Archivo de 11 diciembre, 2019

La cultura cubana a través del lente

Las crónicas de Cuba es el último capítulo de uno de los proyectos más ambiciosos, hasta la fecha, del artista francés JR. Este proyecto es parte de una serie de murales titulada Crónicas, que comenzó a fines de 2016, cuando el artista inspirado en el trabajo del mexicano Diego Rivera, se propuso representar a un vecindario entero a través del arte y la fotografía.

Laura Arañó Arencibia, curadora del Museo Nacional de Bellas Artes se refiere a las características de este proyecto.

«El artista se llama JR, es un artista francés que ha estado en varias ocasiones en Cuba, este es el tercer proyecto que hace acá, y es el último de una serie de grandes murales fotográficos. Estos son como retratos colectivos de memoria de determinadas ciudades y espacios.

«En el caso de Cuba y, a diferencia de los demás murales, este es de todo un país, el soporte sobre el que trabaja el artista es la fotografía, pero es una fotografía que instala en espacios públicos, a gran escala, como un grafitti fotográfico, donde incluye a personas de distintas profesiones y culturas, de manera tal que sea un retrato lo más cercano posible de la sociedad cubana.

«Pasamos por Santiago de Cuba, Guantánamo, Bayamo, Las Tunas, luego vamos a Camagüey, Sancti Espíritus, Villa Clara, Cienfuegos, Pinar del Río y La Habana, es decir que son casi todas las provincias.

«JR ya había estado antes en el país en las dos últimas ediciones de las Bienales, además cada uno de estos murales viene con una aplicación que cuando la cámara del teléfono móvil escanea el rostro en la fotografía sabe los datos de la persona y la historia con la que ellos querían ser representados en la obra».

El artista ya tiene una trayectoria de trabajo en Cuba, pues en mayo del 2012 colaboró con José Parlá, en la realización de murales enormes en la capital, donde fotografiaron y grabaron a más de 25 personas mayores que habían vivido la Revolución Cubana, creando retratos a gran escala que se entrelazaron además con escritos y pinturas caligráficas.

Este gran mural se prevé que esté listo para finales del próximo año en el Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana.

Saymi quiere dejar su huella literaria

De tanto ver y devorar libros, a los diez años empezó a escribir su propio relato de la vida, de su vida. Dispuso lápiz y papel y redactó un diario porque sintió la necesidad de contar. Así nació Saymi K. Torres a la literatura, al oficio de escribir, al empeño de relatar, de ser cronista de “sus cosas” y de su tiempo, de su ciudad, de su gente. Conversamos hace un tiempo,  apremiadas por las urgencias de la vida y el trabajo: andaba ella envuelta en sus responsabilidades como vicepresidenta de la Asociación Hermanos Saíz en Las Tunas y los preparativos del evento literario Portus Patris, en el municipio de Puerto Padre.

Ahora que escucho la grabación y transcribo me sorprende cuánto contó en solo minutos, Saymi tiene mucho que decir, una manera de ilustrar cuánto tiene también por escribir.

-¿Cómo descubriste el mundo de la literatura y de la escritura?

El primer paso para empezar a escribir es la lectura. Desde niña leía, leía mucho; mi madre tenía un librero enorme que en ese momento me parecía algo increíble ¡una cosa muy grande! y empecé a leer muy pronto, de hecho mi madre me enseñó antes de empezar la escuela y empecé a leer todo lo que caía en mis manos.  A veces leía cosas que no eran adecuadas para mi edad, pero bueno esa sed de saber y de leer fue lo que me impulsó  a, en determinado momento, sentir esa necesidad de escribir. Y comencé escribiendo diarios, sentía que necesitaba narrar cosas: lo que me pasaba, lo que sentía… ponerlo en el papel de alguna manera.

Poco tiempo después sus textos cayeron en las manos de la poetisa puertopadrense Nuvia Estévez: «Ella me dijo: Ahí está la madera del escritor, la tienes, pero necesitas todavía perfeccionarla y buscar. Y al final creo que es eso: es un proceso de búsqueda en el que uno se consagra y termina exponiéndose al desnudo frente a los lectores, de eso se trata, de un proceso de búsqueda interna.

-¿En qué momento exacto de tu vida te encontraste como escritora?

-Bueno, tengo que decir que el término escritora es un término que respeto mucho y yo no permitía que me llamarán escritora. Decía: “Hasta que no tenga un libro publicado, hasta que no tenga mi obra valor literario pues no voy a permitir que me llamen escritora”. Entonces cuando me presentaban como escritora yo decía: “Yo soy una muchacha que escribe, no soy una escritora, soy una muchacha que escribe”. Comencé a sentirme como escritora hace muy poco. Pero la literatura en serio me la estoy tomando desde hace unos 5 ó 6 años, o sea que soy muy joven en el mundo de las letras.

-Narrativa y poesía, ambos géneros consagran tus textos…

-Comencé escribiendo cuentos breves, no me gustaban mucho, de hecho los tengo ocultos ¡no dejo que nadie los vea! Pero después la poesía me atrapó y creo que fue esa magia que tiene la poesía, esa musicalidad oculta, esas metáforas, esas imágenes que guarda la poesía lo que me cautivó.

Está a punto de salir mi primer libro “Sepia”, un libro de poesía para adultos que viene siendo como un ejercicio de exorcismo. Le cuento al lector mi infancia, cosas de familia…cosas que me marcaron como persona y escritora a lo largo de mi vida.

Una vez que Saymi puso punto final a “Sepia” nació “El mundo de Pablo” o “Mi hermano Pablo” (aún está por definir el título para su publicación en el 2020), obra merecedora del Premio de literatura infanto- juvenil Principito 2019.  Y aunque el libro nació de la adversidad  es un retrato de amor y esperanza, «una compilación de las travesuras y de las historias divertidas que suceden en mi casa con mi niño», declara la autora.

-¿Cómo abordar un tema tan difícil como la enfermedad en la infancia?

-Yo tengo un nene que tiene necesidades especiales. Es un niño que tiene una lesión estática del sistema nervioso central pero es un niño muy feliz y yo quería escribir un libro feliz. Porque  adentrándome en este mundo, buscando  a los niños con necesidades especiales, viendo lo amorosos  que pueden ser, las enseñanzas que te transmiten como seres humanos que son y defendiendo sus derechos a tener una familia, a tener apoyo, a tener comprensión …pues entonces surgió este libro.

Creo que la literatura en sí lleva mucho estudio, mucho esfuerzo. Alguien decía que una página que se lee fácil es porque ha costado mucho trabajo escribirla.

-¿Qué esperas encontrar, entonces, en el mundo de la literatura y entregarle a los lectores a través de tus libros?

-Creo que el objetivo final de todos los escritores es que el público reconozca su obra, que el público se sienta identificado con su obra. Poder poner una marca en la persona que lee tu libro, poder compartir una experiencia, un sentimiento, una visión del mundo. Y al final ese es también mi objetivo. Lo que espero de la literatura no son premios, lo que espero es que un día en una calle, una madre y un niño me paren y me digan: “leí tu libro y nos gustó mucho”; una joven, me  detenga y me diga: “leí tu libro y me encantó, me sirvió, me ayudó”. Ese tipo de cosas es la que espero de la literatura.