Por: Caridad Hernández
“El primer poeta de América es Heredia. Solo él ha puesto en sus versos la sublimidad, pompa y fuego de su naturaleza. Él es volcánico como sus entrañas y sereno como sus alturas”.
José Martí
1888.
José María Heredia nace en Santiago de Cuba el 31 de diciembre de 1803 y muere el 7 de mayo de 1839. Es la primera figura con verdadera dimensión literaria. Su formación lo situó de inicio en la corriente clásica, traducía desde pequeño a los poetas latinos y después entre las nuestras seguidoras incidentes de su vida.
José María Heredia se encuentra muy vinculado al surgimiento mismo de la nacionalidad cubana, está ligado a los primeros brotes independentistas y que contribuyó con su obra a fijar símbolos que hoy se tiene como más características de la nación como la estrella solitaria y la palma real.
El romanticismo en América adoptó varias formas que llevó a la diversidad de estilo en la novela y la poesía, pero sí, muy ligado a la exaltación del paisaje americano en su realidad; a las ansias de libertad e independentismo, al progreso y cambio del hombre.
Está considerando el primer gran poeta nacional, pues nunca había florecido hasta ese momento un poeta de tan mantenido aliento, sublimidad, vigor y trascendencia en sus composiciones. Nadie como él supo cantar con la belleza y ardor a la patria oprimida por lo que está identificado como el primer cantor de nuestra independencia.
“Oda al Niagara”
(fragmento)
Templad mi lira, dádmela, que siento
en mi alma estremecida y agitada
arder la inspiración……”
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Sereno corres, majestuoso, y luego
en ásperos peñascos quebrantado,
te abalanzas violento, arrebatado,
como el destino irresistible y ciego.
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mas, ¿qué en ti luzco mi anhelante vista
con inútil afán? ¿por qué no miro
alrededor de tu caverna inmensa
las palmas, ay, las palmas deliciosas,
que en las llanuras de mi ardiente patria
nacen del sol a la sonrisa, y crecer,
y al soplo de las brisas del océano,
bajo un cielo purísimo se mecen?
Este recuerdo a mi pesar me viene
Nada ¡Oh Niágara!, falta a tu destino,
Ni otra corona que el agreste pino
A tu terrible majestad conviene…….
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La identificación del poeta con el catarata es rasgo netamente romántico. El recuerdo de la patria, lo mismo que el sentimiento de soledad del desterrado, conste tu yeso las notas autobiográficas de este poema magistral.
La obra de José María Heredia es tan grande y decisiva que hace olvidar casi todas las pequeñas voces que hasta entonces habíamos tenido, y el mismo se erige como la gran influencia de la poesía cubana que le sucede. Heredia no es un escritor de transición ni un ecléctico, sino algo mucho más complejo. Su expresión personal se impone es decir lo “ herídico ”.
Después de conocer sus poemas más significativos y analizarlos podemos decir que fue el poeta que de forma excepcional inició y desarrolló el romanticismo americano, donde le puso característica muy herediana, adelantándose una década del inicio del mismo en lengua española.
Entre los aspectos que la van a caracterizar tenemos: la presencia de la naturaleza americana que no es solo la descripción sentimental, sino interiorización de un ideal de libertad que se hace cada vez más potente e imperioso. La subjetivación del paisaje, que convierte a la naturaleza en reflejo de los estados de ánimo del autor y sus más caros anhelos.
En su obra se aprecia una intensa proyección lírica del “yo” que predomina en las obras del romanticismo.
La pasión, vehemencia, energía, brillantez, con un tono arrebatador y armonioso se encuentran presentes en sus poemas. Evocación a la patria lejana y fusión entre naturaleza-mujer-patria.