Ajmátova, la claridad de su lírica |
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Por: Argel Fernández Granado. Aprendió a leer con la cartilla de León Tolstoi. A los cinco años, oyendo a la maestra enseñar a los niños mayores, comenzó a hablar en francés. Escribió su primer poema a los 11 años, bajo el influjo de la poesía de Nekrásov y Derzhávin, que su madre recitaba de memoria, más tarde conoció la obra de Pushkin y Lérmontov. En 1905, a raíz del divorcio de sus padres, se mudó con su madre y sus hermanos a la sureña Eupatoria, donde recibió en casa el penúltimo curso del colegio, que terminó en Kíev en 1907. En esta ciudad ingresó en la facultad de derecho de los Cursos superiores para mujeres, donde aprendió el latín. En 1910 contrajo nupcias con N. S. Gumiliov y viajó con él a París por primera vez. Al trasladarse a San Petersburgo, recibió los Cursos Superiores de Historia y Literatura y escribió varios poemas que luego formaron parte de su primer libro. En esa época, cuando ya era evidente la crisis del simbolismo, los poetas principiantes no abrazaban esta corriente y buscaban nuevas formas de expresión, como el futurismo encabezado por Vladímir Maiakovski; Ella, junto a su amigo Ósip Emílievich Mandelstam y otros, encabezó el acmeísmo, movimiento que preconizaba la claridad en la poesía, el uso de un lenguaje que, a diferencia del simbolismo, expresara precisamente las imágenes poéticas. En la primavera de 1911 volvió a visitar París, y al año siguiente hizo una gira por el norte de Italia visitando Génova, Pisa, Florencia, Bolonia, Padua y Venecia, durante estos viajes, el contacto con la literatura, las artes plásticas y la arquitectura, indudablemente enriqueció su bagaje cultural y su visión del mundo. Atardecer (Viécher), su primera selección de poemas, ve la luz en 1912, con una tirada de 300 ejemplares y fue muy bien recibido por la crítica. El 12 de octubre de ese mismo año, nace León, su único hijo. En marzo de 1914 publica su segundo libro titulado Rosario (Chiotki), un pequeño cuaderno de lírica amatoria; y en septiembre de 1917, sale de la imprenta un tercero, La bandada blanca (Biélaya Stáya). Según la propia Ajmátova, la crítica y el público no fueron justos con este libro, considerándolo menos exitoso que el anterior sin tener en cuenta que el silencio de la prensa se debió a las terribles circunstancias que vivía Rusia: agonizaba el transporte, se cerraban diarios y revistas, crecían el hambre y la devastación. Después de la Revolución de Octubre, Anna se empleó como bibliotecaria en el Instituto de Agronomía de Petrogrado. En 1921 salió su cuarta selección en versos bajo el título Llantén (Podorózhnik) y al año siguiente, en 1922, el quinto libro, Anno Domini (Lat. Año del Señor). Casi a mediados de los años 20 comenzó a estudiar a fondo la arquitectura del viejo Petrogrado y la vida y obra de Alexander Serguéievich Pushkin (1799-1837). Como resultado de estos estudios, publicó varios trabajos de corte analítico. También a mediados de esa década, las editoriales soviéticas dejaron casi totalmente de publicar sus versos recientes y de reimprimir los viejos. Fue sorprendida por la Gran Guerra Patria de 1941 en Leningrado y a finales de septiembre, ya con la ciudad bloqueada, voló hacia Moscú. Hasta mayo de 1944 residió en Tashkent. Como otros poetas, frecuentemente se presentaba en los hospitales de campaña, leía poemas a los combatientes heridos. Allí también conoció, según sus propias palabras, la bondad humana, pues hubo de recibirla al estar convaleciente. En ese mismo mes voló al Moscú primaveral, que encontró lleno de esperanzas por la inminente victoria. En junio volvió a Leningrado. El terrible fantasma en que se había convertido la ciudad, la estremeció de tal modo que describió en prosa ese reencuentro y así nacieron los relatos Las tres lilas (tri sireni) y Visitando a la muerte (V gostiáj u smierti). El segundo trata acerca de las lecturas de poemas en el frente. Los primeros pasos en la narrativa los había dado mucho antes y su escritos fueron acogidos con beneplácito por amigos y colegas, sin embargo jamás se publicaron, pues los entregó a las llamas con todo su archivo después del arresto de su hijo. Su autobiográfico Poema sin héroe (Poema biez gueróia), considerado por muchos como la cima de su creación, comenzó a escribirlo en 1940 y lo dio a la luz sólo al cabo de 22 años, en 1962. Viajó a Roma y a Sicilia en el invierno de 1964 y en la primavera de 1965 conoció la patria de Shakespeare, vio el cielo británico y el océano Atlántico, se reencontró con antiguos amigos e hizo nuevas amistades, otra vez pisó las calles de París. Durante los años de posguerra, dedicó gran parte de su tiempo a la traducción literaria, actividad intelectual que practicó por lo menos hasta 1965, a un año de su muerte, ocurrida en 1966, a la edad de 77 años. — Nunca dejé de escribir versos. — Escribió la gran poetisa. — Creo que en ellos está mi conexión con el tiempo, con la nueva vida de mi pueblo. Cuando los escribía vivía con los ritmos que sonaban en la heroica historia de mi país… A pesar del mutismo editorial de casi dos décadas, (desde mediados de los 20 hasta 1940), Anna Andréievna nos legó a los amantes de la alta literatura siete libros de poesía natural, única, cargada de humanismo y de una belleza rayana con lo sublime. Su obra incluye además poemas sueltos, relatos y otras publicaciones. De esta mujer que supo sobreponerse a todo, amar, sufrir y perdonar, vivir y no callar, pongo en tus manos tres poemas y un epigrama, en cuya traducción me esforcé por mantener las imágenes y el tono. N. del A. 1- Los poemas fueron traducidos del libro de Anna Ajmátova Lírica, de la Editorial Literatura artística, Moscú, 1989, serie Clásicos y contemporáneos, colección Biblioteca poética. 2- Los datos y testimonios de Anna A. Ajmátova fueron recogidos y traducidos de la misma fuente. MUSA Cuando en la noche espero su llegada, Al fin entró. Quitándose su velo 1924 SECRETOS DEL OFICIO 1- CREACIÓN Sucede así: como una languidez; Quietud tan invencible le rodea S/T En los libros la página postrera Pero ese prodigio a todos aburre, Tashkent, 1943 EPIGRAMA ¿Podría Bice*como Dante crear, * Bice di Folco Portinari, que murió en 1290, con apenas 20 años. Dante Dante Alighieri (1265-1321), nunca habló con ella, pero al conocerla se enamoró profundamente y eso bastó para que se convirtiera en la musa inspiradora de casi toda su creación. Es la Beatriz de su obra maestra La Divina Comedia. ** Probablemente Laure de Noves, (hacia 1308-1348), mujer idealizada por Francesco Petrarca (1304-1374), poeta y humanista italiano, quien inmortalizó su nombre en líricos poemas con una pasión que se ha convertido en proverbial por su constancia y pureza. Personaje protagónico de su obra Cancionero. |
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