Los «25» de Onilé

 Los ojos le brillan al recordar esos inicios en que, siendo instructora de arte de la casa de cultura Tomasa Varona, le encomendaron crear un conjunto danzario que distinguiera a la provincia. Aunque siempre pensó en que fuera folclórico, su idea no resultó totalmente aceptada. Se quería uno de otra naturaleza.

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Pero en un sueño su abuela Alicia (proveniente de Jamaica) le había exhortado a que persistiera, su madre (Mariana) también la apoyaba; además de Alberto Torres, entonces director provincial de Cultura, y Marlén Martínez y Marina Lourdes Jacobo, trabajadoras del sector, entre otros colegas. Ella no claudicó.

Así, Josefina Taylor, la líder desde esa génesis, es una mujer feliz. La compañía folclórica Onilé tiene muchas razones para celebrar sus 25 años defendiendo nuestra idiosincrasia. Los bailes tradicionales campesinos, yoruba, congo y, en especial, los francohaitianos, encuentran en ese elenco a fieles conservadores.

Este prestigioso colectivo primero tuvo el nombre Oggún Laddé y luego el actual, que hace referencia a uno de los caminos de Oggún guerrero, de la religión Yoruba y considerado patrón de Las Tunas. Es, por ejemplo, uno de los representantes de la rumba, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Su sede, en el Cabildo San Pedro Lucumí, del centro histórico, acoge ensayos que dan vida a espectáculos memorables como Bembé. Proyección escénica, trabajo en equipo, dominio del escenario…, son palabras que el visitante escucha al acercarse allí, y que enriquecen su repertorio. Ahora se preparan para presentar Los Lwá, en saludo al 20 de octubre, Día de la Cultura Cubana.

“Previo a cada presentación hay una labor investigativa que permite a los 36 integrantes de la compañía ahondar en nuestras raíces y, sobre todo, saber cuál es el mensaje que queremos transmitir al público. En ese proceso nos hemos acercado a cabildos de diferentes lugares de la provincia como El Ocho de Macagua”, dice Josefina, con más de 40 años de vida artística.

Wilberto Alicio Quindelán, coreógrafo, bailarín de primer nivel, percusionista y fundador de esa cofradía, afirma: “Siempre tratamos de tener nuestro sello. Nos hemos presentado en festivales en La Habana, Santiago de Cuba y otros territorios, con buena acogida. La unión del colectivo, la dedicación, el amor y la calidad profesional son ingredientes que inciden en los resultados obtenidos dentro y fuera de la provincia”.

Para Taimí Franco Vargas, una de las cantantes, los caracteriza el deseo de crecer haciendo prevalecer las tradiciones. “A los ensayos les ponemos pasión y, desde allí, nos realizamos como artistas”, apunta. Ciertamente, el Evento Internacional de Cultura Africana y otros espacios han sido testigos del afán de este grupo por rescatar parte importante de la identidad de la Isla.

Por el camino del guerrero que cobija sus sueños, avanza Onilé. Llama la atención que sus miembros son de formación empírica y muchos se han jubilado en ese seno. Su convicción es resumida por la directora: “No dejaremos morir lo que hacemos porque, si eso sucede, perderíamos lo que nos han legado nuestros ancestros”.

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