fijamente:
    -¡Soy yo, tu amigo Mario!
    Mario Cavalcanti se había matado con su moto hací¬a menos de un mes. Miré estupefacto al gato romano, lustroso, que se hacía pasar por mi amigo. En la tapia y el paseo del rí¬o flotaba la soleada mañana invernal.
    -¿Te ha comido la lengua el gato?, bromeó, tí¬pico de Mario.
    -Quiero prevenirte, prosiguió, cambiando a un tono grave, lacónico. Y arqueó el lomo trazando un rápido garabato con la cola:
    -La muerte no existe, muchacho: pero no te hagas ilusiones. ¿Ves aquel perro que está haciendo caca en la farola? ¿Te acuerdas de Enrique Vinuti, el primero de nuestra clase, el preferido de los maestros que nunca fumaba ni se pajeaba y que murió de meningitis?
    Miré horrorizado.
    -El mismo, maulló. Estás avisado.
    Sin decir más giró hacia los árboles, dio una voltereta, saltó y desapareció en el tejado.

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Lázaro Andrés

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Zulueta, Cuba, 1974. Ingeniero químico. Ha publicado el cuaderno de cuentos Para pintar la nada (Sed de Belleza Editores, Villa Clara, Cuba, 2005). Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, 2004. En ese año obtuvo la Beca de Creación Caballo de Coral. Desde hace unos cuantos meses, le había prometido un espacio en mi blog y al fin he podido cumplir mi propósito. No por la demora se ha perdido nuestra amistad.
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FRAGMENTO DEL PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA EL PEZ SEDIENTO

Me reí mucho al ver que el pez en el agua tenía sed.
Albert Camus (según Iván)
 


Capítulo 1
“Con acento barroco”

 

    Parque. Amplio espacio donde brotan árboles, bancos, niños. Lugar donde la gente se sienta sin prisas a ver como la vida se marcha. ¿Y esto es un parque? Aquí todos están de paso, apresurados, atentos a los autos que cruzan veloces, maldiciendo su suerte. Una estatua ecuestre del Quijote y unos banquitos tristes no hacen un parque y además… Que conste que a mí la estatua no me parece tan mal, pero para Ricardo es poco menos que un adefesio, o al menos lo era aquel día de agosto con su sol de justicia satánica. En su opinión (en este aspecto no creo que haya variado desde entonces) no hay un escultor cubano capaz de hacer algo medianamente decoroso. Todos son unos mediocres –afirma–. Falta talento, imaginación, sentido de las proporciones. Ahí, Ricardo comienza una disertación sobre los estilos modernos, salta de la escultura a la pintura, la arquitectura. El acueducto de Albear, el túnel de la bahía, algunas cosas del Capitolio, Carlos Enríquez y Lam, para de contar, el resto es pura bazofia. Yo me callo por no llevarle la contraria y porque Ricardo se ha pasado la vida leyendo cuanto libro de pintura, escultura y arquitectura cae en sus manos, y lo cierto es que sabe un mundo al respecto, mientras que yo confundo el clasicismo con el art decó, el surrealismo con el eclecticismo y en general me pierdo entre tantos ismos que no consigo diferenciar. Ricardo sigue despotricando contra el Quijote mientras yo miro la estatua y me imagino que un huracán la arranca y la hace volar por las calles de La Habana, que la levanta sobre la bahía y acaba depositándola sobre la Catedral.
    No le digo nada a Ricardo. En general rara vez digo algo. Prefiero callarme si no tengo algo importante que decir y creo que esa es la clave de nuestra amistad, porque él necesita un auditorio atento, que no interrumpa con observaciones tontas, que escuche hasta el final sin aprobar o disentir.
    Yo no escogí ser amigo de Ricardo, ni siquiera tenía idea de qué es un amigo (mis criterios al respecto aún siguen bastante difusos, pero prefiero dar por sentado que somos amigos a falta de otra palabra para definirlo). Nos vimos por primera vez en el albergue de la vocacional y él hablaba, hablaba. Dios, parecía tener un arsenal de palabras inagotable, un ejército bonapartista que derrotaba uno por uno a todos los muchachos. Ellos se fueron marchando con un pretexto u otro y casi al mediodía estábamos solos en el albergue. Ricardo miró a un lado, a otro. Se encogió de hombros y me tendió la mano.
    –Ricardo Laurencio Vidal. Laurencio es apellido y Ricardo por mi padre, el padre de mi padre, su abuelo.
    Por un momento temí que salieran a relucir todos los Ricardos del árbol genealógico, hasta aquel remoto primer Ricardo, acaso hijo bastardo de Ricardo Corazón de León (el único rey inglés que yo conocía, y es que Ricardo ya había aclarado su lejano origen anglosajón y yo, sin razón alguna, le había agregado una dosis de sangre azul).
    Pero no, Ricardo no llegó a la raíz de este árbol transplantado al Caribe. Se estiró cuanto pudo (será de mal gusto, pero también a mí me encanta hacerlo) y me invitó a almorzar. Bueno, en realidad no me invitó, en realidad sólo dijo: “Vamos pa’l comedor” y desde ese día anduvimos juntos de un lado a otro de la ilustre y no siempre limpia Escuela Vocacional Ernesto Che Guevara de Santa Clara, y los fines de semana nos aburríamos de lo lindo (en realidad “yo me aburría”, estoy convencido de que Ricardo no) recorriendo la gloriosa ciudad de Marta, mientras él intentaba hacerme comprender que un friso, una cornisa y un frontón no son la misma cosa, que existen el orden dórico, el jónico, el corintio. Yo asentía, miraba las columnas del antiguo Instituto, las de la Biblioteca Provincial. Ni modo, me quedaba con un palmo de narices y Ricardo me pasaba el brazo sobre los hombros como un auténtico perdonavidas.
    —Vamos a Coppelia, anda.
    Y allá íbamos. Si hubiera dicho vamos al cosmos en un cohete tampoco lo pensaría mucho: me montaría en el cohete detrás de Ricardo, o tal vez a su lado, en el asiento del copiloto, y esperaría con toda calma sus órdenes. Y es que Ricardo nació para eso: para tomar las mejores decisiones, las disposiciones adecuadas. Hay gente así de resuelta, enérgica, gente que toma la iniciativa ante cada propuesta de la vida y que al final vencen o se estrellan sin remedio, pero nunca (y ese es su orgullo) dejan de intentarlo. Yo, como ya supondrán, en nada me parezco a Ricardo. La verdad es que la gente me intimida y prefiero ceder aunque no esté de acuerdo. No es que sea un imbécil, que acepte con los ojos cerrados. A mi manera también sé decir no, pero siempre con una sonrisa, una explicación (breve, eso sí, porque no resisto bajar muela). En cuanto a tomar decisiones, prefiero oír a los demás y en especial a Ricardo, que siempre suele saber lo que más me conviene.
    —Vamos –dice Ricardo.
    —Vamos –repito y echamos a caminar juntos hacia la beca.
    Ahora que he llegado a este punto me doy cuenta de que tampoco sé contar muy bien las cosas (y eso que pretendo ser escritor algún día), de que estarás pensando cómo carajos llegué a La Habana, al parque del Quijote (bueno, al pie de la estatua). Ricardo diría…, bueno él tal vez diría un montón de cosas, tal vez no. En los últimos tiempos ha cambiado mucho, aunque… Y de nuevo te adelantas, te atrasas. Ay, Alejandro, eres como un reloj ruso. Aunque si de relojes rusos se trata… No, ni una digresión más, por favor. Corresponde decir quién eres (nombre con dos apellidos), cuál es tu currículum vitae (si has tenido tiempo de hacer algo en tu repuñetera vida), a qué te dedicas (esto ya es más interesante, aunque no deberías decirlo aun). Bien, imagina, paciente lector, que no has abierto este libro, que no te has espantado aún con la paupérrima cubierta, que eres un tipo totalmente desprejuiciado (preferiblemente aburrido). Por favor, olvida todos estos párrafos esperpénticos y empieza a leer.

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Lucy Araújo

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Es de Río Cauto, Granma, y nació en 1955. Narradora y poetisa, es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha obtenido diversos premios literarios. Ha publicado ITANAM (cuaderno de relatos), Entre delfines (cuento) y las novelas Capernaum, La obra del sexto día y Laura y el ángel. Aparece en varias antologías; cuentos suyos han sido publicados en revistas cubanas y de otros países. Aunque desaparece de mis correos literarios con frecuencia, y sus respuestas suelen ser telegráficas, siempre está invitada a mis páginas.
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Mujer sin tejidos

Anoche oí la voz de Dios,
cuando regañaba a Eva y Adán
que se entretenían con los ángeles y sus vuelos.
Hoy duele un terremoto cuando en la madrugada
ya soy una mujer sin tejidos que sirve la copa del Cristo,
y vierto en su cabello la miel de mis súplicas.

Este día ha reventado mi insomnio,
y a la hora que todos duermen lo he llamado.
Ahora lucho por esa voz;
para que no sea solamente
un acordeón que entusiasma los espejos.
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. ACERCA DE

casanova

Andrés Casanova (Las Tunas, 1949). Narrador, poeta y crítico literario. Escritor de libretos radiales dramatizados y de guiones para cine y televisión. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Fue seleccionado al premio artístico-literario Catania Duomo 1995 auspiciado por la Academia Ferdinandea de Ciencias, Letras y Artes con sede en Italia. Aparece reseñado en el Diccionario Biográfico Internacional de Cambridge, Inglaterra. Es miembro del Consejo de Consultores del Instituto Biográfico Americano (ABI) con sede en Carolina del Norte, Estados Unidos.

. PUBLICACIONES


Punta Martinas
1982


El reloj, ese asesino
1991


Pequeñas historias
memorables
1994


Hoy es lunes
1995


Tormenta tropical
de verano
2000


Las trágicas
pasiones de
Cándida Moreno
2001


La jaula de los goces
2001


Las nubes de algodón
2005


La fiebre del Atún
2005


No somos
aquellos niños
2007


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