Personalidades de la literatura en nuestra provincia
 
 

Guillermo Vidal (Las Tunas, 1952):

Licenciado en Español y Literatura. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Sus obras han obtenido diferentes premios, entre ellas: Los iniciados (cuento): 13 de marzo, 1985; Se permuta esta casa (cuento): David 1986; Confabulación de la araña (cuento): UNEAC 1990; El quinto sol (novela): Especial Hermanos Loynaz 1995; Las manzanas del paraíso: Internacional de Novela Casa de Teatro, República Dominicana 1998; Los cuervos (novela): Dulce María Loynaz, 2001. También ha publicado: Matarile (novela, 1993), Los enemigos (cuento, 1994), Donde nadie nos vea (cuento, 1999), Ella es tan sucia como sus ojos (novela, 2001); El amo de las tumbas (novela, 2002). Sus cuentos han sido antologados en Cuba, México, República Dominicana, Brasil, Portugal, Italia y Puerto Rico.

Artículo de Alberto Garrido por el fallecimiento de Gillermo Vidal (LA SAGA DE GUILLERMO, FRAGMENTOS):

En el sueño, su esposa y su hijo pequeño estaban en un andén. Le decían adiós a un tren que partía hacia un ignoto destino. ¿Me iré a morir?, me dijo, después de contármelo. Tú nunca te vas a morir, le conteste.

Esta escena ocurrió hace un año, tal vez. Hoy, parece que los dos teníamos razón. La muerte física alcanzó su cuerpo, sus pulmones. La muerte eterna nunca podrá encontrarlo.

Guillermo Vidal era el novelista más prolífico residente en la Isla. También era el más premiado. Por la cantidad de llamadas a las que aún respondo, quizá el más querido. Premio Nacional de Novela Breve Hermanos Loynaz con El quinto sol (1995). Premio Internacional de Novela Casa de Teatro, con Las manzanas del paraíso (República Dominicana, 1998).

Premio Alejo Carpentier de Novela con La saga del perseguido (2003). Sus libros de cuentos Los iniciados (Premio 13 de marzo, 1985), Se permuta esta casa (Premio David, 1986), Confabulación de la araña (Premio UNEAC, 1990) y Donde nadie nos vea (2000) nos hablan de un autor siempre experimental, de una fiesta de la palabra en ascenso, una estética hedónica, una visión ambigua, iconoclasta del mundo, una intertextualidad cómico-trágica. Sobre Guillermo se tejieron, en vida, dos grandes leyendas que el tiempo hará dilatar. Él se reía de ellas secretamente, auque las fomentaba en público: la del herético impenitente, y la del hacedor de textos marcadamente eróticos. Las dos, a mi entender, son falsas. A su herejía, que supone a un autor obsesionado en disentir de su país, opongo su deseo, a pesar de las ofertas fuera de Cuba, de permanecer en Las Tunas, su aldea querida, entre la gente que se burlaba de su figura quijotesca, se reía con sus chistes, o admiraban sus textos. Sí había una disensión eterna, y esa permanecerá en sus libros, y en nuestra memoria: una disensión contra las perversiones humanas, contra toda forma de injusticia, contra la escisión familiar y la intolerancia. Opongo también su fe sostenida, su costumbre de orar cada mañana antes de escribir la primera línea, de diezmar de cada premio como un niño agradecido, su testimonio de haber sido sanado de epilepsia.

La segunda leyenda, más que sus libros, la fomentan sus opiniones en conferencias y entrevistas, siempre provocadoras, escandalizantes, y su participación en alguna antología preparada por amigos sobre el tema. No niego que haya fragmentos eróticos en sus novela o cuentos, pero estos nunca construyen el espíritu ni siquiera de sus relatos, salvo en un cuento magistral: Las polluelas. En todos hay, eso sí, una burla, una mirada escrutadora sobre las vecindades del sexo y la muerte, una hipérbole carnavalesca mediante la oralidad y la memoria.

Hasta los últimos días mantenía en su currículum de autor su condición de profesor adjunto de Literatura Hispanoamericana. Para mí no era un profesor (dejó en esa esfera tantos amigos como enemigos), sino un Maestro. Lo supe desde que lo conocí, cuando acababa de ganarse el premio David con Se permuta esta casa y no tenía barba y lo fuimos a ver a una habitación del hotel Imperial y comprendimos que era de los que nunca le vendería el alma al diablo. Mi personaje El maestro, en La fe y los condenados, es una copia de Guillermo, una broma a Guillermo, un homenaje en vida.

 
 
 
 

María Liliana Celorrio Zaragoza

Alberto Alejandro Garrido Rodríguez

Carlos Andrés Tamayo Rodríguez

Ernesto Eugenio Carralero Bosch

Martín Renael González Batista

Lesbia de la Fe Dotres

Víctor Manuel Marrero Zaldívar

Antonio Gutiérrez Rodríguez

 
 
 
     
Webmaster: Yoisel Ricardo Peña
Diseño: René Hechavarría Segura
Información: Emelina Jorna Frómeta
Copyright © 2007 - 2009
Centro Provincial del Libro y la Literatura y Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura
Las Tunas, Cuba.
Table Pie