MAYOR GENERAL VICENTE GARCÍA
LEÓN DE SANTA RITA
 
Cuando en el Oriente cubano se extiende el eco glorioso de la libertad proclamada por Carlos Manuel de Céspedes en la Demajagua, uno de los primeros en incorporarse a la causa independentista es Vicente García quien, de carácter afable y jovial, pero a la vez inquieto y rebelde desde pequeño, se convierte pronto en un verdadero azote de la España colonial.
En el ámbito de una familia acomodada, nace en la calle Real que en la actualidad lleva su nombre el 23 de enero de 1833. De rica raigambre tunera pues la madre, Rosa María González, era bisnieta de Diego Clemente Rivero, dueño del Hato de las Tunas.
Vicente realizó los primeros estudios en su ciudad natal y luego fue enviado a Santiago de Cuba para que recibiera clases en el Seminario San Basilio el Magno. Allí adquirió una cultura bastante general y un nivel educacional medio.
Desde muy joven abrazó la causa de la independencia ya que no soportaba el abuso y la explotación a que era sometido su pueblo.
En ocasión del ataque de Joaquín Agüero y Agüero a las Tunas, el 8 de julio de 1851, según sus propias palabras: «el hecho lo impresionó profunda- mente».
En el año 1855 contrajo matrimonio con la bella joven camagüeyana Brígida Zaldívar Cisnero, esposa dulce y tierna que también supo enfrentarse al coloniaje español y se convirtió en la regia mambisa de los campos de Cuba. En 1856 se incorpora a una conspiración contra la dominación española; sin embargo, esta no tuvo trascendencia debido a la poca experiencia de los complotados y las adversas condiciones del momento.
Las peculiaridades de su carácter le valieron para que se hiciera querer mucho en la región y pudo entablar amistad con todos los ciudadanos pobres, ricos, negros y blancos, toda vez que para él sólo existía una raza: la del hombre.
Durante varios años administró una de las fincas de la madre, dedicada en lo fundamental a la compra y venta de ganado, actividad que le sirve de pretexto para recorrer los campos y establecer los contactos con aquellos que ya estaban dispuestos a enfrentar a la metrópoli.
Así organiza un tren de carretas con la finalidad de tirar madera desde la finca hacia Manzanillo y otros lugares de la región oriental, razón por la que fomentó un potrero, utilizándolo además para el mantenimiento de los bueyes.
En 1865, después de la primera expulsión de los españoles del territorio que en la actualidad ocupa la República Dominicana, el joven tunero comenzó a reunirse con su primo Francisco Varona González y ambos coincidieron que en Cuba podía hacerse lo mismo que en el vecino país.
Estas reuniones se hicieron frecuentes y ya en 1866, se unió a ellos Ramón Ortuño Rodríguez, artesano holguinero radicado en Las Tunas y que había participado en el asalto a la ciudad en 1851. Resulta notorio que Vicente García y Francisco Varona, dos jóvenes de la alta sociedad tunera llamaran a un hombre negro como Ortuño, pero, ellos estaban convencidos que así lograrían la unidad en la lucha.
En 1867, viajaron a Las Tunas Bernabé Varona y Francisco Muñoz Rubalcava, celebrándose una reunión en la que el segundo les habló del Movimiento que se gestaba en Bayamo y de los trabajos que se hacían en Camagüey. Esto produjo gran entusiasmo entre los tuneros, al saber que no estaban solos en el empeño libertario. Por unanimidad se acordó nombrar una Junta que asumió la dirección del Movimiento en la comarca eligiéndose a Vicente García como jefe supremo. Hacia el mes de junio de 1868, Vicente García asistió a una reunión efectuada en Bayamo, donde se tomó el acuerdo de organizar una reunión compuesta por delegados de los distritos comprometidos. A tales efectos se le designó, tomando en cuenta el gran conocimiento que tenía del territorio y que su madre era dueña de un grupo de fincas boscosas, para que llevara a cabo los preparativos del encuentro.
De regreso a Las Tunas, patriota criollo escogió la finca Jesús María del fundo de El Rompe, lugar poblado por frondosos árboles y poco transitable. La referida Junta estaba fijada para el 3 de agosto, más los participantes deciden adentrarse un poco en el monte y la importante reunión se celebró al otro día en la finca San Miguel del mismo fundo.
La lista de los conspiradores incluía los nombres de Carlos Manuel de Céspedes e Isaías Mazó por Manzanilllo, Salvador Cisneros Betancourt, Carlos Loret de Mola por Camagüey, Belisario Alvarez por Holguín, Francisco Maceo Osorio, Pedro Figueredo y Francisco Vicente Aguilera por Bayamo y los representantes tuneros Vicente García y Francisco Muñoz Rubalcava.
Esa nómina de participantes a la llamada Convención de Tirsán es disímil, pues según algunos apuntes de la prestigiosa historiadora Hortensia Pichardo, la conformación es muy variada. Enrique Piñeiro nos presenta siete y finaliza con las palabras, "y otros"; mientras que Eladio Aguilera recoge trece nombres, por lo que incluye junto a los expresados a Jaime Santiesteban por Manzanillo y Donato Mármol por Jiguaní. Por otra parte, Vidal y Morales excluye a Jaime Santiesteban y a Francisco Muñoz Rubalcava y menciona a Juan Hall y Antonio Rubio.
En la reunión que presidió Carlos Manuel de Céspedes, quien era el de mayor edad, pronunció brillantes palabras que conmocionaron a los presentes y se cuenta que su voz vibraba como un torbellino en cada rincón de la comarca: «Señores: la hora es solemne y decisiva. El poder de España está caduco y carcomido. Si aún nos parece fuerte y grande es porque hace más de tres siglos que lo contemplamos de rodillas. !Levantémosno!
A pesar de que no se llegó a un acuerdo definitivo para comenzar la guerra se pudo unificar el Movimiento Revolucionario y fueron elegidos como integrantes de la directiva: Francisco Vicente Aguilera, presidente; Pedro Figueredo Cisneros, secretario, y Francisco Maceo Osorio, vocal.
El 1ro. de septiembre de 1868 se realizó una nueva reunión en la finca Muñoz, localidad cercana a Las Tunas, donde participaron orientales y camagüeyanos para tomar una decisión sobre el inicio de las hostilidades. Aunque estuvieron presentes Vicente García, Francisco Muñoz Rubalcava y Ramón Ortuño; estos no tuvieron votos, pero sí, antes de entrar, conversaron con los camagüeyanos para apresurar la fecha del alzamiento, pues los tuneros estaban muy vigilados. Sin embargo, al concluir no se llegó a un acuerdo definitivo.
A finales del propio mes, Vicente García sostuvo una entrevista con Francisco Vicente Aguilera, en El Lavado finca próxima a las propiedades de este último en Las Tunas, con el objetivo de acelerar el Movimiento Revolucionario.
El 4 de octubre se realizó otra reunión en El Mijial, presidida por el mayor general Vicente García y en la que participaron Ramón Ortuño, Francisco Muñoz Rubalcava, Donato Mármol, Jaime Santiesteban, este último en representación de Carlos Manuel de Céspedes, Luis Figueredo y Francisco Varona González, entre otros.
Vicente García explicó la situación de Las Tunas, que tenía a Ortuño y Muñoz Rubalcava con más de cien hombres armados y ya se habían dado algunos conatos de levantamiento, además, en Holguín se encontraba Luis Figueredo con un grupo de hombres armados desde hacía varios días, en Manzanillo estaban Juan Fernández Ruz y Angel Maestre alzados en los montes de La Esperanza, el Movimiento no podía esperar más por lo tanto él proponía como fecha tope del levantamiento el 14 de octubre, agregando que si los demás centros no se levantaban, los tuneros solos iniciarían la lucha. El día propuesto por el jefe tunero fue aprobado por los presentes.
El 6 de octubre, es decir dos días después de la reunión de El Mijial, Carlos Manuel de Céspedes realizó una importante reunión en El Rosario de Manzanillo, donde pronunció el siguiente discurso:
« Es de lamentar que los sucesos se hayan precipitado hasta el extremo de no permitir que los representantes de los demás centros se fijan en algún acuerdo, no conozcan el parecer ni los intentos de todos los que a dicha Junta han asistido, por lo que estimo de suma importancia y gravedad la resolución delicada y hasta violenta que hay que tomar en los pocos días del plazo fijado por Vicente García y los suyos, estamos como estamos, tan escasos de armas y municiones para equipar nuestra gente, pero empeñada cual está mi palabra y la vuestra, con la que los otros siempre han contado, por mi parte opino que en la hora del peligro no debemos abandonarlos, y satisfecho de que todos los que aquí me rodean son hombres valientes, de honor y de fe, creo que pensarán como yo...».
Como puede observarse, en la arenga de Céspedes se ve claramente que el plazo para el día 14 lo fijó Vicente García el día 4 de octubre en El Mijial.
A partir de estos momentos, los tuneros intensifican los preparativos para el inicio de la guerra. De esta forma Francisco Varona, Julián Santana, Ramón Ortuño y Vicente García dan los toques finales a cada actividad prevista. El 9 de octubre se realizó una reunión en Ventorrillo con Vicente García y sus principales subalternos, en la que quedó trazado el plan de ataque de 1a ciudad para el día 14.
El 10 de octubre se produjo el alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes en el ingenio La Demajagua, donde dio la libertad a sus esclavos.
Esta noticia llegó a Vicente García el 11, cuando participa en una reunión del Ayuntamiento, del que era miembro de honor. Al concluir la misma, el joven tunero cursó aviso a los que encontró a su paso por la calle Real ya otros los alertó con algún conocido. Con su hijo Braulio solicitó a Javier Duarte que se presentara en el potrero El Hormiguero, el cual había sido escogido como Cuartel General.
El 13 de octubre atacó su ciudad natal y la tomó casi totalmente, menos la iglesia, lugar en que los españoles se habían refugiado, al no contar los mambises con los implementos de zapa necesarios para derribar el portón de la misma. Los bravos hombres se retiraron a su cuartel y allí, en lo más alto de una vara de bambú, ondeó la bandera cubana.
Durante estos días acudieron a Las Tunas gruesas columnas en defensa de la ciudad, pues era una plaza estratégica para el que la poseyera. Desde aquí se podrían dominar con facilidad las ciudades de Holguín y Bayamo, además de los embarcaderos de Puerto Padre y Malagueta, que eran puntos de aprovisionamiento fundamentales de los españoles.
El 24 de octubre arribó a Las Tunas el coronel Eugenio Loño, jefe español, designado para el mando militar de Oriente, con sede en esta ciudad. Como un medio para tratar de doblegar a Vicente García, Loño encerró a la familia del jefe cubano en su casa, colocando guardias en las puertas y ventanas, las que mandó a clavar y ordenó que no se le permitiera llegar ningún tipo de alimento.
Dentro de la vivienda quedaron prisioneras Brígida Zaldívar Cisneros, esposa de García, la madre de Vicente, Rosa González, de más de 70 años de edad y sus pequeños hijos. La única posibilidad de alimento para los que se encontraban en aquel cobarde cautiverio fue una botella de leche que le hacía llegar un vecino del pueblo a través del techo de vez en vez, luego de sobornar a los vigilantes. A los tres día murió de hambre la hija más pequeña del General, María de la Trinidad de sólo 4 meses de nacida, Brígida mantuvo el pequeño cuerpo en sus brazos y las fuerzas españolas ante el reclamo de la madre, desclavaron una ventana y en una cajita de fideos recogieron el pequeño cadáver. En idénticas condiciones murió más tarde, por la misma causa otro de los hijos de Vicente García llamado Saúl y se repitió la escena anterior. No obstante, la esposa de Vicente García fue incapaz de pedirle a su esposo que se rindiera, a él le quedaban muchos hijos por los que luchar.
La repulsa del pueblo y la reacción nacional e internacional hizo que el coronel Loño suspendiera el encierro, pues sabía que el valiente mambí no se doblegaría por aquellos métodos.
El 16 de agosto de 1869, participó en el asalto a la ciudad tunera que dirigió el general en jefe del Ejército Libertador, Manuel de Quesada, y en el cual intervinieron además Ignacio Agramonte y Cornelio Porro. La ciudad fue incendiada en medio del fragor de la pelea y se destruyeron totalmente 13 manzanas. No obstante circuló entre las tropas el rumor de que dos gruesas columnas venían en auxilio de los sitiados y el general Quesada dio la orden de retirada a pesar de la insistencia de Carlos Manuel de Céspedes de concluir con dicha operación militar. Por esta razón, los españoles se adjudicaron la victoria, y le pusieron al pueblo el nombre de "Victoria de Las Tunas".
El 23 de septiembre de 1876, el mayor general Vicente García llevó a cabo una de las operaciones más gloriosas en la Guerra de los Diez Años: La toma de su ciudad natal. Después de 8 horas de duro combate logró la rendición del fuerte bastión español, que ante el empuje del machete mambí, depuso las armas.
Los insurrectos permanecieron tres días en el recinto fortificado de Las Tunas y al no poder sostenerla por, más tiempo, el general Vicente García decide incendiaria, para que no sirviera nuevamente de refugio a la metrópoli española. En horas de la tarde, el general García de pie, frente a la casa que lo vio nacer, dio una orden tajante: «Capitán Silva, tome esa antorcha y empiece por ahí». El capitán Manuel Reyes Silva, asombrado le replicó: «- General, pero esa es la casa de su familia-»; a lo que Vicente García le contestó: «- esa es la razón por lo que le digo que empiece por ahí-».
La ciudad comenzó a arder convirtiéndose en gigantesca antorcha, las lenguas de candela lamían las viejas paredes y la ciudad toda era un infierno, naciéndole, del corazón la frase de que prefería ver la ciudad «quemada antes que esclava».
A pocos días, el coronel José Sacramento León le informó a Vicente García que la ciudad había sido destruida totalmente: - Vicente García le interrogó: -«Y eso que yo veo qué cosa es»: a lo que Payito León le respondió: «- General esa es la torre de la iglesia». Rápido y sin ningún titubeo el General ordenó: «Pues póngale dos bombas de a veinte libras y túmbela también». Las Tunas quedó en ruinas, no quedó en pie ni una sola casa.
El éxito fue rotundo y el ejército español sufrió una gran derrota poniendo en alto el nombre del mambisado cubano. Por este motivo se cambió al Capitán General de la isla de Cuba y se produjo una nueva forma para tratar a los ejércitos cubanos; es decir, la política de pacificación enarbolada por Martínez Campos.
En diciembre de 1876, se le ordena al mayor general Vicente García marchar a Las Villas, indicación que aceptó en principio, pero pide para llevarla a efecto, armas y hombres. Desde Las Tunas, salió con un buen contingente, pero muchos de aquellos soldados, conociendo de antemano la situación de aquel territorio comenzaron a desertar.
El gobierno había prometido a García, hombres y armas y al final no cumplieron esos ofrecimientos, no obstante el General cubano marchó hasta Santa Rita en Camagüey, por el camino se encontró con varios jefes que venían de Las Villas y le informaron que con esas fuerzas que él llevaba, era imposible pasar a Las Villas, datos que ofrecieron por escrito.
En Santa Rita acamparon las fuerzas de Vicente y allí se produjo un Movimiento político que se le imputa a Vicente García.
Aquel movimiento político de 1877, fue un pronunciamiento que lideraron Charles Philibert Peissot, gran sargento de la Comuna de París, que había peleado al lado de Vicente García y había sido su confidente en Las Tunas bajo el seudónimo de Aristipo, y el venezolano José Miguel Barreto.
En Santa Rita, se trató de nombrar a Vicente García General en Jefe de los pronunciados, pero éste, que ya tenía las amargas experiencias de Lagunas de Varona, se negó a ese cargo y se retiró del escenario de los hechos, aunque estuvo al corriente de lo sucedido pues era informado diariamente de los acontecimientos.
Al referirse a Charles Philibert Peissot, en su Diario plantea, que es un individuo soñador, que quiere aplicar en Cuba reformas muy avanzadas, que no se ajustan a nuestras condiciones actuales, como en otros países. Recordemos que en Santa Rita se promulgaba una República Federal Social o Socialista y que en Cuba en ese momento como bien apunta Vicente García las condiciones no estaban creadas para tales transformaciones.
Cuando la Protesta de Baraguá junto al general Antonio Maceo escenificó la gloriosa epopeya, al no estar de acuerdo con una paz sin independencia para Cuba. El 14 de marzo, tuvo conferencia con el Titán de Bronce en la cual le dio sus puntos de vista para la entrevista que había de tener con el jefe español.
El general García estaba en el escenario de los hechos, su misión era muy concreta, cuidar aquellos montes cercanos, contaba un mayaricero que estuvo presente en la entrevista, que cuando Martínez Campos le dijo que ya García había entrado, Maceo le respondió con energía:
«¡Quiere usted que le presente a García!, García está ahí en ese monte y de ese lado hay otra fuerza no más por si vienen con traición».
El 16 de marzo de 1878, es electo Vicente García General en Jefe de los ejércitos de la República y Maceo su segundo al mando. A partir de aquí la guerra se reanudó y el general García obtuvo varias victorias sobre el ejército enemigo tales como la de Pozo de Caimán, La Cucaracha, Parada, Vista Hermosa y otros.
Encontrándose Maceo en Nueva York, le hicieron una entrevista para el periódico "Las Novedades" el 12 de junio de 1878, donde el periodista le preguntó que cuál era el hombre más caracterizado que había dejado en Cuba a su salida. La respuesta fue definitoria: «Vicente García, que es el jefe de las tropas cubanas». Y cuando lo interroga acerca del territorio en pie de lucha, respondió que desde el río Jobabo, hasta la Punta de Maisí. Es decir que Maceo tenía confianza en el cubano ilustre y en las huestes orientales que todavía estaban en pie de lucha cuando él había salido de Cuba.
Cuando la guerra no se pudo continuar por las condiciones existentes, las tropas de Vicente García capitularon con todos los honores militares el 6 de junio de 1878, fijando entre las bases para la deposición de las armas, la abolición de la esclavitud, entre otras. El I7 de junio se embarcó en el vapor «Guadalquivir», para Venezuela, estableciéndose en Río Chico, donde funda una cooperativa con sus hijos de armas y su familia. Allí permaneció colaborando en el nuevo estallido revolucionario, y lógicamente estaba previsto para la contienda del 95. Por tal motivo le persiguieron los españoles y allí le asesinaron, según contó su hija María, con vidrio molido que le dieron en un plato de quimbombó, comida típica cubana que gustaba mucho al General y que le ofreció el espía español Ramón Dávila, con quien había hecho buena amistad en la cooperativa, sin saber que detrás de la falsa familiaridad se escondía la mano criminal.
E1 4 de marzo de 1886, dejó de existir el glorioso General cubano. De aquel triste momento escribió José Martí:
«Allá, en un asilo infeliz, moría tiempos hace, en la rústica cama, un General de Cuba, rodeado de sus hijos de armas, y se alzó sobre el codo moribundo, no para hablarles de los intereses de la tierra, sino para legarles, con el último rayo de sus ojos, la obligación de pelear por su pueblo hasta verlo libre del extranjero que le odia y extermina».

En el Centenario por la Toma de las Tunas, el Dr. Armando Hart Dávalos expresó:

« ...Él murió unido a la gran causa de los humildes de su tierra. Él murió unido a la causa de los pobres de Cuba, la causa de la independencia de la patria y de la abolición de la esclavitud».
«Esta plaza y este monumento que se levanta en el corazón de su ciudad natal y el recuerdo imperecedero del pueblo cubano, es un tributo que la posteridad guarda a los que en tan adversas condiciones supieron enfrentar la muerte por defender e1 ideal de la independencia y la igualdad social entre los hombres».

© 2013, Miguel Bermúdez López, Jorge Lázaro Oduardo Urquiza