Estrofa con alma de mujer
 
  Por: Argel Fernández Granado.

Nuestra estrofa nacional tiene alma de mujer, bautizada como espinela ha evolucionado como la lengua misma, ha pasado la prueba de los siglos y vive entre nosotros con toda su gracia femenina. No resulta extraño, pues, que las poetisas tuneras la hayan convertido en su cómplice para conquistar la página en blanco, que con ella se sientan como iguales y al ritmo de sus acentos se lancen seguras en busca del hallazgo metafórico, del tropo atrevido, de la sublimación.

Cierto es que entre los seguidores de El Cucalambé el número de hombres enamorados de la métrica y la rima es mayor, mas, no se puede hablar de una supremacía masculina en calidad escritural; nuestras escritoras vierten en el molde espineliano un profundo lirismo, genuina poiesis, esencia que da luz a lo formal.
 
Hoy quiero presentarte diez estrellas, que como la espinela, llevan nombres de mujer, deja que te iluminen, que te hable cada una con su voz, entonces ya sabrás por qué asevero: ¡la décima tiene alma de mujer! 

Reina Esperanza Cruz Hernández (Puerto Padre, 1956)

UN DOLOR QUE YA NO QUEMA

Ya se apagaron mis peces
y su vuelo de colores.
Ya mi lámpara de amores
no alumbra. Sucede a veces
que no germina con creces
lo sembrado. Grave asunto
que el amor sea difunto
recuerdo para un poema,
un fuego que ya no quema,
un dolor que me pregunto.

María Liliana Celorrio (Vázquez, 1958)

Bébeme todo que es nada,
la espalda, el sexo, la boca,
si tu mano me trastoca
y muero en ti calcinada.
Bébeme todo y la espada
de tu voz me cale hondo.
Ten la máscara, el trasfondo
del verano y la lujuria.
Bébeme toda con furia.
Besa mi beso hasta el fondo.

   

Mayda Elena Anias Martínez (Amancio, 1965)

LEYENDA Y AMOR

(fragmento)

Soy el sueño cuando vuela
en mariposa mudado,
soy el futuro deseado,
soy la paz que te consuela.
Soy eco, virtud, escuela
en la que el amor aprende,
soy la risa que desprende
de su polvo la alegría,
soy secreta fantasía
que salta en ascua y te prende.

Danaisa Rojas Ochoa (Puerto Padre, 1974)

ALUCINACIÓN

Solitario, cuando frotas
los dedos contra mi piel,
haces que nazca la miel
sobre mis pupilas rotas,
lamen sus yemas las gotas
de tanta desolación
y como breve canción
salen volando del alma
dos alas suaves, de calma,
con luz de alucinación.

   

Yuslenis Molina Rodríguez  (Las Tunas, 1980)

ÁNGEL

Mi dolor son tus reclamos
del más allá de la muerte
donde yaces en la inerte
caricia que no olvidamos.
Por el camino que andamos
eres la luz cada día.
Te fuiste en la travesía
con mis ojos en la cruz,
pero al marcharse tu luz…
quedó la casa vacía.

Misleidis Rodríguez Palmero (Colombia, 1974)

(Fragmento)

IV

Calma la sed que suicida
desaparece esta piel,
hunde este cuerpo en la hiel
que preparas con mi vida.
Bebe mi sangre (homicida),
inhala luz de este aliento,
estruja el remordimiento
con eslabones de arena,
quita de mí la cadena,
que ya marcho con el viento.

   

Niurbis Soler Gómez (Chaparra, 1969)

SIN RETORNO

La infancia se nos agota
en el adiós, la premura
y cada edad que apresura
su paso    la encuentra rota
en su inocencia. ¿Qué gota
se evaporó con tu risa?
¿Dónde el tiempo que eterniza
al niño —tu fiel camino—
escondiste? Ya no hay vino.
No hay hoguera.   No hay ceniza.

Diana Cervantes Almaguer (Las Tunas, 1973)

PREGUNTAS SOBRE TU VOZ

(Fragmento)

A veces tu voz es rezo
en el tiempo que se calla,
¿o será brisa que encalla
en la isla que es mi beso?
¿Será acaso tu voz, eso
que nunca supe decir?
¿Será apenas el tañir
del rojo lamento al vino?,
¿o será naipe de un sino
donde no puedo vivir?

   

Ana Rosa Díaz Naranjo, Albita, (Las Tunas, 1973)

WHAT A SHAME, WORLD

Qué tristeza verte errático,
paralítico ante el sueño
de erigirte. No hay empeño
en tu voz, sólo el estático
sentimiento que cromático
ha escondido tu cordura,
Viaje a la semilla. Dura
realidad. You are a bad lover.
El tiempo cala. Game over.
Es muy tarde. Ya no hay cura.

Marina Lourdes Jacobo, Chachi, (Puerto Padre, 1965)

PRESAGIO PARA DOS

Hubo en el arca aguaceros,
hubo música y temblor,
espumas en mi interior
y lloviznas. No hay aleros.
Los ancianos, sus sombreros,
presagian algún desliz,
diamantes en la raíz,
tibias ansias por tu lira,
es el tiempo quien inspira…
su huella, qué cicatriz.

 

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