1- de de 2010

Boletín Literario del Año II-Nº 1

Noticias Literarias del escritor

Noticias Literarias
del escritor Andrés Casanova
Las Tunas, Cuba * Enero de 2010 * Mes del inicio de una nueva década

* Año II-Nº 1
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NOTICIAS SOBRE EL MUNDO ARTÍSTICO- LITERARIO

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ACOTACIÓN AL MARGEN
He ido demorando la salida de esta actualización de mi blog sin sentido alguno, sólo porque el tiempo suele resultarnos cruel cuando más le necesitamos. No obstante, al fin logro romper sus redes para ofrecerles además de las secciones habituales con las que comparto el blog con mis amigos, las noticias que me parecen de mayor interés por su trascendencia y un recital por mis sesenta que ofrecí recientemente, el segundo capítulo de mi novela por entregas. Que lo disfruten es mi intención
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PUBLICAN EN ESPAÑA, NOVELA "LA FIRMA" DE NARRADORA Y POETISA PERUANA GLORIA DÁVILA ESPINOZA
        Según un aviso que recibí de la propia Gloria Dávila por correo electrónico, citando como fuente
       
Lulu Marketplace, La firma es una novela recreada en las dos décadas que transcurren entre
        1980 y el 2000 en Perú, cuando era tanto el odio, la masacre, torturas y violaciones por una guerra
        interna que se vivia en ese país contra el pueblo, que “...
en medio de tanto odio solamente podía re-
        zar para que ese espiral de muerte cesará su frenético y alocado avance
”.


        De acuerdo a los datos obtenidos de http://www.lulu.com/product/tapa-blanda/la-firma/5564687
        en 92 páginas de texto, se describe un mundo fabular que impacta por su crudeza y valentía.
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                                                                               Gana Félix Sánchez el Premio “GUILLERMO VIDAL” de Narrativa 2009
Con la novela “Las ruedas de la fortuna”, el escritor avileño Félix Sánchez acaba de ganar el concurso "Guillermo Vidal" que convocan el Comité Provincial de la UNEAC en Las Tunas, la Asociación Nacional de Escritores de la UNEAC y el Instituto Cubano del Libro. El premio fue concedido por un jurado integrado por los escritores Lourdes González, Ernesto Pérez Castillo y Ramiro Duarte.

Esta novela, según declaró el autor, constituye la segunda de una trilogía iniciada con Tulio y los elefantes verdes, que acaba de ser publicada por la Editorial Oriente. “Las ruedas de la fortuna” es la sexta novela de Félix Sánchez, quien obtuvo en el 2004 el Premio Cirilo Villaverde de la UNEAC con Zugzwang. Antes había dado a conocer La estación perpetua, Juegos de diciembre, y la noveleta para jóvenes Lagri.


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ULTIMAS PUBLICACIONES RECIBIDAS. A mi correo electrónico llegan habitualmente varias revistas,
direcciones de blog literarios y páginas culturales de interés general. Algunas de ellas quiero compartirlas
con ustedes, por si desearan echarles un vistazo y por qué no, contactar con quien o quienes las hacen.


        http://www.arbol.ciego.cult.cu  revista literaria sin fronteras fundada en febrero de 2005, es obra personal de los escritores Ileana Álvarez y Francis Sánchez.
   http://www.esquife.cult.cu   publicación sobre diversos géneros literarios, cuenta también con galería de arte y archivos de audio.
        http://www.lajiribilla.cu  Web que con una mirada de desenfado y humor, inserta en el espectro de los medios en Internet una visión sobre la realidad cultural cubana.
   El Boletín Cubarte es un resumen semanal de http://www.cubarte.cult.cu/ el Portal de la Cultura Cubana.
        http://www.florianrey.com  página relacionada con la jornada de cine que se celebran en La Almunia, Zaragoza, España.
   http://www.poemaniainventario.blogspot.com  donde se pueden obtener todos los números de POEMANÍA, la manía del poema…, hoja literaria de aparición virtual editada por Piero De Vicari.
           http://rolandorevagliatti.blogspot.com  y http://www.revagliatti.net  páginas del escritor Rolando Revagliatti.
   http://www.alternativas-uy.org  semanario Latinoamericano de Contrainformación con noticias culturales y de interés general como una alternativa para el conocimiento más cabal de esta región.
           Semana.co.il es un boletín informativo digital del sitio http://www.semana.co.il con el acontecer en la actualidad israelí, la comunidad latina en Israel, las comunidades judías de habla hispana y de las últimas novedades de los portales de Latina Media Group.
   http://palabrabierta.com  suplemento de artes y letras de HispanicLA editado por Manuel Gayol Mecías y dirigido por Gabriel Lerner.
           http://isla_negra.zoomblog.com  sitio que además publica la revista electrónica Isla Negra inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias de la UNESCO, dirigida por Gabriel Impaglione.
   Boletín Plaza Mayor, al que se puede suscribir enviando un correo electrónico a plazamayor@aweber.com.
           http://sites.google.com/site/sigloxxiliteraturaypoesia  sitio de interés para escritores y lectores creado para divulgar las letras hispanas en el espacio virtual.
   http://revistaliterariamapuche.blogspot.com  sitio de Mapuche, revista literaria sin lujos ni detalles cuyo Editor Responsable es Osvaldo Risso Perondi.
 


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DONDE CONFIESO QUE UN TALLER LITERARIO POR INTERNET CARECERÍA DE SENTIDO EN ESTE BLOG


Hasta aquí he venido hablando en los números anteriores de mis Noticias Literarias, las intenciones que tenía de fomentar desde este blog un taller literario. Y el pretérito “tenía” resulta exacto: ya no lo considero necesario. Tantos sitios existen en la red de redes donde se ofrece este servicio incluso en línea, que abrir un nuevo espacio electrónico con este fin resultaría redundante, por decirlo de alguna manera eufemística.

Pero existen otras razones para no intentarlo siquiera: a las fechas, ningún escritor se ha brindado como profesor compartido y solamente cinco posibles discípulos han manifestado interés por tomar el curso que habría de ser absolutamente gratuito.

Las razones las desconozco, aunque andando el tiempo me he convencido de una verdad que tal vez sea una perogrullada: cada cual escribe no solo como puede, sino además como quiere en este oficio que es considerado por muchos como “el más solitario del mundo”, de ahí que no sea necesario (según creen algunos) aprenderlo. Craso error: todo escritor de cierta edad acumula unas cuantas “horas-dedos” frente a un teclado (bien sea de las modernas computadoras o de las antiguas máquinas de escribir; o incluso de las más antiguas plumas estilográficas o lapiceros desechables); acumula además unas incontables “horas-ojo” frente a textos ajenos que le van sirviendo de referentes para elaborar sus propios textos y finalmente, agrega miles y miles de “horas-mente” pensando sus ficciones (sean de narrativa o de poesía), por lo que declaro que aquellos que siendo aún jóvenes consideran que se escribe como a cada cual se le ocurre, no tienen en cuenta que la experiencia acumulada por otros evita pérdidas de tiempo en este oficio que para nada considero “el más solitario del mundo” y que por el contrario ha conocido sus mejores momentos en escritores que han tenido un espíritu no solo grupal, sino también gregario, escritores que han puesto sus textos a la vista de otros para la sana crítica y la correción de lo que llamo en todo escritor “las tonterías literarias” de las que ningún autor ha logrado escapar.

Pues bien, eliminado el tema de mi blog acerca de los talleres literarios por la red electrónica, estaré desarollando otro tema para mi próxima actualización, para ver si logramos aunque sea polemizar un poco con el propósito de desentumecer las neuronas.
¿Qué tal si hablamos de las novelas escritas a varias manos?

Amigo lector, si deseas que coloque tus comentarios sobre el tema a partir del próximo número de mis noticias, puedes dejarme tus impresiones personales en la siguiente dirección:

http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php

 y una vez allí, “hacer click” sobre la expresión “Ingresar Comentario”.


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DE MI QUEHACER LITERARIO

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Recientemente, un grupo de amigos me pidieron que compartiera con ellos un recital de manera digamos nada profesional, sin programa de ningún tipo ni interferencias que suelen ocurrir. Acepté aquel reto: ofrecer un recital en una oficina administrativa, campeona de la burocracia innecesaria y en muchas ocasiones realmente cargante y castradora de la creación de cualquier tipo (no solo la literaria), nunca estuvo dentro de mis ilusiones. De esa manera, mientras les decía a aquellos amigos (ninguno hizo uso del derecho que les concedí como contraprestación a mi recital: ponerse de pie sin pedir permiso cuando se estuviera aburriendo) algunos aspectos de mi vida que jamás había mencionado en público y a los 60 años ya hay secretos que confesar no dañan a nadie, y les hablaba acerca de la clasificación de mis novelas, cuentos (tanto los de tipo relato como los llamados minicuentos y los radiales dramatizados) y poesías, les fui leyendo poemas míos hasta completar la nada pequeña suma de 27, algunos de los cuales ya se encontraban en este blog. Compartiré con ustedes ahora algunos de los inéditos con respecto a esta página, permitiéndome entre uno y otro algún comentario similar al que hice en aquella oportunidad de diciembre del año 2009.


Esta es una poesía escrita para el diario vivir, para oxigenarme en medio de tanta incomunicación entre los seres humanos contemporáneos: es muy frecuente perder amistades por falta de diálogo. Por eso considero como José Martí, que el Universo habla mejor que el hombre y de ahí que piense que casi todo en este mundo es
COMO UN REGALO
:

Me pusieron a estirar las nubes como si fueran estrellas
me pusieron a escribir la palabra amor, la palabra sangre, la palabra adiós,
me pusieron a secar las sentinas de mi vida
me pusieron a extraer la raíz cuadrada de las nubes
me pusieron
a secar de una forma tan mojada
que ya ni el sol exprimía mi alma.
Me pusieron
entre dos raíles a rodar de infinito hacia las minas
me pusieron un clavo en la cruz y me dijeron
véte ahora a solear entre las tumbas de otros muertos.
Me pusieron a cantar corridos mexicanos mientras me decían
ese es tu folklor
apréndelo para que ganes mil concursos.
Me pusieron a abrir un agujero en el centro del mundo
me pusieron a sacar agua de los pozos con un martillo sin cabo
me pusieron a andar de sitio en sitio
de flor en flor
de arena en arena
me pusieron sin voz para decirlo
y me dijeron
allí está la cruz que te quitamos.
Me pusieron de red en red
a que mirara en el espejo sin azogue
me pusieron entre la espada y la esperanza
entre la fe y el hambre
me pusieron como guarda de un tren
que nunca llegaba a su destino
y me advirtieron
solo tienes que cuidarte de los halcones.
Me pusieron a decirte que te amaba
me pusieron en medio de tu corazón que ya no era capaz de amar
y me dijeron ella te amará por siempre
y así la eternidad se me licuó en tus brazos.
Me pusieron.
 

Y como sin el amor resultaría imposible vivir con tanta incomunicación, desde la pasión sin nombre donde aguardo surgen destellos de tanto amor como el acumulado allí en las mayores reservas del amor que tiene el mundo y es así como puedo sentir AMOR LO QUE SE DICE AMOR:

Amor lo que se dice amor
el que te guardo
amor el que se dice amor
el que surge entre tus ojos
y se escurre por la piel de tus sonrisas
amor lo que se dice amor
el que navega entre tu edad tan enorme de no tener la edad justificada
amor lo que se dice amor
el que te corre por las venas de enamorada triste y entregada
de pequeña deidad expuesta a las urgencias de la vida
y se me da entre abrazos y ternuras
entre ofensas y ruegos
entre no ser ya la que abandona
sino la que aguarda por las nubes
con la esperanza de que el cielo te cubra con sus besos.
 

Me muevo entre mis versos y el mundo desde la intimidad parafraseada, tratando de no vivir ya de eufemismos que tanto nos dañan la vida. En esas ocasiones quien aparece es EL TIEMPO CONMIGO:

¿Quién toca a mi puerta?
La memoria y el tiempo
la vida que se fuga
como si fuera el viento.

¿Quién toca a mi puerta?
La nada
el crujir de las hojas
y la vida que pasa.

 

En ciertas oportunidades, los reyecitos bajo los escombros nos quieren voltear la vida de revés, pretenden colocarnos las cadenas en la lengua o exigen venganza desde sus planillas. También suelen ser homúnculos aunque con el poder del chantaje, de ahí su real peligrosidad. Es ahí donde aparece para cualquiera que los sufra LA NIEVE:

Si cae la nieve en medio de la noche
tendré el alma tan llena de frío y de nostalgia
para encontrarme
y volver hacia el fondo.
Tendré otras maneras de mirar la nieve
de irme hacia mí mismo
sin permitir que el frío me oxide las venas.
Vendré muy tarde
cuando la noche se parezca al día
y ya no tenga nieve en mi memoria
o mejor dicho
cuando las noticias comiencen a secarme las lágrimas
y me digan
se han perdido los documentos
nadie puede encontrarlos
las firmas no aparecen;
también te han dicho
no te ayudamos
ya no es posible publicar tus libros
el cemento se ha vuelto como piedra.
La nieve arrastra la memoria
hacia los tiempos
cuando la vida pasaba sonriente sin mirarme.
Adiós en estos días
cuando no me quedé solo
sino que me dejaron
fuera de una nieve sin nieve.
 

Desde mi experiencia como cristiano, sin religiosidad alguna y a veces hasta irreverente, anticlerical por completo, sin embargo voy BUSCANDO LA VERDAD:

Suelto la magia
en medio de la búsqueda del alma
observo una mitad sin dar las manos
trato, equilibro los rostros,
demando una verdad
que se disfraza de mentira o viceversa.
Entonces rimas que se pierden o
absolutamente
caminan en las brumas del escenario.
Absalón descarga sus mandatos,
David corre detrás de sus ovejas
mientras la lluvia cae
y nosotros cantando sobre las ruinas.

 

Finalmente, le dije a mi auditorio algunos poemas a mis ciudades, porque realmente muchas tengo, una por cada amigo que en el mundo espera mis avisos electrónicos. Y sin salirme de esa proyección universalista, cerré el recital con las SIETE CIUDADES AL SUR DE MI DESTINO:

1 Jobabo
Perdida aldea al sur de mi taller de fabricar historias
en cada aroma de sus calles
flota el central azucarero
gigante derrumbado.

2 Colombia
Al parecer
Bogotá se ha perdido en otro de los sures
en que se fragmentan los colores.
Colombia la mía no es la otra Colombia
es el lugar donde los poetas buscan la palabra.

3 Amancio
Río y portal
sentina que brama en su Sevilla
riachuelo de bondad que regurgita.
Coches (tirados por caballos) por sus calles
transportan los versos del azúcar.

4 Manatí
Puerto donde la ciudad no es ya el equilibrio de la nieve
ciudad sin puerto al sur
cañaveral despoblado de azúcar
tangente fugándose de azules.

5 Calixto
No reniego de haber nacido tan al sur de mi abuela
ni haber andado por los márgenes de la Laguna de la Sal
donde mi padre ya no pudo mirar con sus dos ojos.
Solo que las ciudades al sur no me aman
y reniegan de yo haber nacido en ellas.

6 Menéndez
De niño fue Chaparra
y algunos nombres familiares.
Hoy es el sur de mi recuerdo
donde no estoy más que como un poeta de humo.


7 Puerto Padre
Allí tengo amigos que reclaman mis versos
y podría parecerles entonces
innecesario este poema.
Pero los ciclones acaban con el barro
el malecón no guarda los relojes
y dos marinos egipcios cazaron una ballena blanca.
La ciudad emerge de la espuma
reclamando el derecho a ser norte.

 

Para sorpresa mía, como regalo por mi recital, recibí estas dos décimas del escritor tunero Over Caballero, en el sobreentendido de que me encontraba en la misma oficina que estuve durante 20 años como una obligación nada literaria y de la que al fin puedo desprenderme para siempre, con el propósito de dedicarme por entero al mundo creativo:

 

I
Ya no cabalga el Quijote
a Rocinante detiene,
a su lanza le conviene
un tiempo nuevo ─sin trote─.
Tras el escudo, el azote
descansa de su molino,
ya no marcará el destino
el signo de un derrotero.
Su estirpe de caballero
hace un alto en el camino.

II
Te vas, pero aquí te quedas
prendido en cada jornada
ya te veremos en cada
momento por las veredas
del arte, pues mientras puedas
irás sobre la montura
haciendo literatura
defendiendo cada empeño
pues siempre será tu sueño
multiplicar la cultura.

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EL RINCÓN DE BENFERRI

Hasta ahora, no me ha llegado ninguna colaboración para esta sección que, dije en otra oportunidad, tiene el propósito de albergar cuentos brevísimos o como se dice ahora, “minicuentos”, en los que el tema central sea la niñez pero enfocado hacia ese niño o esa niña que un día será mayor y nos sustituirá en este mundo como persona mayor por lógica temporal. Mientras tanto me llegan las colaboraciones deseadas, iré agotando los cuentos que con tal temática he ido construyendo en mi taller de fabricar historias.

 

VITERVO
 

Vitervo Sánchez ha salido bien temprano de casa, luego de haber golpeado a su perro. Cada mañana cumple este ritual, de manera que el animalito ha dejado de hacer sus hediondas necesidades en las habitaciones del apartamento. Bueno, en realidad ya el animalito se traga las necesidades porque a Vitervo no le queda tiempo vital para sacarlo hasta el parque aledaño.

En la oficina, este atildado señor ensaya un método para que sus subordinados no desperdicien un solo minuto del tiempo de labor. Les prohibió beber agua excepto durante los quince minutos de receso al día que estableció, de resultas que los empleados se acostumbraron incluso a no comer.

Ya Vitervo ha decidido un experimento superior. La próxima semana planea contraer matrimonio con la primera mujer que acepte tener con él una docena de hijos.


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COMPARTIENDO EL BLOG CON MIS AMIGOS

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Tengo realmente gran cantidad de colaboraciones esperando porque yo comparta el blog con ellas, compromiso que tengo con mis amigos, y lo haré desde luego de manera oportuna. Sin embargo, no quería recargar este primer número del 2010 y decidí limitar la cantidad a 5, no porque sea un número particular sino porque estoy buscando que mis noticias resulten en realidad leídas a sabiendas de que corren tiempos feroces contra el tiempo: todos nos miramos la uña izquierda del pie derecho solamente, y ya no queremos saber siquiera del ombligo. Así, sepan entonces los no incluidos en esta oportunidad (que no “excluidos”) que lo hago por protegerlos y que pronto saldrán sus ficciones en estas páginas.
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Carlos Esquivel

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Nació en 1968 y aunque reside en Colombia (me refiero a un municipio cubano de ese nombre, no al país), ha viajado más allá de nuestras fronteras. Tiene varios libros publicados, ha obtenido importantes premios y es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Pero lo fundamental, es que somos amigos.
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LA PUTA Y EL PERRITO
    Quizás ha llegado el momento (mientras espero por un cambio de vida) de contar mi primera entrada a La Habana y, para que fuera peor, unido a Arlene. También es importante que confiese a este viaje como el último capítulo de mi relación tormentosa con ella.
    Mis ideas se mezclan entre sí, tal vez porque los sentimientos que ahora saltan en mi mente son turbulentos y aquellas circunstancias, aquellas razones de permanencia eran, aún, ambiguas, y por ambiguas igual de turbulentas. Ahora esa sensación es irrecuperable (lo que agradezco infinitamente), pero como una línea subversiva que se extiende sin saber hacia dónde llega su curso, qué impulsa ese curso, mis entusiasmos y mis deseos por Arlene, me conducían a una deleznable laguna.
    La dama y el perrito se llamaba la exposición donde Arlene oficiaba, o es más preciso decir, modelaba, como una dama suculenta unida al peor perro de cualquier manada, un can flaco, sin ferocidad, embadurnado por una sarna total, granujiento, garrapatoso, casi vivo, casi un perro, expuestos en una pegajosa (el adjetivo es riesgoso, pero no me jacto de obedecer a otro empuje que no sea el sensorial) exposición de fotos que un amigo de Arlene quería mostrar en La Habana, y por tanto nos embutía un viaje de estreno a costo de aferrarnos a su virginal entrada en la ciudad, arrastrando temblorosas publicidades y el miedo a que no le marcaran su deseo de trastornar la nueva estética de la fotografía urbana, como él llamaba, de que no pudieran comprender su repugnancia transformada en arte, sus ganas de husmear en las isbas marginales y reformar zozobras pictóricas a un grado enfermizo de sub-realidad.
    Me pregunto por qué no tuve la sensata razón de repudiar esas fotos, por qué, al menos, no desistí de ese viaje ridículo y que me ridiculizaba. Esas fotos mostraban a una Arlene desnuda, repetida una y otra vez junto a aquel perro callejero, un perro al que pagaron su participación con la comida de cuatro días.
    Esa Habana me resulta cromática ahora, vista desde una lejanía que sitúa las palabras a mi favor, aunque no la realidad.
    En una de aquellas fotos, el perro tiene en su boca la cabeza de Arlene. Esta es, digamos, la imagen primaria, la imagen que engendrará las demás. Una imagen inicial contundente. Estridencia de un fotógrafo al que le importaba mucho más retumbar a las paredes que seducirlas. La cabeza de Arlene se introduce hasta el estómago del perro y a la vez sostiene en su boca la cabeza del propio animal.
    En la segunda foto, Arlene abre su pecho y aparece el perro, es una insinuación de la tercera: el perro y Arlene intercambian sus rostros y sus cuerpos. La cara de Arlene en el cuerpo sarnoso del animal, la cara sarnosa de este en el sensual cuerpo de Arlene. Así, entre lepra, sarna y desnudez, van mostrándose todas las fotos.
    He participado con entusiasmo en esta aventura de Arlene, he sido su fisgador personal; he descubierto los instintos del fotógrafo, su vicio enmascarado por ribetes y reflejos de un culebreo artístico. Él aspiraba a que una lluvia de mesiánicos críticos cayera con benevolencia sobre sus fotos. Buscaba a alguien que lo salvara de las inmundicias de un pueblo lejano de todos los pueblos, a un mecenas mitológico que apostara de sus bolsillos una extensión de la trascendencia a su nombre. Él vivía en una ratonera (su cuchitril lo era en cierto sentido, un sótano cezzaniano que dejaba ver desde arriba altisonantes sombras, asfixiantes escaleras que se encontraban en un punto único) pero creaba otra naturaleza: un tejido de siluetas citadinas. París no era Arlés, eso lo supo Van Gogh, eso le dije yo: La Habana no era ese pueblo hipertrófico donde consumíamos una misma ración de alcohol, un odio a cuanto nos supiera al propio pueblo, y de distintas maneras a una misma Arlene.
    Arlene fungía como modelo de cuanto pintor se erigiera en nuestros parajes, ejecutaba un único acto ante todos, “el salto de la pasión”, como aquel cuadro de Munch; yo, desvaído y condenado por celos eternos, sostenía un exagerado rencor ante mi inutilidad pictórica y colgaba en mi convención de acompañante oprimido mi carné de periodista del futuro.
    Esos pintores conocían a Arlene tanto como yo, y si me atengo a ejemplos sagrados, Renoir, Picasso, y hasta Toulouse - Lautrec, entre muchísimos más, que acataban y ejecutaban, como una orden, la idea de que para hacer un buen retrato de una mujer hay que acostarse primero con ella, entonces asumiría que con algunos exhibió sucesivas infidelidades, que desconocí y soporté con cruel estoicismo.
    A Arlene, como siempre, le había molestado que yo sorbiera mi cuota diaria de alcohol, y para ella hoy yo debía estar más sobrio que cualquier otra vez, hoy era su acompañante oficial, aunque esa distinción rodara lo contrario: yo sabía que ella se iba a desprender de mí, como en realidad lo hizo, apenas entró a la galería.
    Arlene iba de un lado a otro, disfrutaba ser el manjar de esos pervertidos disfrazados como artistas.
    Yo esperaba por un brindis que no llegaba, estaba inadaptado allí, sin alguien con quien hablar, fingía descubrir, una y otra vez, las mismas fotos, recorrí cinco veces las cuatro paredes y luego me detuve, en desafío, a la espera de alguno que, como yo, insistiese en fisgonear más de la cuenta las perversidades de la dama y el perrito. Pero a nadie le interesaba el reto de embrollar sus criterios, y yo pedía, pese a que traicionaba a Arlene y al fotógrafo, un ataque a la exposición.
    El fotógrafo hacía chistes, chistes provincianos que algunos fingían reír, cortesía de espectadores, y un extranjero brindaba al aire su cerveza.
    Yo tenía sed, cero apetito, pero mucha sed. Sed de alcohol. Arlene llegó hasta el fotógrafo y este le mostró al extranjero las virtudes de su modelo, palpó las nalgas con unos golpes leves y después hundió sus manos, como si fuese el perro que mordiera una carne apetitosa. El extranjero, exclamando su envidia de extranjero, después se atrevió a hundir su manos extranjeras en la piel de una Arlene gozosa como un animal de caza. Los que rodeaban aplaudieron.
    Yo tenía sed. Necesitaba escaparme de allí, debía haber un bar cerca. Salí a la calle y pregunté. Este es un lugar lleno de bares, me dijeron. Eso es lo que ya sabía: La Habana era eso: música, ron, artistas frustrados: la combinación exuberante de una ciudad caída.
    A dos cuadras encontré una descolorida cueva que se anunciaba como Bar Estrella, y pensé en los arquetipos o a lo que tenía que renunciar. Era una cueva casi oscura, un herrumbroso paraíso para borrachos de poca monta como yo, con el honor de encontrar esas limosnas de ron allí, a cualquier precio y con una música de fondo que transformaba los peores boleros de Orlando Contreras y Vicentico Valdés en sonatas tristes y solemnes. Entré asustado a esa penumbra que parecía, podía serlo, la mansión de frustrados mafiosos, bandoleros infames, y de una vez, y en baja voz, pedí todo el ron del mundo, cantidad que bebí despacio y en un par de tragos, uno contra Arlene, el otro contra La Habana, y cuando me sentía lo suficientemente feliz para creer que ya el alcohol había hecho su trabajo, salí a la calle.
    Aún no tenía deseos de regresar y me puse a caminar cinco o seis cuadras, luego volví al bar y, como se me había agotado la felicidad tan rápido, pedí al barman que si quedaba algo de todo el ron del mundo que me lo diera, y entonces volví a beberme una ciudad y una puta con odio, o con asco, Dios y el alcohol saben.
    Cuando regresé vi la galería deshabitada, sin una foto, sin personas, miré desde los cristales y vi paredes en blanco, y pensé que lo que veía, o mejor, que lo que no lograba ver, era la prueba de efervescencia del alcohol en mi cuerpo, su furibunda entrada en mi sangre, o la posibilidad de un extravío apoteósico, estando yo en otra galería, lo que imaginaba como tal y no en la que Arlene y el fotógrafo festejaban su entrada triunfal en la ciudad.
    Era un revoltillo, le oí a alguien que se acercaba, un hombre de mediana edad, la mirada de acorralamiento, un pulóver con Batman en vuelo. Sí, había pasado algo ahí, pero él no sabía; además, si supiera qué podía contestarme. Mi novia estaba ahí, le dije eso, pero ni siquiera le importó, estaba bostezando cuando lo vi irse.
    Me importaba buscar a Arlene, pero dónde encontrarla, tras qué huellas perseguirla, sin un paradero posible, sin un fantasma alrededor, sin un confidente.
    Tuve deseos de vomitar, arquee un poco, sentí la acidez de mi desperdicio y contuve lo demás. Pasó un Volkswagen a mediana velocidad y desde la ventana trasera me gritaron. Podía dolerme lo que dijeran y descubrí que no dolía. Luego un par de motoristas me gritaron algo peor. En realidad, eso quedaba por debajo del atractivo de soportar. Supuse que estaba en la situación propicia para creerme todo lo que dijeran sobre mí.
    Entonces pensé que debía irme al sitio más cercano que yo conociera, por peligroso y terrible que fuera, hasta que terminara de amanecer.
    Y me fui, por supuesto, al bar.


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Ernesto González

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Escritor cubano residente en Chicago, publica artículos regularmente en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la escuela Cultural Exchange. Fue asesor de la Prueba de Eficiencia de Español creada por Riverside Publishing. Sus novelas Habana Soterrada, Memorias de una Bodega Habanera, Descargue cuando Acabe, Mariquita, Todas las Ausencias y Bajo las Olas, y su libro de misceláneas Los Riesgos del Neófito están disponibles en http://www.amazon.com para los lectores interesados. Por más de dos años, él y yo formamos parte del Grupo Literario por Internet Ficcioneros, y de ahí nació entre nosotros esta amistad aunque no nos hemos visto jamás.

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FRAGMENTO DEL PRIMER CAPITULO DE LA NOVELA BAJO LAS OLAS

Cielo despejado

Los hombres están dispuestos a sacrificar
su única posesión tangible, que es el presente.

Antes o después, el tiempo nunca puede ser
adorado con impunidad.
los hombres están dispuestos a sacrificar
su única posesión tangible, que es el presente.

Antes o después, el tiempo nunca puede ser
adorado con impunidad.
Aldous Huxley

Time Must Have a Stop
Time Must Have a Stop

Golden Pension
Mount Desert Island
Northeast Harbor
Maine, 04662
31 de agosto del 2038

Querida Marguerite:
He estado esta mañana de visita en Petite Plaisance por segunda vez. Pasé un rato en el jardín y en el patio, tan hermosos como en los veranos en que Grace, tú y en los últimos años Jerry plantaban flores comunes o especies endémicas traídas por jardineros que te habían prometido no dañar las plantas madres.
    Caminé por los alrededores de la casa asumiendo ya que mi estancia en esta isla tendría que prolongarse. El canto de las pisadas de tantos seres sobre las hojas secas, el olor a costa y esta abundancia de verde no pueden sentirse ni entenderse a plenitud en una semana. Decidí, entonces, que no sólo iba a pasar el resto del verano en Mount Desert, sino que también iba a contemplar la degradación del verde en esas tonalidades inefables del otoño, desde el seno de la naturaleza, como hacías tú por estos caminos. Y cuando termine el verano indio, que es como ese bostezo final que nos induce a dormir confiadamente, imitaré tus escapadas de invierno. No estaré aquí cuando arrecie el frío, el día se vuelva gris y caiga la noche a las cuatro de la tarde. Quiero que mis recuerdos de este viaje sean otros.
    Al cruzar el corto puente de acceso a Mount Desert, por la Ruta 3, me dieron la bienvenida docenas de negocios, no la naturaleza como asegura la guía de turismo que traje. En el libro hay dos líneas que citan a Petite Plaisance como la casa donde residió una escritora francesa por casi cuarenta años, e instan a comprar en las librerías de Northeast Harbor las ediciones de lujo de sus libros a bajo precio. Supongo que sus cubiertas dan un toque de elegante sabiduría europea a las oficinas y a las bibliotecas hogareñas. Digamos que tu nombre puede sonar a prolegómeno aristocrático para una cena o para una reunión de negocios. De cuatrocientas páginas dedicadas a describir los hoteles, las pensiones y los mejores restaurantes del estado de Maine, las delicias locales para el olfato, la vista y el paladar, los deportes acuáticos y terrestres que pueden practicarse, y las ferias y festivales veraniegos que se celebran en la región, te mencionan sólo unas diez palabras escritas, más de la mitad dedicadas a sugerir al lector la compra de una carátula con tu nombre en caracteres resaltados. Aunque sé lo poco que te importa, no deja de ser una incomparable desgracia.
    El Parque Nacional Acadia sigue siendo uno de los tesoros de Mount Desert, como en la época que lo visitabas. No me he perdido la contemplación del anochecer desde el pico Cadillac, como me imagino que hayas hecho tú antes de que el turismo transformara esa área. Un planeta saturado de seres humanos y de sus detritos, le permite al Parque Acadia recibir seis millones de visitantes al año, dos terceras partes de los cuales tienen la bondad de no recorrerlo en sus autos sino en bicicletas, patines, patinetas y otros dispositivos para la diversión desarrollados por la tecnología cuyos nombres no conozco, para serte franco. El área donde está enclavada Petite Plaisance, en Sea Shore Rd, es uno de esos pocos oasis que quedan entre tanto bullicio y movimiento. No lo creerás, todavía parece haber gente que lucha por encontrar un equilibrio entre el comercio que les permite vivir y la belleza que les permite respirar.
    Lo menos que pude imaginarme fue la posibilidad de leer tus cartas y documentos sellados hasta el año pasado. Casi me había olvidado de ellos, si bien nunca de ti, y los años se sucedieron, a partir de cierto punto, como si no rotaran las estaciones y se hubieran estancado en uno de esos inviernos de Maine a los que nunca pudiste acostumbrarte. Conoces de sobra, y no porque lo hayas leído, cómo los años pueden volverse mero invierno aunque las estaciones regresen una y otra vez. Mi estación personal, anclada en la vejez y en la soledad de la cual había huido inútilmente, cedió ante la noticia y la felicidad de que podía descubrirte de nuevo. En los escritorios de la biblioteca Houghton, de Harvard, empezó este verano indio que ha durado un año.
    Nunca esperé sobrevivir a mis amigos bibliotecarios, no me interesaba. Perdí todo interés hace mucho, cuando se tiene o todavía se simula tener. Si se viene a ver, ¿no es bastante lógico que un mundo tan necio acabe por desinteresarle a uno? ¿Qué podía hacer? ¿Viajar, como tú? Jamás podré envidiar lo suficiente esa curiosidad que te sacaba de Petite Plaisance, con esa sólida vejez a cuestas, como si tuviera simplemente el peso de uno de tus libros, para dar interminables vueltas por tu celda. Hace años se me ocurrió emular el nomadismo que retomaste en tu vejez, y traté de seguir las huellas de tus viajes por la India, Egipto y Kenya. Al final decidí seguir tus rastros más intelectuales: visité Capri, Grecia y regresé a París.

    París, nuestro París, si me permites la apropiación, se convertía por segunda vez en la ciudad donde se definía mi vida. ¿Qué hacer?, me preguntaba frecuentemente en ese viaje propiciado por un año sabático cuyo razón se suponía que fuera Marguerite Yourcenar y no Brian de Vito. Mientras redactaba mi siguiente trabajo sobre ti, sin adivinar que sería el último, pensaba en la decisión que tendría que tomar en los meses venideros. En la cena de Navidad, que mi hijo había planeado con antelación, tendría que decidir entre rehacer un matrimonio fraguado treinta y tantos años atrás en las márgenes y los puentes del Sena, que ya no ofrecía sino más de lo mismo, o continuar solo y con los ojos abiertos. ¿Qué hacer?, me repetía caminando por las riberas del Sena, regocijado de mi regreso, como si estuviera de nuevo acompañado por Helen. ¿Qué hacer?, me decía, ¿es que se pueden mantener los ojos realmente abiertos más allá de unos segundos? Aún no estaba seguro, pero la realidad era que tú ya tenías la respuesta. Y no es que la tuvieras, siempre estuviste predispuesta a tener sólo objetos útiles o significativos, quizás porque ya estabas o te dirigías hacia donde no se necesita nada porque se es todo. Estoy seguro de que en esa época ya habías empezado el proceso de convertirte en tu respuesta.

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Carlos Almira Picazo

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Aunque alejados en distancia (aunque advierto que generalmente  las distancias geográficas son relativas), encontré en http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php  este breve cuento de quien se nos presenta como Doctor en Historia por la Universidad de Granada y nacido en Castellón de la Plana, España, en 1965. Declara ser autor de una novela en papel: Jesús, Editorial Entrelíneas, Madrid, 2005; de un ensayo en papel: ¡Viva España! El nacionalismo fundacional del régimen de Franco (1939-43), Editorial Comares, Granada, 1997; de una novela en formato digital: Todo es Noche, Prometeus mdq, abril 2007; y de un centenar de cuentos y ensayos, publicados en diversas revistas literarias. Aunque como digo acabo de conocerlo por la red electrónica, me es un placer dárselos a conocer a ustedes con este texto narrativo.
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MARIO Y EL GATO
    La voz no humana me llegó de lo alto: ¡Agostino, Agostino! Levanté la cabeza y lo vi. Estaba echado en el tejadillo calentándose al sol. Desde el paseo se avistaba su cabeza y el extremo delantero de las patas, con las garras bien recogidas.
    -¡Agostino, Agostino!, repitió, y se puso en pie, estirándose y desperezándose, mirándome fijamente:
    -¡Soy yo, tu amigo Mario!
    Mario Cavalcanti se había matado con su moto hací¬a menos de un mes. Miré estupefacto al gato romano, lustroso, que se hacía pasar por mi amigo. En la tapia y el paseo del rí¬o flotaba la soleada mañana invernal.
    -¿Te ha comido la lengua el gato?, bromeó, tí¬pico de Mario.
    -Quiero prevenirte, prosiguió, cambiando a un tono grave, lacónico. Y arqueó el lomo trazando un rápido garabato con la cola:
    -La muerte no existe, muchacho: pero no te hagas ilusiones. ¿Ves aquel perro que está haciendo caca en la farola? ¿Te acuerdas de Enrique Vinuti, el primero de nuestra clase, el preferido de los maestros que nunca fumaba ni se pajeaba y que murió de meningitis?
    Miré horrorizado.
    -El mismo, maulló. Estás avisado.
    Sin decir más giró hacia los árboles, dio una voltereta, saltó y desapareció en el tejado.

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Lázaro Andrés

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Zulueta, Cuba, 1974. Ingeniero químico. Ha publicado el cuaderno de cuentos Para pintar la nada (Sed de Belleza Editores, Villa Clara, Cuba, 2005). Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, 2004. En ese año obtuvo la Beca de Creación Caballo de Coral. Desde hace unos cuantos meses, le había prometido un espacio en mi blog y al fin he podido cumplir mi propósito. No por la demora se ha perdido nuestra amistad.
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FRAGMENTO DEL PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA EL PEZ SEDIENTO

Me reí mucho al ver que el pez en el agua tenía sed.
Albert Camus (según Iván)
 


Capítulo 1
“Con acento barroco”

 

    Parque. Amplio espacio donde brotan árboles, bancos, niños. Lugar donde la gente se sienta sin prisas a ver como la vida se marcha. ¿Y esto es un parque? Aquí todos están de paso, apresurados, atentos a los autos que cruzan veloces, maldiciendo su suerte. Una estatua ecuestre del Quijote y unos banquitos tristes no hacen un parque y además… Que conste que a mí la estatua no me parece tan mal, pero para Ricardo es poco menos que un adefesio, o al menos lo era aquel día de agosto con su sol de justicia satánica. En su opinión (en este aspecto no creo que haya variado desde entonces) no hay un escultor cubano capaz de hacer algo medianamente decoroso. Todos son unos mediocres –afirma–. Falta talento, imaginación, sentido de las proporciones. Ahí, Ricardo comienza una disertación sobre los estilos modernos, salta de la escultura a la pintura, la arquitectura. El acueducto de Albear, el túnel de la bahía, algunas cosas del Capitolio, Carlos Enríquez y Lam, para de contar, el resto es pura bazofia. Yo me callo por no llevarle la contraria y porque Ricardo se ha pasado la vida leyendo cuanto libro de pintura, escultura y arquitectura cae en sus manos, y lo cierto es que sabe un mundo al respecto, mientras que yo confundo el clasicismo con el art decó, el surrealismo con el eclecticismo y en general me pierdo entre tantos ismos que no consigo diferenciar. Ricardo sigue despotricando contra el Quijote mientras yo miro la estatua y me imagino que un huracán la arranca y la hace volar por las calles de La Habana, que la levanta sobre la bahía y acaba depositándola sobre la Catedral.
    No le digo nada a Ricardo. En general rara vez digo algo. Prefiero callarme si no tengo algo importante que decir y creo que esa es la clave de nuestra amistad, porque él necesita un auditorio atento, que no interrumpa con observaciones tontas, que escuche hasta el final sin aprobar o disentir.
    Yo no escogí ser amigo de Ricardo, ni siquiera tenía idea de qué es un amigo (mis criterios al respecto aún siguen bastante difusos, pero prefiero dar por sentado que somos amigos a falta de otra palabra para definirlo). Nos vimos por primera vez en el albergue de la vocacional y él hablaba, hablaba. Dios, parecía tener un arsenal de palabras inagotable, un ejército bonapartista que derrotaba uno por uno a todos los muchachos. Ellos se fueron marchando con un pretexto u otro y casi al mediodía estábamos solos en el albergue. Ricardo miró a un lado, a otro. Se encogió de hombros y me tendió la mano.
    –Ricardo Laurencio Vidal. Laurencio es apellido y Ricardo por mi padre, el padre de mi padre, su abuelo.
    Por un momento temí que salieran a relucir todos los Ricardos del árbol genealógico, hasta aquel remoto primer Ricardo, acaso hijo bastardo de Ricardo Corazón de León (el único rey inglés que yo conocía, y es que Ricardo ya había aclarado su lejano origen anglosajón y yo, sin razón alguna, le había agregado una dosis de sangre azul).
    Pero no, Ricardo no llegó a la raíz de este árbol transplantado al Caribe. Se estiró cuanto pudo (será de mal gusto, pero también a mí me encanta hacerlo) y me invitó a almorzar. Bueno, en realidad no me invitó, en realidad sólo dijo: “Vamos pa’l comedor” y desde ese día anduvimos juntos de un lado a otro de la ilustre y no siempre limpia Escuela Vocacional Ernesto Che Guevara de Santa Clara, y los fines de semana nos aburríamos de lo lindo (en realidad “yo me aburría”, estoy convencido de que Ricardo no) recorriendo la gloriosa ciudad de Marta, mientras él intentaba hacerme comprender que un friso, una cornisa y un frontón no son la misma cosa, que existen el orden dórico, el jónico, el corintio. Yo asentía, miraba las columnas del antiguo Instituto, las de la Biblioteca Provincial. Ni modo, me quedaba con un palmo de narices y Ricardo me pasaba el brazo sobre los hombros como un auténtico perdonavidas.
    —Vamos a Coppelia, anda.
    Y allá íbamos. Si hubiera dicho vamos al cosmos en un cohete tampoco lo pensaría mucho: me montaría en el cohete detrás de Ricardo, o tal vez a su lado, en el asiento del copiloto, y esperaría con toda calma sus órdenes. Y es que Ricardo nació para eso: para tomar las mejores decisiones, las disposiciones adecuadas. Hay gente así de resuelta, enérgica, gente que toma la iniciativa ante cada propuesta de la vida y que al final vencen o se estrellan sin remedio, pero nunca (y ese es su orgullo) dejan de intentarlo. Yo, como ya supondrán, en nada me parezco a Ricardo. La verdad es que la gente me intimida y prefiero ceder aunque no esté de acuerdo. No es que sea un imbécil, que acepte con los ojos cerrados. A mi manera también sé decir no, pero siempre con una sonrisa, una explicación (breve, eso sí, porque no resisto bajar muela). En cuanto a tomar decisiones, prefiero oír a los demás y en especial a Ricardo, que siempre suele saber lo que más me conviene.
    —Vamos –dice Ricardo.
    —Vamos –repito y echamos a caminar juntos hacia la beca.
    Ahora que he llegado a este punto me doy cuenta de que tampoco sé contar muy bien las cosas (y eso que pretendo ser escritor algún día), de que estarás pensando cómo carajos llegué a La Habana, al parque del Quijote (bueno, al pie de la estatua). Ricardo diría…, bueno él tal vez diría un montón de cosas, tal vez no. En los últimos tiempos ha cambiado mucho, aunque… Y de nuevo te adelantas, te atrasas. Ay, Alejandro, eres como un reloj ruso. Aunque si de relojes rusos se trata… No, ni una digresión más, por favor. Corresponde decir quién eres (nombre con dos apellidos), cuál es tu currículum vitae (si has tenido tiempo de hacer algo en tu repuñetera vida), a qué te dedicas (esto ya es más interesante, aunque no deberías decirlo aun). Bien, imagina, paciente lector, que no has abierto este libro, que no te has espantado aún con la paupérrima cubierta, que eres un tipo totalmente desprejuiciado (preferiblemente aburrido). Por favor, olvida todos estos párrafos esperpénticos y empieza a leer.

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Lucy Araújo

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Es de Río Cauto, Granma, y nació en 1955. Narradora y poetisa, es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ha obtenido diversos premios literarios. Ha publicado ITANAM (cuaderno de relatos), Entre delfines (cuento) y las novelas Capernaum, La obra del sexto día y Laura y el ángel. Aparece en varias antologías; cuentos suyos han sido publicados en revistas cubanas y de otros países. Aunque desaparece de mis correos literarios con frecuencia, y sus respuestas suelen ser telegráficas, siempre está invitada a mis páginas.
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Mujer sin tejidos

Anoche oí la voz de Dios,
cuando regañaba a Eva y Adán
que se entretenían con los ángeles y sus vuelos.
Hoy duele un terremoto cuando en la madrugada
ya soy una mujer sin tejidos que sirve la copa del Cristo,
y vierto en su cabello la miel de mis súplicas.

Este día ha reventado mi insomnio,
y a la hora que todos duermen lo he llamado.
Ahora lucho por esa voz;
para que no sea solamente
un acordeón que entusiasma los espejos.
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1- de de 2010

NOVELA POR ENTREGAS

Pagina nueva 1

NOVELA POR ENTREGAS

La otra habitación

© Andrés Casanova

Derechos reservados en exclusivo, sin compromiso editorial alguno.

Prohibida su reproducción en cualquier forma conocida o por conocer sin la autorización escrita del autor.

Derechos protegidos por el autor.

 

 

Capítulo 2

Regreso al hotel bien tarde, quizás las dos de la madrugada o algo así. En la habitación vecina el hombre y la mujer entrechocan vasijas de cristal contra una botella. Escucho claramente el tintinear del vidrio y las risas alegres de la pareja; antes de accionar el conmutador del aire acondicionado oigo algunas palabras aisladas del hombre y luego empiezo a desplazarme por mi habitación, con la euforia propia del escritor que está a punto de firmar un jugoso contrato con una importante editorial.

       Sentado en la cama, desnudo el torso, sin zapatos ni calcetines, la temperatura no tan baja como en el instante de mi entrada aunque fría según mis costumbres, siento deseos de ir hasta la puerta divisoria. Si estuviese en uno de aquellos hoteles antiguos, como los que utilizaba cuando mi posición económica no me permitía otra alternativa, habría tenido a mi disposición un agujero disimulado por un taco de papel sanitario comprimido. Aquí no hay posibilidad para tal trampa propia de voiyeristas: las puertas son nuevas e impiden a los ojos penetrar los secretos de los vecinos; en cambio, las palabras atraviesan las paredes y ya estoy de nuevo  escuchando.

       Suena el timbre del teléfono con su aviso ronco y amortiguado; lo atiende la muchacha, revelando su nombre: Estrella. Contesta amable, casi de una forma amorosa y confidencial. Bajará de inmediato; pide que le repitan el número de la habitación y cómo desea que vaya vestida.

       Me voy a la cama con el ánimo fogoso, la sangre ardiente, la soledad comiéndome las entrañas y a punto de estallar las ganas de tener a Estrella conmigo, quitarle una a una sus prendas de mujer complaciente y pasar el resto de la madrugada dentro de su vida.    Imagino al supuesto marido de Estrella sentado en una butaca de cuero acolchado fumando con calma el cigarrillo mientras ella sale dejando en el ambiente su inconfundible perfume.

       Decididamente, he perdido el sueño. No acostumbro a dormir fuera de mi casa con frecuencia, pues de tal manera me he acostumbrado a las pequeñas comodidades hogareñas de mi residencia cálida y silenciosa (el jardín interior sombreado con frutales que recorro al trote cada mañana con el propósito de restaurar mis herramientas de narrar porque mientras trabajo con ellas pierden el filo o sufren alguna melladura; la presencia de dos mujeres como de la familia que cumplen las obligaciones domésticas en silencio en horas de la mañana; los alimentos colocados a mi paso para que no me distraiga con futilidades tales como pedir un jugo o un bocadillo durante mi caminata habitual por el interior de la casa dictando a la grabadora algún capítulo espeluznante o aterrador) que me molestan el olor a resina de pinos del lavabo, la dureza almidonada de las sábanas y el bullicio de los vehículos de esta ciudad que apenas duerme.

       Al día siguiente modifiqué mis planes: en lugar de ir donde mi agente literario en horas de la tarde, decidí visitar a Espinosa. Me atendió como en mis años juveniles, cuando me hospedaba en su vieja casa porque jamás resistí la vida hacinada y bulliciosa de los cuartos en los edificios para estudiantes. Primero nos vimos en el apartamento de la calle Fragancia y luego de soportar sus efusivos abrazos, saludé a toda la familia. Los niños como siempre me acribillaron a preguntas, tratándome con la confianza que permite a los más pequeños recostarse contra las piernas de los mayores mientras nos miran desde su infancia entre irreverentes y admirados. La madre de Espinosa, autoritaria, ordenó a su nuera traerme café; advertí que ésta fruncía los labios en un mohín de disgusto y mascullaba entre dientes una palabra obscena. Acababan de comer, me dijeron; si quería, podían calentar para mí unas carnes con papas y una buena cantidad de congrí. Rehusé entre risotadas tanto de Espinosa como mías; cinco años antes aquellos restos constituían para ellos un banquete al día siguiente; ahora en cambio los lanzaban a la basura, aclaró Espinosa brindándome de sus cigarrillos.

       Al poco rato llegó el hijo mayor; la alegría de verme se tradujo en apretones de sus manos cual tenazas acostumbradas a operar un equipo pesado de la construcción. Apenas se sentó, hizo que uno de los hermanos menores fuese a la cocina en busca de café para él. Traía una noticia de las que yo considero fabulosas para mis novelas. En el vertedero donde trabajaba habían aparecido dos cadáveres; así lo dijo, sin detenerse cuando bebía el café y tomaba uno de los cigarrillos del padre. Le pedí explicaciones y primero pensó unos instantes, como indeciso, antes de responder. Eso; dos cadáveres. Los obreros revolvían con sus palas en horas del mediodía una de las montañas humeantes, como era habitual,  buscando algo aprovechable; él mismo, en una oportunidad, había hallado un ventilador sin aspas aunque con el motor en buen estado y en otra ocasión encontró un saco herméticamente cerrado en cuyo interior descubrió una ametralladora y cuatro pistolas. De momento, una de las palas de los obreros tropezó con una masa compacta, endurecida y blanda a la vez; un rostro picado por las hormigas, unas ropas hechas jirones, otro rostro inflamado y unas carnes a punto de desprenderse de los huesos, fueron puestos al descubierto cuando entre todos terminaron el trabajo. El hijo de Espinosa perdió fondo a partir de este momento en su historia, entreverándola con todo tipo de suposiciones. Resultaba desbordante su imaginación como otras veces que me había contado estas anécdotas del bajo mundo en la capital habanera; raptos de niños, violaciones de jovencitas por diez o doce asaltantes, suicidios de familias completas, eran sus temas predilectos. Yo siempre he pensado que él fantasea para ofrecerme materia prima destinada a mis novelas y por tal motivo tomo sus palabras con una parsimonia realmente impropia de mi carácter: en mi vida cotidiana, suelo reaccionar con repugnancia ante hechos violentos, a pesar de que mis amigos personales y los enemigos literarios me han acusado más de una vez de sádico porque en mis novelas, dicen, la sangre se huele entre las líneas impresas.

       Después de unas horas de conversación y de haber terminado de beber el contenido de una botella verde con un licor escocés de calidad bastante aceptable, atravesamos a pie la plaza de España acalorados y alegres. A pesar de la oscuridad reinante, al acercarme a la calle Gibraltar fui rememorando cada muro de ladrillos sin repellar, cada charco de inmundicias, cada depósito de basura revuelto por los perros callejeros: todo esto me llevaba a recordar mi juventud de estudiante una veintena de años atrás, cuando aprendí un teorema que me había ayudado a descubrir la forma de resolver lo más difícil en la vida: cómo escalar hasta una altura desde la cual la lucha por la subsistencia no atenacen el estómago ni la mente. Espinosa, hijo del mejor amigo de mi padre durante sus años de luchas sindicales, me enseñó el método de solución general de problemas complejos en el transcurso de varias noches de conversación en aquella misma sala con mosaicos dispuestos en forma de tablero de ajedrez donde nos hallábamos ahora recordando las noches de intensa conversación sobre los problemas más complejos que planteaba la vida durante los años de mi juventud en que nuestra generación se dividía entre los que adoraban a los Beatles y quienes soñaban con convertirse en guerrilleros como el Che Guevara. Espinosa, su hijo y yo, con nuestras historias volvimos a llenar la sala de gente bulliciosa, jóvenes casi todos, melenudos algunos y otros con el pelo cortado hasta límites variables. Durante aquellas reuniones de los tiempos pasados, hablábamos a veces sin respetar la palabra de otro, vehementes y hasta furibundos. Nos resultaba inadmisible pertenecer a una minoría, casi todos artistas: músicos, pintores y amantes de la literatura. También había algunos representantes de especialidades técnicas aunque a todos nos unía un factor común: nos sentíamos aplastados por los convencionalismos ideológicos de la izquierda marxista gobernante a todos los niveles en Cuba durante aquella etapa. El hijo de Espinosa entonces era apenas un niño como sus hermanos ahora pero recordaba aquellos encuentros. Allí nos reuníamos los estudiantes que pugnábamos por graduarnos un día para, según pensábamos, servir mejor a la humanidad. Espinosa, profesor universitario entonces, aceptaba las tertulias con cierta resignación. Mantenía alquiladas de manera clandestina cuatro habitaciones en la enorme casa heredada al morir el padre porque el dinero de la renta unido al salario le permitía si no una vida muelle al menos relativamente holgada; eran tiempos de crisis aunque el dinero poseía un valor decente.

       El hijo de Espinosa iba creciendo y éste comprendía que las tertulias olían a pólvora. Las canceló con uno de sus ucases característicos: se acabó, no quiero más reuniones en mi casa. Sólo quedé yo como inquilino, ocupando el cuarto del fondo en una de cuyas paredes había escrito durante una de mis borracheras de palabras y poesía el siguiente grafiti: “God, also saves to the world but me”. El cuarto donde estudié asignaturas como Teoría General del Arte, Lenguas Romances e Historia Comparada de la Cultura, que de nada me habían valido para servir a la humanidad.

       Después vinieron las noches de íntimas conversaciones entre Espinosa, su hijo, su esposa y yo. Fueron las noches más importantes de mi vida porque en ellas aprendí la forma de resolver cualquier tipo de problema complejo.

       El hijo de Espinosa me trae de nuevo al presente preguntándome si abría otra botella. Miré los mosaicos que imitaban un tablero de ajedrez sintiéndome indeciso; su historia sobre los dos cadáveres encontrados en el vertedero donde trabajaba me mantenía en vilo, comprendiendo que no sólo en mis novelas ocurrían asesinatos; los recuerdos de Espinosa me llevaban a un pasado no tan glorioso como yo mismo lo soñara mientras lo vivía y ejercían en mi ánimo una especie de inquietud por el destino del Universo. Yo sólo deseaba entrar de nuevo en mi antigua habitación para recordar mi frase favorita: “God, also saves to the world but me”. Después solicitamos un taxi y casi de madrugada regreso a mi habitación; me siento eufórico gracias a la cantidad de ron bebido.

 

       Tentado de descolgar el teléfono y comunicarme con la habitación vecina me sorprendo levantándome de la cama. Tendría mucho que decirle a cualquiera de los dos, pero si se trataba de la muchacha podría utilizar ventajosamente la información obtenida en horas de la mañana, cuando conversé con mi viejo amigo Jorge Verdecia, ahora flamante barman quien no por haber pasado de botones a tan ventajosa posición dentro del hotel (además de generosas propinas, tenía la posibilidad de recibir encargos confidenciales de cuantos querían correr una aventura lejos del hogar: artistas, empresarios, gerentes de firmas extranjeras y toda una pléyade de personajes célebres en la vida galante capitalina) dejó de tratarme con la familiaridad a que me tenía acostumbrado.

       Jorge Verdecia en ocasiones se detenía frente a mí, mientras secaba un vaso o preparaba uno de sus tragos especiales. Su frente brillante y la piel negra le daban un lustre de boxeador retirado; en realidad, más de uno lo confundía con un excampeón del mundo pugilístico y eso le valía que los extranjeros lo llamaran Kid Cofee, mote que aceptaba entre orgulloso y resignado. Estrella apenas rondaba los catorce años, me dijo en tono confidencial; era toda una nínfula apetecible y cremosa. Su nombre verdadero no era Estrella: éste era una especie de seudónimo con que encubría las aventuras sexuales de las que participaba con frecuencia en el hotel. El hombre, Omar Rodríguez, primero se sometió a un romántico noviazgo con ella y luego la desfloró en una posada. Al menos, afirmaba Jorge Verdecia mostrándome sus dientes sanos y fuertes, eso le había contado el propio Omar una noche de borrachera solitaria, celoso porque su nínfula había ido a acostarse con un artista español bien parecido, casi tan joven como ella, sin contar con su autorización.

       Camino hasta la mesa donde se encuentra el teléfono y lo descuelgo; sin embargo, no llego a realizar la llamada que me proponía porque oigo cerrar bruscamente la puerta de la habitación vecina y una voz de mujer prorrumpe en una risa estridente. Escucho, pegado contra la puerta, un golpe seco como de una mano al caer contra la cara. El hombre le habla violento: que dejara de joder y le entregara los dólares.

 

 

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Enlaces y sitios  donde puede obtener más información sobre el autor:

http://sites.google.com/site/sigloxxiliteraturaypoesia/Home/poesia-y-narrativa-2/andres-casanova-1

http://sites.google.com/site/sigloxxiliteraturaypoesia/Home/poesia-y-narrativa-2/andres-casanova

http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/casanova_andres/index.htm

http://danielmontoly.blogspot.com/ search?q=ANDRES+CASANOVA

http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Casanova

http://www.yoescribo.com

 



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1- de de 2010

Boletín Literario del Año I-Nº 3

Pagina nueva 1

Noticias Literarias

del escritor Andrés Casanova

Las Tunas, Cuba * Septiembre de 2009 * Mes del inicio del curso escolar en Cuba * Año I-Nº 3

NOTICIAS SOBRE EL MUNDO ARTÍSTICO- LITERARIO

Los viejos amigos vuelven a encontrarme y yo vuelvo a encontrarlos a ellos, podría ser el saludo inicial en esta nueva actualización de mi blog con las que me he propuesto seguir dándole cabida a la más variada creación literaria y artística en general. Y es que en agosto pasado, al llegar a la sede de la UNEAC en nuestra ciudad me encontré con Yoel Almaguer acompañado de su esposa. De este artista plástico tunero y cubano radicado en España, me quedan ilustraciones para algunas de mis obras, el recuerdo de las conversaciones de cuando compartíamos tertulias y desde luego, saber que ahora continuamos en la misma línea (electrónica) como blogueros. También por estos días, gracias a la intervención de Delfina Acosta, he recuperado comunicación con Ramón Leonardo Sosa Azuaga (o más propiamente Moncho Azuaga), paraguayo que allá por los inicios de la década del noventa del siglo pasado dirigía la revista Cabichui en la que yo publicaba mis poemas; ahora Moncho continúa en activo en Asunción en la docencia, el teatro callejero y la asesoría a la Secretaría de Cultura. Y desde luego, Francisco Jiménez Fuenmayor a quien cada vez que deseo reencontrar releo su edición de El ñaque del gaznápiro y redescubro en sus textos el aliento de aquella Barcelona que bullía en la mente del poeta durante el tiempo de la escritura, las gente que ama, en fin, los recuerdos imborrables de su vida.

DONDE SIGO HABLANDO DE LA POSIBILIDAD DE EMPRENDER UN TALLER LITERARIO GRATUITO

Continúo pensando en promover desde este blog un taller literario abierto, democratizador y desmitificador de la literatura, de manera que existan dos niveles de talleristas:

1º Los talleristas libres, que serían aquellos que de manera anónima seguirían el curso sirviéndose de los textos que se elaboren para este blog y otros medios.

2º Los talleristas seleccionados por mí, para lo que seguiré determinados criterios de evaluación pre-establecidos.

Yo estoy invitando desde este momento a quienes visitan mi blog (también me dirigiré en su oportunidad a algunos de manera individual para invitarlos especialmente) y son escritores de experiencia a integrarse conmigo a este proyecto como profesores-guías o más bien como facilitadores, los que:

a) Discutirían conmigo el programa completo que yo propongo, y acordaríamos por consenso la modificación o corrección del mismo.

b) Dirigirían y asesorarían el trabajo de entre 3 y 5 talleristas seleccionados, los que les serían indicados por mí para lograr una mejor organización del trabajo.

c) Realizarían todo su trabajo de manera absolutamente gratuita y por correo electrónico.

El programa que me propongo desarrollar estará formado por 11 lecciones:

  1. ¿Puedo aprender a escribir literatura?
  2. Redacción de oraciones, párrafos y períodos mayores.
  3. Reglas de redacción y principales vicios que se cometen.
  4. Reglas más importantes de la ortografía.
  5. Importancia del estilo. Cómo encontrar el estilo propio.
  6. Estudio de la narrativa desde el punto de vista narratológico.
  7. Estudio de la poesía desde el punto de vista poético.
  8. Estudio práctico de la poesía.
  9. Estudio práctico del cuento.
  10. Estudio práctico de la novela.
  11. Proyecto y escritura de la primera novela personal del tallerista.

LITERATURA.MAIL-ART/envíos de casanova.net

COMO HE RECIBIDO GRAN CANTIDAD DE SOLICITUDES Y ME ES ENGORROSO ENVIAR POR MAIL MI NOVELA La otra habitación, COMIENZO DESDE HOY A PONER FRAGMENTOS DE LA MISMA EN MI BLOG PARA REVITALIZAR AQUELLA ANTIGUA COSTUMBRE DE LAS “novelas por entregas” TAL COMO ESTÁ HACIENDO MI AMIGO LORENZO LUNAR EN SU BLOG PERSONAL.

EL RINCÓN DE BENFERRI

Quienes deseen colaborar con esta sección, pueden dejar sus textos en la dirección siguiente:

http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php

Les recuerdo que el tema general de estos cuentos de ficción debe ser la niñez en general y no deben exceder de los dos folios en formato DIN A-4.

En esta oportunidad comparto con ustedes la ficción ESTIMADOS ENEMIGOS, que trata de responder a la preguntar: ¿qué sucedería si los niños pudieran emplazar a los padres que los maltratan?

ESTIMADOS ENEMIGOS:

En un principio, no creí conveniente dirigirles esta nota. Sin embargo, las propias razones expresadas por ustedes ante el Ministro de la Infancia, mi padre, me obliga a clarificar posiciones. Me refiero al cumplimiento de los estatutos sobre el tratamiento a la niñez.

Según don Félix, sería impracticable mantener dentro de límites más amplios los derechos de Angelín, su propio hijo, porque dos nalgadas ligeras no dañan a nadie incluso cuando los dedos queden marcados en la piel. Don Carlos opina con mayor severidad: la correa debe aplicarse a la menor violación, de manera que el temor sea la nota predominante en la psiquis del infante; al menos, así procede él con Carlín. En el caso de don Vidalitos Costell, emérito profesor de la Universidad Central de Catalamarca, como no tiene hijos (aclaro de paso: tampoco tiene madre), el látigo lo aplica por el método verbal con su lengua de la cual no puede afirmarse que sea viperina, sino putrefacta.

De esta reunión que sostuvieron con mi padre tan dignos integrantes del Consejo Asesor del Ministro, surgieron tres acuerdos: encargar al viceministro de compras que determine las vías más expeditas para adquirir correas de la más alta calidad; ordenar que los padres usen guantes de hierro cuando vayan a impartir justicia por medio de nalgadas; y taponar la boca de los hijos llorones con cinta adhesiva reforzada con espinas.

Señores, mi comportamiento hasta ayer podría decirse que fue ejemplar. Jamás había explotado en llanto cuando no me compraban un juguete ni me quejé en ocasiones en que me prohibían comer caramelos.

Ayer mi padre cuando llegó de la reunión con ustedes lo primero que ordenó fue que me colocara en medio del jardín y me bajara los pantalones. Armado de látigo y guantes de hierro, me advirtió que para prevenir mis futuras indisciplinas me iba a aplicar el consejo terapéutico de ustedes.

COMPARTIENDO EL BLOG CON MIS AMIGOS

Hoy corresponde el turno a la poesía, para lo que he invitado a un grupo de amigos a acompañarme a partir de mi texto Tigres o lámparas que forma parte de la novela que tengo en fase de escritura.

TIGRES O LÁMPARAS

Tigres o lámparas

que sueltan las amarras

en las campanas heridas sin justicia

si las paredes cambian de verdad.

Pared contra pared

los gallos cantan como tigres

o lámparas

que alumbran las amarras de la lluvia.

Sin mirar hacia atrás

y sin tigres ni lámparas.

Andrés Casanova

AQUELLA QUE TE AMÓ
Palomas de repente en mis mejillas.
Un sacudir de alas si regresas,
amante, a mi presencia y me perdonas
y arrancas de mi amor la sola queja.
Me juras por tus muertos, yo te juro
por Dios que a los demonios atormenta.
Y en brasas se convierten las palabras.
En pájaros sangrientos que pelean
por las migajas de las hostias últimas.
Ámame hombre en esta noche negra.
Mi historia es ésta: un lecho solitario,
un despertarme atada siempre a hiedras
y una almohada llena de tu rostro.
Mi vida toda es sólo sueño, niebla.
Mas llegas y mi voz ya no es cautiva.
Y aquella que te amó se me asemeja.

Delfina Acosta

¡OH, VOZ!… DIME, ¿A DÓNDE VAS?

¡Oh, voz!…

¿Por qué me atormentas hasta el morir

anestésico

cortando mi piel ya vacía por desiertos

iracundos,

royendo mi conciencia convertida en

jaguares, en tormentas de etnias

emergentes hasta la exultación, si esculpida

por infiernos voy

en vuelo feroz de un ave rapaz?

¡Oh, voz!…

¿Por qué abates mi alma entre

graznidos de agitadas esferas

irritando arenales fecundos,

partiendo al orbe incierto

y a trópicos baldíos distanciados por el sol?

¿Es que acaso la robustez curva de tu acervo

hoy ha tañido montañas

para ser mi razonar en útero?

¡Oh, voz!… Hoy tu viento juega y lucha hasta el morir,

rescatando cuerpos chamuscados de negras cabelleras

como olas a barcas solitarias

abandonadas a la mar abierta y sin más

amparo que la ley en aberrante mutismo.

¡Oh, voz!… Vas como el tiempo arrebatado

por cielos desolados,

dejándome caer en raudo vuelo,

simulando cataratas

entregadas a la vida

como último aliento de un sol en retirada.

¡Oh, voz!…

¿Por qué infiernos aquietas

para darme el peso del nirvana en danza feroz,

obligando a enclenques guadañas batirse en duelo

con la muerte?

Dime…, pero dime por qué

Dime, ¿a dónde vas con tanta prisa?

si tu lucha es mi derrota,

y el vacío iluminador, piedra del barro?

Gloria Dávila Espinoza

ORACIÓN POR EL AHOGADO

Intermediaria la madera, el mar

propone otra aventura, marinero.

Tú lo olvidaste. Ahora, misionero

de la muerte, decides convocar

la vida. Lo olvidaste al levantar

el ancla, pero el tiempo, bandolero

sin rostro, puede más que el carpintero

y el árbol. De nada vale nadar

líquido el aire, la madera inclina

el pecho a las columnas de agua. Todo

cae. Un cuchillo de luz despedaza

un trozo de cielo. Tu cuerpo termina

como anzuelo. Algo nos duele. No hay modo

de salvarte. Lejos, un barco pasa.

Carlos Téllez Espino

CANTO DE MÍ MISMO

No me llamo Walt Whitman,

es bueno que así lo sepan.

He visto como endurece la infancia,

entre el sesgo y los gallos que en mi negrura beben.

Soy quien alza su banderola al hervor de un cosmos

de hontanares y siervos.

Para darme captura en este oficio absurdo

de ser el único,

de no ser furiosamente el viejo Whitman,

he de existir como una buganbilia,

acostumbrándome a un nombre que cesa y se extravía,

a un nombre caliente, aferrado al labio y al agua,

a los pájaros que arrastran mi juventud por el humus.

Pero no soy el viejo Whitman;

a penas si conozco la bruma del que escribe,

el cuchillo nocturno entrando en algún barco de espera.

Pero me canto y me celebro,

después de todo, Manhattan y Walt Whitman

son los simples nombres que no supo mi madre.

Carlos Esquivel

RITUAL PARA LOS OJOS VACÍOS

¿Acaso soy extranjero

al umbral donde he nacido

que tengo el rostro perdido

como perdido el dinero?

¿Acaso soy marinero

náufrago en la multitud

de vidrieras? ¿Un alud

ante la verde muralla

ambigua y mordaz que estalla

al fondo de mi ataúd?

Luis Mariano Estrada

Letanías del pez

Soy el pez,

transcurro entre las aguas de un mar

que en mi dolor invento,

lejos de la arena, del cardume,

de aquellos que en la espuma recortaron

sus aletas.

Mi cuerpo no conoce de corrientes,

ignora la mentira del anzuelo,

no sabe del azul que en las escamas se difunde.

Reinhardt Jiménez

Conjeturas

¿Qué será de la sombra dónde lloro

este mañana con temblor de sismo?

¿Acaso el resplandor del optimismo

que de la juventud nazco y afloro

me llenará de luz, si la tristeza

penetra por mis ojos apagados?

¿Cantaré con pasión a la belleza

que defiende los sueños ya cantados?

¿Tendré la pequeñez de la grandeza

que tienen los poetas olvidados?.

Adalberto Hechavarría Alonso

Sobre estos poetas, digo que:

Delfina Acosta ya ha publicado cuento en este blog y nació en Asunción, Paraguay, en 1956: es poeta y narradora y además, columnista del diario paraguayo ABC Color. En tanto que Gloria Dávila Espinoza reside en Perú y el poema que he seleccionado para esta edición pertenece a Kantos de Ishpingo, poemario que constituye una “…representación dolida y personal de las laceraciones sufridas por la naturaleza de la selva peruana…”, según el decir del crítico y presentador de su libro Ricardo Ayllón. En cuanto a Carlos Téllez Espino, cubano nacido en 1960 en Las Tunas, es poeta, guionista y director de programas radiales y de televisión. Sobre Carlos Esquivel (http://www.tunet.cult.cu/literatura/carlos-esquivel/) reside en Colombia, Las Tunas, nació en 1968 y su literatura ha viajado más allá de las fronteras cubanas. También en esta misma ciudad residen Luis Mariano Estrada Segura (http://www.tunet.cult.cu/literatura/lewis/), nacido en Guáimaro en 1963, y es graduado de Lengua Inglesa; y Reinhardt Jiménez Cañete (http://www.tunet.cult.cu/literatura/reninha/), nacido en 1975, graduado de Ingeniero Eléctrico. Adalberto Hechavarría Alonso (http://www.tunet.cult.cu/pagsec/municip/majibacoa//personalidades/adalberto/index.php) nació en Omaja, Las Tunas, en 1956 y es profesor de nivel medio y superior.

Me regocija tenerlos a todos como amigos y que con frecuencia me acompañen en el blog.

POESÍA AL PASAR

Mencionaba en el artículo inicial a FRANCISCO JIMÉNEZ FUENMAYOR porque cuando buscaba mi poema para colocar en esta sección, encontré una publicación española (A TRAVÉS DEL TIEMPO, Cuadernos Literarios de la Agrupación Literaria de Autores Nuevos, Barcelona, noviembre de 1996) en la que me publicaron un poema dedicado a este amigo. Y como POESÍA AL PASAR pretende ir recogiendo esos textos que ya casi tenía olvidados, aquí les dejo este, porque no me caben dudas de que seguimos teniendo esperanza.

EL MAR Y LA ESPERANZA

A Francisco Jiménez Fuenmayor,

Poeta y amigo

Si fueran cierto el mar y la esperanza

cruzaríamos encima de las nubes

y un Ángel de Luz que no Luzbel

traería sus noticias.

Existe la amistad.

El amor triunfa contra el odio.

La fe puede sanar.

El mar es cierto y su esperanza

reprende a las gaviotas que vuelan extraviadas.

La esperanza construye fortalezas

contra murallas de llantos y renconres escondidos.

Porque Dios está vivo

y navega entre el mar y la esperanza.

LA ENTREVISTA QUE MÁS HE DISFRUTADO

Hace unos meses, en una escuela secundaria de nuestra ciudad organizaron un encuentro con un grupo de escritores y allí estuvimos varios de los invitados, disfrutando el saber que éramos leídos por los jóvenes. En mi caso la estudiante Lisandra Gallardo Cáceres me sometió a una entrevista que además de responder con placer, me hizo disfrutar esas respuestas porque en algunos casos era la vez primera que las ofrecía en público.

Lisandra: ¿Me puede decir el lugar y la fecha de nacimiento?

Casanova: Nací el 19 de julio de 1949 en Calixto, perteneciente en la actualidad al municipio Majibacoa, pero desde muy pequeño vine para la ciudad de Las Tunas, por tal motivo me considero tunero.

Lisandra: ¿Cuando comenzó a escribir?

Casanova: Comencé a escribir desde muy pequeño, desde los diez o los doce años escribía con mi primo Rolando que es pintor; hacíamos un periodiquito manual y también para divertirnos escribíamos historietas. Recuerdo una que trataba sobre un soldador al que bautizamos con el nombre de Soldán. Después esos papeles se fueron perdiendo. Pero escribir como tal, con un poco más de oficio, lo hago desde que estaba en la secundaria básica, siempre vinculado a un taller literario en los diferentes centros de estudios en que me formé.

Lisandra: ¿Qué lo motivó a escribir?

Casanova: La propia vida. Creo que al igual que se nace siendo zapatero, mecánico o ingeniero, se nace siendo escritor. Estudié ingeniería, pero la mayor parte de mi vida la he dedicado a escribir; tanto, que cuando trabajé como ingeniero sentía que estaba perdiendo mi tiempo.

Lisandra: ¿Qué otros géneros escribe aparte de la novela?

Casanova: Poesía, teatro, guión de cine, libretos radiales dramatizados, crítica literaria. La clasificación en géneros literarios es un poco artificial a veces; dentro de mis novelas he escrito piezas teatrales e incluso guiones de radio. Hoy día los géneros no son como hace treinta años atrás, separados unos de unos de otros de manera absoluta. En la actualidad se entrelazan entre sí.

Lisandra: ¿Ha escrito para los niños?

Casanova: Sí. Los niños tienen un mundo tan rico como el de los adultos, a veces con un horizonte más amplio. Siento un gran respeto por los niños y por los jóvenes. Y no escribo para los niños que hoy son pequeños, sino para los mayores que un día serán.

Lisandra: ¿Qué obra suya es la que más le ha gustado o lo ha marcado como persona?

Casanova: Yo hago poesía porque la necesito; no me interesa la parte técnica de la poesía, sino lo que siento mientras la escribo. Pero no me caben dudas de que la narrativa es la que más me marca, y particularmente la novela Las Nubes de Algodón, porque es una obra en la que yo participo como personaje junto con otros escritores. Ahora bien, a mis novelas, tanto las publicadas como las inéditas, las quiero como si fueran mis hijas y por tanto las quiero a todas por igual.

Lisandra: ¿Cual es su escritor favorito?

Casanova: Es un poco difícil dar una respuesta estricta, porque son varios los escritores que han influido en mi obra y a los que mucho les agradezco sus enseñanzas acerca de la práctica literaria. No puedo decir que tengo un escritor favorito, yo diría que tengo varios escritores que han sido mis maestros, entre ellos: Cesar Vallejo, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, José Soler Puig, indiscutiblemente Miguel de Cervantes y Saavedra y su obra Don Quijote de la Mancha. Los he leído a todos varias veces y los sigo leyendo.

Lisandra: ¿Qué me puede comentar sobre su novela Hoy es lunes?

Casanova: En esta novela yo trato el mundo obrero de la Cuba contemporánea; viendo las irregularidades que tienen lugar en la actividad laboral llevé al plano de la ficción una historia que convertida en trama literaria se parece a la realidad real. Desde otro punto de vista, es la novela con la que me despido de la fábrica, del ambiente aquel donde prácticamente no podía escribir por no ser el medio más idóneo para lograrlo. Allí busqué personajes, pude recrear el lugar, incluso tengo la siguiente anécdota: hubo alguien que se ofendió porque otro alguien le dijo que él estaba reflejado en el personaje Rafael Molina y durante varios días trató de encontrarme para irse a las manos conmigo. Con el tiempo, se convenció de que en la literatura las personas y los personajes no son iguales. Pero ciertamente, Rafael Molina se parece a él.

Lisandra: Quisiera finalmente saber qué mensaje le enviaría a las nuevas generaciones.

Casanova: Que no renuncien nunca a los valores que nos han caracterizado como humanos.

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9- de de 2009

NOVELA POR ENTREGAS

Pagina nueva 1

La otra habitación

© Andrés Casanova

Derechos reservados en exclusivo, sin compromiso editorial alguno.

 

Prohibida su reproducción en cualquier forma conocida o por conocer sin la autorización escrita del autor.

 

Derechos protegidos por el autor.

 

Capítulo 1

Durante el atardecer de mi primer día en La Habana, recostado contra la ventana del hotel, me entretengo mirando hacia el malecón. Pasan gran cantidad de ciclistas y algunos automóviles; el sol aún alumbra tenuemente contra el mar, desatando con sus rayos un arco iris que al ser reflejado por las aguas me deja deslumbrado. Regreso hasta la cama; me acuesto sin desvestir y regulo el aire acondicionado porque siento que las gotas de sudor corren por todo mi cuerpo.

               Entrecierro los ojos y escucho a la sordina una conversación que viene desde la habitación aledaña a la mía. Oigo apenas unos susurros, voces apagadas, quizá hasta una risa entre palabra y palabra. La risa en unas oportunidades es de una mujer, en otras es un hombre quien prorrumpe en una carcajada estentórea, plena de vitalidad y alegría. Bocarriba en mi cama, mientras intento encender un cigarrillo feamente ensalivado por culpa del fósforo negado a prenderse, observo con toda calma esta habitación donde me encuentro. Estoy cansado. Luego de casi veinte horas de viaje en un tren colmado de incontables aromas contradictorios, desde el perfume de jazmines y violetas hasta el de pies sin lavar, desde el de la comida guardada en vasijas hasta el del polvo de los pasillos del vagón, uno desea abandonar todo el cansancio acumulado en una cama cualquiera y ahora a mí el rumor del equipo de aire acondicionado, el tenue olor de sábanas planchadas al vapor y el ambiente de pulcritud en que me encuentro, casi me adormecen. De inmediato pierdo todo interés por las paredes blancas, recién pintadas, sin una mancha o un graffiti como los que acostumbran a escribir los enamorados en los hoteles de mala muerte y continúo escuchando la conversación de mis vecinos.

               De pronto, el hombre comienza a rugir improperios; lo imagino saltando contra la muchacha (estoy convencido de que se trata de una muchacha: el tono de su voz es suave, claro y uniforme; las mujeres mayores en general hablan de una manera quebradiza, ronca; en cambio, las jóvenes poseen una voz atiplada parecida a la de un muchacho impúber) para apretar alguna parte de su cuerpo, quizás un brazo, violento y furioso: estaba engañándolo y a él no había mujer que lo hiciera el tonto; ella muy bien lo conocía; aunque la amaba como jamás había adorado a mujer alguna, no le iba a perdonar una traición. Le recordaba con insistencia su credo moral como hombre, la situaba en la disyuntiva de escoger entre un ambiente rodeado de comodidades y aquel en que vivía antes, sórdido, lleno de gritos callejeros en un solar asqueroso, obligada a asistir durante las mañanas a la escuela y por las tardes a dedicar el tiempo disponible en ocupaciones domésticas rutinarias y agobiantes. La muchacha lloraba y hasta podría asegurar que de rodillas frente al hombre pedía perdón. Él ya no gritó más; mantuve pegada una oreja contra la puerta cancelada desde ambas habitaciones, mientras oprimía la colilla contra el cenicero de cristal labrado que descansaba encima de la amplia cómoda, y escuché el detenerse de los sollozos y el inicio de unos jadeos acompasados.

 

Comienzo a cepillarme los dientes con energía luego de una noche reparadora y me vienen a la mente los problemas prácticos a los que deberé enfrentarme durante el nuevo día. El primero de ellos, buscar alguno de los cambistas clandestinos conocido por mí para convertir una fuerte suma de pesos cubanos en dólares, porque me los venden a precio más bajo que en la casa oficial de cambios. Aquí, al contrario de la ciudad provinciana donde vivo, todo se cotiza en moneda dura y es necesario tenerla si se desea disfrutar de la vida.

               La fragancia de la pasta dental, el golpe del chorro de agua contra el lavamanos y las notas de una canción de moda procedente de un radio cercano nublan mis sentidos, oscurecen mis percepciones del mundo exterior. Mi esposa en estos momentos debe haberse acabado de levantar y el mayor de nuestros hijos lo estará haciendo ahora; dentro de unos instantes él comenzará a calentar el motor del automóvil, a acelerarlo de una manera brusca como le tengo prohibido; el perro estará ladrando, su manera típica de reclamar que alguno de los niños pequeños vaya a zafarle la correa y apenas se vea libre meneará la cola echando a correr hacia el jardín donde abrirá algunos huecos: juguetón y desaprensivo mi cachorro bullanguero con los de mi familia y conmigo, feroz contra todo desconocido a quien olfatea.

               Acabo de afeitarme y mientras froto enérgico el rostro auxiliándome de una toalla, escucho a la pareja vecina hablar de dinero. Oigo perfectamente la palabra dólares y supongo que viviré durante estos días cerca de dos traficantes de drogas o de joyas; me acerco a la pared divisoria entre nuestras habitaciones y ya junto a la puerta cancelada me hago una idea del hombre mientras percibo su voz: tiene alrededor de cincuenta años, porque habla con un dejo no tanto de cansancio como de aburrimiento propio de la edad que acerca al hombre a la vejez. Apenas sabe proyectar su voz, la dicción resulta vulgar y algunas palabras del argot chabacano me revelan a un individuo sanguíneo, mal encarado, de alta estatura y guapetón. Al principio lo suponía extranjero, cuando mencionó los dólares; también anoche hablaba en un susurro y hubiese jurado que lo hacía con el acento propio del inglés; hoy en cambio ya sé que se trata de un cubano común y corriente, capaz incluso de amenazar a cualquiera con un arma.

               Mi intención primera es avisar a la policía. Miro hacia la mesa del teléfono e imagino mi conversación con la empleada que atiende la pizarra central; me escucho a mí mismo pedirle comunicación hacia el exterior del hotel aunque en realidad apenas me he movido de mi sitio: la muchacha del cuarto vecino ríe con estridencia tal que a mis oídos llega una especie de burla obscena, descarada. La supongo desnuda, sentada en una silla, las piernas abiertas mostrando su sexo pulposo al hombre, porque éste alude con palabras soeces a esa zona del cuerpo de su pareja preguntándole al final si las señales en el interior de los muslos fueron mordiscos furiosos o de placer por parte del italiano.

               Decidido a conocer a mis vecinos, comienzo a vestirme cuando la conversación de ellos languidece con una pátina de ciruelas amargas o de almíbar recocido; hablan sólo de ganancias y posibilidades de viajar fuera del país. Él revela sus planes de una manera brusca: quizá el italiano los acepte a ambos en su habitación esta noche; de suceder así, podrían volar la próxima semana a Milán y allá introducirse en los negocios de la sociedad anónima Giusseppe-Rosy. Entonces comprendo quiénes son.

               Durante mi recorrido por el amplio pasillo de baldosas pulidas del hotel, adivino que las paredes fueron pintadas hace poco. Quedan minúsculos rastros de pintura en el piso y el blanco es aún deslumbrante, sin las señales de decadencia que suelen imponer el ambiente y el decursar del tiempo sobre el emblemático color de la pureza. Observo breves instantes el mar por uno de los amplios ventanales; las olas embravecidas golpean los muros de contención y el viento agita mi pelo. Dentro del ascensor, recompongo el peinado maquinalmente mientras calculo dónde podrán estar mis hijos y mi esposa ahora mismo; la mucama oprime un botón luego de yo formularle una pregunta banal y me mira fijamente antes de contestarme. En estos segundos de encierro obligado con ella juego a adivinar sus pensamientos, como si fuese un personaje ocasional de mis novelas. Me está juzgando, indiscutiblemente; considera que soy uno de esos empresarios estatales cubanos de la última hornada, recién estrenado en el mundo de los negocios (hasta ayer, dirá ella para sí, un simple agitador, acostumbrado a repetir consignas y discursos), y que estoy adiestrándome en la técnica del trato protocolar, las reglas del buen vestir y las normas del bien hablar. Eso podría pensar esta mujer de mirada triste, encanecida, que viste un elegante uniforme muy bien planchado; o tal vez no, quizás los pensamientos que le supongo sólo sean el resultado de mi inveterada costumbre de narrador, obligado a dotar de cuerpo físico o psicológico a cada uno de los personajes de ficción que cobran vida en mis relatos. Llegamos a mi destino y ella me despide con un: “Su piso, señor”, atento aunque impersonal, ajeno a toda intención de recibir las gracias por haberme evitado bajar diez pisos sino deseosa de que introduzca mi mano en el bolsillo y le obsequie una propina.

 

Sentado en una mesa solitaria del restaurante ocupo el tiempo en varios asuntos a la vez. Por una parte, he elegido un lugar apropiado para vigilar a todos cuantos entren porque me he propuesto adivinar quiénes son mis vecinos de habitación; mis hijos ocupan fracciones de segundos de mi pensamiento y creo escuchar también a mi esposa riñendo con los tres, veo al perro atado a la cadena ladrando desde su soledad contra delincuentes que no existen y escucho al panadero anunciar con su silbato que hoy no habrá dificultades para el desayuno; imagino el encuentro en horas de la tarde con mi agente literario durante el cual espero recuperar la confianza en el valor de mi obra y la entrevista del día siguiente con la editora de mi última novela. También recuerdo la discusión violenta una semana antes entre mi esposa y yo porque olvidó reservar mi pasaje en avión con destino a La Habana con un mes de antelación, motivo por el cual me vi obligado a trasladarme en tren hacia la capital.

               La camarera llega hasta mí, con la fragancia de los azahares desbordando sus poros. Adopta una posición rígida, como si temiera equivocar el método de servir el desayuno aprendido en la escuela gastronómica. En ese instante, la puerta del restaurante se abre y el capitán guía una pareja hacia la mesa más cercana a la mía. Son ellos, por supuesto; mis vecinos de habitación a quienes he estado espiando desde mi llegada, escuchando sus conversaciones fragmentarias, oyendo los suspiros de placer que intercambian, enterándome de los detalles de su convivencia íntima. Resulta indudable: ronda en mi cabeza el plan de una nueva novela basándome en ellos como personajes centrales; sin embargo, no acabo de dar con el título pues son muchos ya entre mis libros publicados los que comienzan con las palabras muerte, asesinato y sangre.

               La muchacha, cuya blanca piel contrasta con el amarillo del pelo y el negro de sus vestidos, trata de afectar una clase elevada que no posee. Parece elegante, fina, delicada, al mover sus dedos con gestos amanerados; acaricia una y otra vez la servilleta, roza la copa barrigona y el esbelto vaso colocado a su derecha y sonríe cautelosa. Los tatuajes en los brazos, las uñas pintadas cada una de distinto color, los pendientes en sus orejas, las medias negras, los finos zapatos de charol y los espejuelos oscuros que descansan encima del pelo, me permiten identificarla como una de las tantas jineteras que empiezan a colmar nuestras ciudades más importantes. Es linda, cómo podría negarse. Y sobre todo muy joven: apenas unos quince años y probablemente no los haya cumplido. Ahora recuerdo las alusiones del hombre la noche antes; en realidad se trataba de una chica en edad escolar que abandonaba las aulas a cambio de la vida galante recién surgida entre nosotros de una manera pública y que ya todos veíamos como parte de nuestro folclore.

               El hombre vestía como yo, blue jeans y pulóver de marca. Varias prendas de oro adornaban sus manos. Era mayor que la muchacha al menos en treinta años.

               Acabo de desayunar y salgo, dispuesto a gastar toda la mañana paseando tranquilamente a lo largo del malecón habanero.

Si desea ver el blog completo, vaya a la dirección http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/all.php

Enlaces y sitios  donde puede obtener más información sobre el autor:

http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/casanova_andres/index.htm

http://www.yoescribo.com



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8- de de 2009

Boletín Literario del Año I-Nº 2

Pagina nueva 1

Noticias Literarias

del escritor Andrés Casanova


Las Tunas, Cuba * Agosto de 2009 * Mes de verano en Cuba * Año I-Nº 2

 

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ACLARACIÓN: MIS ENVIOS POR CORREO ELECTRÓNICO NO CONSTITUYEN SPAM NI UNA PUBLICACIÓN INDEPENDIENTE DE ESTE BLOG

Quizás por la premura de sacar a la luz el anterior boletín en el mes de mi cumpleaños, le puse el (para mí lógico en ese momento)  nombre de “boletín literario”, lo que generó un mal entendido en alguien cuya pregunta telefónica me tomó por sorpresa: si yo tenía registrada debidamente la publicación.

 

Me ví obligado a explicarle, suponiendo que se refería al número de ISBN o algo por el estilo, que un Mail-Art era un medio moderno en la era tecnológica de las redes electrónicas, de compartir información artístico-literaria con amigos y en mi caso particular, de anunciar entre los que están en mi libreta de direcciones, la actualización de mi blog personal alojado en la red de la cultura cubana que se hace desde la provincia Las Tunas y que responde al nombre de “Tunarte”. Y por lo tanto, constituía un simple correo electrónico enviado a personas interesadas. De ahí que a partir de ahora cambio el nombre de “Boletín Literario” por el de “Noticias Literarias”, para ser más coherente con mis intenciones originales.

 

Pero como dice el refrán, un camino lleva al otro y el otro al siguiente, por lo que me quedé pensando que tampoco era mi intención enviar mensajes a quienes no les interesara por lo que aquellos destinatarios que no deseen continuar recibiendo estos avisos, basta que me envíen la solicitad con la palabra “Borrar”, haciendo siempre referencia al número que aparece en el asunto. Ejemplo: si usted recibe mi mensaje con el asunto LITERATURA.MAIL-ART/envíos de casanova(006).net, basta con que me advierta al responder “Borrar mi dirección de 006”. Y así me ayudará a limpiar mi libreta de direcciones.

 

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DONDE HABLO DE LA POSIBILIDAD DE EMPRENDER UN TALLER LITERARIO GRATUITO

Les aviso que estoy trabajando ya en este proyecto y tengo concebido el programa de estudios que sería de contenido teórico-práctico. Como deseo ensayar su efectividad, cuando lo tenga a punto avisaré por esta vía el método de selección que emplearé para determinar a los talleristas que atenderé.

 

Desde luego, trabajaría con un número definido de personas pues tal como lo he pensado, emplearía bastante tiempo en la revisión de los textos que produzcan los talleristas como parte de su entrenamiento cuyo fin último, luego de pasar por todas las etapas formativas, sería escribir su primera novela.

 

De más está decir que los alumnos del taller lo serían de manera virtual, a quienes atendería por la vía exclusiva del correo electrónico. Los requisitos para solicitar el ingreso los daré a conocer en meses posteriores, cuando ya tenga toda la base material a enviar preparada.

 

LITERATURA.MAIL-ART/envíos de casanova.net

¿QUIERES RECIBIR POR ENTREGAS MI NOVELETA TITULADA La otra habitación? * DÉJAME UN MENSAJE DE SOLICITUD EN LA DIRECCIÓN

 http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php

 

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COMPARTO CON USTEDES EL RINCÓN DE BENFERRI

Desde hace varios meses, venía anunciando una nueva sección en mi blog que llamaría EL RINCÓN DE BENFERRI, cuya temática, desde el punto de vista literario, estaría enfocada hacia la niñez. Y además, que en esta sección invitaría a participar a mis amigos. Pues bien, aquí comparto con ustedes el primer cuento. Ah, lo olvidaba: los textos de ficción en esta sección nunca abarcarán una extensión superior a dos folios DIN A-4.

 

                            Como  una  sana  provocación,  disfruten

                                   entonces  de  mi  primer  cuento sobre el

                                   tema,  con  el  compromiso de que iré co-

                                   locando  otros  de  mi  autoría en actuali-

                                   zaciones  sucesivas.  Y  quienes   deseen

colaborar,  me  pueden  dejar  sus  textos 

en la dirección siguiente:

http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php

 

OFICIO DE MAESTRO

 

A don José Yonnis Costell Von Sterlichs le incordiaban los alumnos que no entendiesen las ecuaciones de segundo grado. Y en el caso de Alberto, resultaba peor, porque apenas hablaba en la clase. Don José siempre había odiado a los estudiantes silenciosos, porque no le halagaban sus conocimientos no sólo matemáticos, sino también los del terreno del arte.

 

Alberto casi nunca estaba dentro de la clase, porque soñaba con los surrealistas y era un apasionado de la corriente de los impresionistas. Don José en cambio, conceptualista convencido, proclamaba el valor absoluto de las vanguardias. Esa tal vez era la razón de su odio contra Alberto, porque en cambio Luis no sabía resolver el teorema de Pitágoras y se alegraba con él cuando hablaban entre ellos de la teoría conceptualista; lo tenía por uno de esos geniecillos en miniatura que andando el tiempo se convertiría en un hombre famoso.

 

El tiempo anduvo de manera tan estrecha que don José acabó convertido en un anciano renqueante y Luis compró un auto de segunda mano para dedicarse a taxista. Mientras tanto, Alberto viajaba por París, Viena y Milán, y  a veces en Nueva York también exponían sus cuadros neo-surrealistas y para-impresionistas.

 

Mirando la tele, una lágrima rodó por la mejilla de don José. No podía creer que por Eurovisión estuviesen entrevistando al famoso pintor Alberto del Parral.

 

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PUBLICO AQUÍ LO QUE ME ENVIARON EN RESPUESTA A MI MAIL-ART ANTERIOR

Como recordarán, en el Mail-Art anterior los provoqué para que tomaran como base mi texto titulado “El premio” y escribiesen su propia historia.

 

Como solamente recibí una respuesta, lo más práctico fue publicar aquí el texto que pertenece a Norys Nicoliello, de quien puedo decir que nació en 1966 en el Estado Falcón, Venezuela y ha participado en Seminarios y Talleres del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo y en el Ateneo de Valencia. Ha obtenido diversos premios literarios como el del IX Concurso Nacional de Literatura Poeta Pedro R. Buznego (Año 2002). Publicó los poemarios El Acecho del Cordero (Ediciones La Tuna de Oro, 2002) y  Volverme Alúmina” (Editorial El Perro y La Rana, 2007).

 

Esta escritora, sin modificar ninguno de mis “pies forzados”, hilvanó una trama coherente y verosímil en su contexto geográfico, tal como aparece la trama desarrollada por ella, la que marcado con letras de color rojo.

 

EL PREMIO

Texto de Norys Nicoliello

Aunque su nombre real no era Tingo Malanga, cacofónico y todo, ya nadie recordaba el verdadero. Lo de Malanga se lo decíamos desde la secundaria básica, por la finca de unos parientes en Pinar del Río donde se cosechaba esta vianda en cantidades mayúsculas; y lo de Tingo fue para fastidiar a la profesora de español Ofelia Gassó, una puritana del idioma.

Tingo Malanga no era un mal compañero. Compartía con nosotros las meriendas, jamás nos denunció cuando de paso por su casa lanzábamos piedras contra el frutal del patio, ponía en juego sus dotes de contorsionista cuando en un examen algunos de nosotros no sabíamos resolver un problema matemático u olvidábamos lo que decían los libros sobre la historia del país.

Tingo, al que a veces agregábamos otro apellido de una copla popular, o sea, Talango, jamás pensó convertirse en un competidor y si llegó a serlo, fue por culpa de la abuela. Esta, una señora de esas que llamamos de antes, había nacido y juventeado en el siglo anterior, lo que le confería un hálito de impureza y decrepitud.

La abuela de Tingo, cuando este se graduó de abogado en la Universidad Central, [se frotó las manos].

Bien, o mal, mirado, tampoco los padres de Tingo Malanga [estaban descontentos].

De aquella manera, en bien pocos minutos las manos de Tingo [sólo movían la prosa no para defender casos legales, sino para darle música a sorprendentes relatos, el ejercicio legal quedaba relegado a su destreza, a la inventiva imaginaria de la crónica policíaca, cangrejos, como le llamamos a los casos irresolubles, eran los preferidos por los insaciables lectores que se consolaban con las vueltas que Tingo diestramente les daba hasta convertirlos en descangrejados episodios. Un buen día llegó a sus manos el oficio (correspondencia oficial) que cambiaría su vida, era comedidamente solicitado en la oficina municipal. Tingo se dirigió al ayuntamiento, el día estaba soleado, presentó el oficio al policía de guardia, quien buscó su nombre en la interminable lista, el policía era desesperadamente lento, la ansiedad de Tingo no cabía en sus ojos].

Sobresaltado, quedó mirando fijamente al policía con un aire de tristeza, como si le hubieran [asestado un golpe en el estómago removiendo sus vísceras, hasta que a punto de estallar, apareció su nombre y el departamento a donde debía dirigirse].

Sus pasos fueron entonces acercándolo al lujoso edificio. Entró. En sus manos temblorosas el documento quedaba como guardando silencio, inútil, inservible. No se atrevía a moverse o al menos, bien lo simulaba cuando el funcionario enfundado en un traje gris ratón abrió la puerta que decía en letras azules ATENCIÓN AL PÚBLICO y le hizo una seña con la mano. Temblando aún, [por la emoción contenida, sabía que debía franquear cinco puertas más de las siete para llegar a su destino]

Después de la conversación con él [,de explicar por tercera vez a que iba avanzó hacia su próxima alcabala].

El sol picante de la capital apenas le molestaba. El funcionario principal le acababa de advertir: “Le será muy difícil [llegar a tiempo]” y él comprendió de pronto la certeza de tal afirmación: [horas de espera, repetidas explicaciones, hasta llegar un minuto antes, exactamente un minuto antes, en que todos los funcionarios han cumplido con otro día de "labor"].

Sin mirarlo siquiera, [Tingo negaba tal merecimiento, no estaba en sus anhelos reconocimiento alguno por su obra, pues consideraba que el sólo hecho de satisfacer a sus lectores, de arrancarlos de la frustración brindándoles soluciones fantásticas a lo irresoluble, convertían su vida en un sólo disfrute, consideraba así mismo, como una ofensa a su integridad cualquier reconocimiento y mucho menos institucional, por eso insistía al funcionario, que esos recursos deberían ser mejor empleados] intentaba persuadirlo de su error. Cierto, el premio era suyo. Podía arrepentirse ahora y cobrar el monto realmente elevado, o en caso contrario [volver a su mundo altruista, de donde son los poetas]

 

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OTROS INVITADOS EN MI BLOG

Y como respuesta a mi Mail-Art anterior, también recibí dos colaboraciones que ahora comparto con ustedes.

 

Rubén Patrizi, director de la Revista Voces, Susurros, Rumor y Gritos, desde Venezuela me envió esta historia que nos narra los amores al parecer imposibles entre Mariita y su esposo.

 

Mariita


Mariíta, no debería llamarse de este modo. Para mi concepto debería llamarse Mariota, o Marianota, o Marigrandota. ¿Por qué el diminutivo de un nombre a una descomunal mujer? Si, porque ella es grande, muy grande.

Mide cerca de dos metros de alto y de ancho, casi uno con cincuenta centímetros.

Cuando camina con su paso elefantino debería tener en cada nalga un aviso como el de los camiones: el de anchilarga.

No me explico el porqué de Mariíta con semejante tamaño de mujer.

Será Mariíta por el tono de su voz. Melifluo, cuando habla con el cuidado de un gato ronroneando. Pero es chillona y estridente y logra emitir una entonación extra alta, una voz que puede romper platos y copas en una vitrina a cincuenta metros de distancia, tan solo con uno de sus chillidos escalofriantes.

Su esposo es un hombre menudo, todo lo contrario a ella; es su antitesis, pequeño, esmirriado, flaco, enjuto, y con una entonación de voz muy grave. Ambos contrastan entre sí como aceite y vinagre.

Se conocieron cuando ella aún era por supuesto alta pero delgada, estaba en la línea como dicen, no le importó que él fuese un hombre pequeño, quedó cautivada con su voz, que la dominaba casi hasta el hipnotismo. Y por su voluminosa billetera.

Ella blanca, él moreno.

Ella alta, él bajito.

Ella chillona, estridente.

Él serio, austero y hasta pichirre y con una voz de trueno.

Ella voluminosa grande, gorda, escandalosa.

Le encantan las fiestas, es la primera en organizar programas y paseos, siempre la primera en reír, la primera en llegar a las reuniones y parrandas. Su debilidad es el champán y el vino blanco del Rhin, lo que la hace más locuaz e impertinente en sus disertaciones y chismorreos.

Y así andan los dos parados en este mundo.

Cuando ella le habla en sus enojos y discusiones, da la impresión que le cascara, y casi lo hace, pero muy al interior de él, sale un chorro de voz, su única defensa y ella se aquieta, convirtiéndose en un clásico gatito.

Cuando habla por teléfono con esa vocecita parece ser una niña que le ha robado el aparato a su madre, y se anuncia así: “Es Mariíta, quiero que me pases a fulanito”.

A ella le gusta mucho el arte en todos sus conceptos.


Le gusta pintar y es fanática de Kandinsky, colorea por doquier con sus pinceladas cromáticas tratando de imitar a su pintor favorito. Y muchas de sus pinturas parecen haber sido hechas por el movimiento de la cola estrafalaria de un alegre can.

Canta con su voz de niña gritona, chilla a viva voz los altos de un aria, y hace vibrar sillas y mesas de las habitaciones de sus vecinos, que salen corriendo con el temor de que haya iniciado un terremoto, o creyendo que el marido trataba de asesinarla apretando su cuello. Así que cuando canta es toda una sirena de ambulancia en un apretado tráfico al mediodía.

Escribe; hace versos. Es toda una poeta de céfiros vuelos y allí no anda tan mal. Su poesía es sonora, suave, tierna, apasionada, refleja su hermoso ser interior lleno de espiritualidad.

Toca instrumentos musicales. Le gustan el piano y la guitarra, sus bártulos favoritos. Y cuando la toca,  ésta de repente se transforma, se convierte en  un pequeño instrumentos al lado de su voluminoso ser, parece que se perdiera entre los recovecos de su cuerpo. El traste desaparece en su mano y no sé como puede mover los dedos con agilidad para proyectar delicadas notas, cuando las manazas ahogan tan delicado instrumento.

Y cuando toca el piano solo una mano basta para abarcar dos octavas, chapurrea las notas en un solfeo delicado, dándole quejumbroso sonido a su pieza favorita.

Pero a pesar de todo, la extraña pareja se quiere, él trata de complacerla en todo, mejor dicho, en casi todos sus caprichos, y van de la mano juntos por las calles viendo vitrinas y comercios. Ella con su paso elefantino y él con su traje negro y los ves alejarse por la vereda en los atardeceres, y observas cómo ella eclipsa con su cuerpo el de su hombre y a lo lejos pareciera que ella caminara sola acompañada del paraguas.

Nota del autor: Los personajes de esta comedia son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

 

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Delfina Acosta, desde Paraguay, me ha enviado su cuento EL BOSQUE, y sobre ella les puedo decir que nació en Asunción en 1956. Ha publicado los poemarios Todas las voces, mujer... (Primer Premio “Amigos del Arte”), La cruz del colibrí, Romancero de mi pueblo y Versos esenciales, así como el volumen de cuentos titulado El viaje. Su último libro, Querido mío, editado por “Portal de poesía”, recibió el premio “Roque Gaona 2004”. Es columnista del diario ABC Color y hace comentarios literarios sobre los escritos de los poetas y narradores paraguayos en el Suplemento Cultural de dicho diario. Dirige el Taller de Poesía de la Manzana de la Rivera.

 

EL BOSQUE

 

Olvidé cómo se escribe un cuento.

Solía sentarme a las siete de la mañana frente a la máquina de escribir Remington, que ocupaba la mitad de mi escritorio, a un costado de la enorme ventana que daba a la calle. Durante los primeros momentos no ocurría nada, hasta que alguien, y otra persona parecida, y muchos individuos o sombras más que se dirigían a la fábrica textil del pueblo, pasaban con prisa por la vereda; entonces me entraba la angustia por  escribir las primeras líneas, aquellas frases fijas que definen el inicio de una historia.

A las diez,   Cándida, la vecina que me prestaba el auto para viajar los fines de semana a alguna villa veraniega, salía  a hacer una revisión minuciosa de su jardín delantero; yo solía temer que me hablara sobre los cornezuelos que a menudo desfallecían a  sus caléndulas y a sus helechos porque entonces una larga  distancia me separaba de  mi cuento hasta que terminaba por perderlo de  vista.

Y ocurría que a veces me hablaba, y otras, no. El caso es que su presencia entre esas flores agitadas por los vientos de estío o de invierno me ponía ansioso, y acababa levantándome, bruscamente, del asiento, con un cigarrillo en la boca, para observar  la  borrosa lejanía de la zona portuaria.

            A las once, o a las once  y media, entraba en el gabinete la empleada doméstica, y hacía tal silencio de mosca mientras pasaba una trapo humedecido con alcohol  por el único mueble de estilo provenzal de la casa, y con el mismo silencio de mosca se retiraba, que me gustaba pensar, con un extraño sentimiento, que era un desperdicio tanta precaución  de su parte; total,  al meterse la mujer  en la habitación, no  me venía una sola línea a la cabeza.

            Es difícil escribir sin interrupción.

Ocurre que alguien te llama por teléfono y te dice esas cosas que uno escucha como desde lejos: “Fue imposible hacer nada... Tendré que comprar otra camisa. La tinta no ha desaparecido  ni siquiera con cloro...”.

A la hora del almuerzo, cerraba con la fuerza de un latigazo que hace brincar a la bestia,  la puerta del gabinete. Debía asegurarme de que mis personajes se quedaran bien encerrados en esa habitación de luces apagadas, para que yo pudiera, sin apresurar el sabor, disfrutar de aquella tregua: un plato de milanesa de pollo y otro de  escabeche de berenjenas, acompañados de una botella de buen  vino rosado. Luego venía la modorra.

Como a las cuatro y media de la tarde, cuando el calor caía sobre el aljibe sin roldana  del patio, yo me tendía sobre las baldosas de la sala, aguardando la visita de Adelfa. Mi amiga rubia, rubiácea,  me solía hablar después de fumar un cigarrillo, sobre  las virtudes y necedades de mis cuentos. A mí me daba igual que objetara la presencia de una antigua vitrola  en la habitación donde sucedía la parte más densa de las acciones; para eso tienes el piano, Miguel, el viejo piano alemán de la familia; que tanteara una crítica sobre determinada situación o trama por su estilo tan apasionado, que desaprobara un nombre común como José o Pedro, y que, a veces, me restregara la muerte del protagonista de turno, quien merecía vivir, después de todo; total,  con un final abierto, la obra quedaría bien igual.

            No es que fuera terco. Pero yo conocía a mi criatura. Ella era un bosque donde todos los animales (ciervos de ancas ligeras y vientres suaves, leopardos de ojos relampagueantes y aves de plumaje azul mezclado con el color de la sangre) convivían en cósmica armonía; su enorme  cascarón resistía maldiciendo, pero resistía, los embates y las furias de las tormentas.

Mi criatura era una luz que se abría paso entre los gajos de los eucaliptos, los algarrobos y los abedules de su propio bosque que para mostrar un camino, hecho con un polvillo como de oro y de azúcar, que tentaba a los hombres y a las mujeres que intentaban cruzar el río, para que desistieran de su propósito y se internaran en él.

            Al llegar la noche se me presentaban en el gabinete. Una vez fue un hombre que deseaba viajar a un pueblo donde pensaba encontrar a la mujer que había amado, y llegó, y ella estaba vestida de triste desde los pies hasta  los cabellos; sentada sobre un sillón de mimbre observaba las formas humanas que tomaba el ciprés según como el viento lo cabalgara.

Entonces escribí: Se vieron y se dieron un beso.

 En mis horas nocturnas se me rebelaban las profecías.

 Y entre humo y humo de cigarrillo cobraban sentimientos mis personajes, y yo debía decidir, desde luego, qué harían: la libertad o la prisión; la vagancia o el encierro; y aún esos detalles ínfimos: el viaje en barco o en tren. O la simple caminata por las calles.

Perdí la manera de escribir cuentos.

Este es el relatorio que –necesariamente– debo hacer sobre la maldición que ha caído sobre mí para que mi familia comprenda la decisión que he tomado.

No puedo más. 

 

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8- de de 2009

Boletín Literario del año I-Nº 1

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Boletín Literario

del escritor Andrés Casanova


Las Tunas, Cuba * Julio de 2009 * Mes de aniversario del nacimiento del autor * Año I-Nº 1


  

El presente boletín literario saldrá de vez en cuando, y quienes lo reciban podrán circularlo libremente, borrarlo sin compasión alguna o reproducirlo por cualquier vía.

 

El autor renuncia de manera expresa con los materiales que aquí publique al concepto jurídico denominado derecho de autor, pues ha concebido los textos como parte de un mail-art y por lo tanto, echa por tierra el “delicado tópico de la autoría”.

 

En este primer número, les regalo un relato titulado EL PREMIO, hipertexto para que el lector, si lo desea, complete a su voluntad las partes encerradas entre corchetes. Si lo hiciere, me gustaría que me devolviere su creación para compararla con mis intenciones y quizás podríamos intercambiar algunos comentarios. Sin embargo, no es imprescindible para mí que me respondan, pues lo único que me propongo es hacer realidad el concepto de la dicotomía arte contemporáneo-tecnología: convertirse en propiedad del lector venciendo así la oposición mediática que intenta separar al binomio escritor-lector haciendo del primero un asalariado y del segundo un comprador.

 

Las ilustraciones que incluiré, obras concebidas por mi hijo Carlos Manuel Casanova para este boletín, también podrán reproducirse libremente.

  

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EL PREMIO

·        Aunque su nombre real no era Tingo Malanga, cacofónico y todo, ya nadie recordaba el verdadero. Lo de Malanga se lo decíamos desde la secundaria básica, por la finca de unos parientes en Pinar del Río donde se cosechaba esta vianda en cantidades mayúsculas; y lo de Tingo fue para fastidiar a la profesora de español Ofelia Gassó, una puritana del idioma.

·        Tingo Malanga no era un mal compañero. Compartía con nosotros las meriendas, jamás nos denunció cuando de paso por su casa lanzábamos piedras contra el frutal del patio, ponía en juego sus dotes de contorsionista cuando en un examen algunos de nosotros no sabíamos resolver un problema matemático u olvidábamos lo que decían los libros sobre la historia del país.

·        Tingo, al que a veces agregábamos otro apellido de una copla popular, o sea, Talango, jamás pensó convertirse en un competidor y si llegó a serlo, fue por culpa de la abuela. Esta, una señora de esas que llamamos de antes, había nacido y juventeado en el siglo anterior, lo que le confería un hálito de impureza y decrepitud.

·        La abuela de Tingo, cuando este se graduó de abogado en la Universidad Central, […]

·        Bien, o mal, mirado, tampoco los padres de Tingo Malanga […]

·        De aquella manera, en bien pocos minutos las manos de Tingo […]

·        Sobresaltado, quedó mirando fijamente al policía con un aire de tristeza, como si le hubieran […]

·        Sus pasos fueron entonces acercándolo al lujoso edificio. Entró. En sus manos temblorosas el documento quedaba como guardando silencio, inútil, inservible. No se atrevía a moverse o al menos, bien lo simulaba cuando el funcionario enfundado en un traje gris ratón abrió la puerta que decía en letras azules ATENCIÓN AL PÚBLICO y le hizo una seña con la mano. Temblando aún, […]

·        Después de la conversación con el […]

·        El sol picante de la capital apenas le molestaba. El funcionario principal le acababa de advertir: “Le será muy difícil […]” y él comprendió de pronto la certeza de tal afirmación: […]

·        Sin mirarlo siquiera, […] intentaba persuadirlo de su error. Cierto, el premio era suyo. Podía arrepentirse ahora y cobrar el monto realmente elevado, o en caso contrario […]

FIN DEL HIPERTEXTO

Ahora, te invito a escribir tu propio texto a voluntad y enviármelo

    

 

 



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1- de de 2008

AVISO A LOS LECTORES

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Durante unos días, mi blog se encontrará en construcción y por lo tanto, los artículos publicados con anterioridad a la salida del primer boletín de noticias literarias no estarán visibles.

Una vez que se concluya el nuevo diseño del blog, todos los artículos estarán disponibles de nuevo.



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3- de de 2007

Entrevista concedida al canal Tunas Visión

El 25 de enero Yeline Zamora estuvo conversando desde el canal de la televisión tunera con el escritor Andrés Casanova en el programa La Tertulia que dirige Carlos Téllez Espino y he aquí el diálogo que sostuvieron.

El primer libro que publicaste fue de cuentos, El Reloj, ese asesino. Pareciera que lo primero que escribías era cuento y luego vino la novela. Si es así, ¿cuándo y por qué te decidiste por la novela?

El culpable de que me decidiera por la novela fue ese gran maestro de la narrativa cubana que es José Soler Puig. El me hizo creer, me convenció, de que me desbordaba durante el relato, que inventaba nombres interesantes para mis personajes que los retrataban psicológicamente, y que tenía un gran poder de fabulación. Creerme todo eso en aquella década de los 80 en que nos visitaban tanto él como otros buenos escritores de distintos lugares del país –entonces nos visitaban, e intercambiábamos criterios, aprendíamos a ser mayores en la narrativa— porque se estaban desmantelando los signos mas visibles del quinquenio gris y había por parte nuestra unos deseos enormes de comunicarnos con el público, y por parte de esos que entonces veíamos cual unos gigantes, de recorrer el país y conocerlo a fondo, quizás en realidad para retratar la idiosincrasia de todos los cubanos.

¿Escribir cuentos fue sólo una preparación para ir a la novela definitivamente?

Escribo cuentos de manera ocasional, pero realmente los cuentos no son mi fuerte ni me gusta escribirlos. Cuando lo hago, me salen casi de una sola sentada y lo único que hago luego es resolver algunas incongruencias de los personajes o del narrador. Escribir cuentos para mi es puro juego, pura invención de personajes y de situaciones ficticias. Nunca me preparé para la novela escribiendo cuentos. Me preparé para la novela escribiendo una novela.

¿Cómo decides o sabes que una historia es para un cuento o da para una novela?

El mismo personaje y la trama me lo dicen. Cuento es un solo asunto, no dos ni tres, y es ahí donde se pierden muchos narradores: cuando quieren expresar más de un asunto, cuando pretenden desbordar los límites lógicos del cuento. No es que haya para mí una historia para cuento o para novela. Es que la novela la construyo en mi cuarto de fabricar historias, le delimito sus redondeces y sus rectitudes, la aplano seriamente con la piedra de pulir personajes y con los moldes y matrices de fundir historias. El cuento es más simple. Una reunión aburrida, una espera en una salón de burocratismo, una cola en la Dirección Municipal de la Vivienda (ese engendro burocrático) para separar un turno para ver si me permiten ampliar mi cuarto de fabricar historias, me dan tiempo más que sobrado para que me salga un cuento de 10 o 12 cuartillas a mano que luego paso a computadora.

Cuando enfrentas una novela, ¿defines, antes de escribirlas, tus personajes, haces un croquis o esquema de las acciones, de los lugares donde se moverán tus criaturas? En fin, ¿cómo te preparas para escribirla cuando ya tienes definida la historia que quieres contar?

Escribo mucho más páginas de notas que las 200 o 300 cuartillas que normalmente tiene una de mis novelas. Invierto bastante tiempo de investigación en la biblioteca o ahora más modernamente, en Internet cuando me dan tiempo de máquina en la dirección de cultura donde trabajo. Me gusta conocer bien el ambiente, las costumbres, el tiempo cultural de la época que voy a representar en mi novela. Incluso cuando es absoluta ficción (o no tanta en realidad) como en La jaula de los goces o La fiebre del atún realizo búsquedas externas antes de fabricar internamente la trama o los personajes. Después que ya tengo el plan general de la novela leo dos o tres novelas de autores cuyo estilo aborrezco por pacato, por aburrido o por dogmático, para no repetir sus errores y para decirme que si la novela me sale como esos moldes es preferible quemarla antes que darla a leer a nadie. Después escribo a mano la primera versión y la dejo descansar un tiempo, depende del que tenga disponible. Finalmente la paso a máquina y entonces sí que empiezo a decantar, a cambiar, a romper para construir de nuevo.

Desde tu primer libro publicado, El reloj, ese asesino, de cuentos, hasta La Fiebre del atún, novela, te has movido entre lo sugerente y poético, lo erótico y descarnado, pasando por la ironía y la parodia, utilizando, al escribir, desde el más crudo realismo al más delirante absurdo. Sin embargo, hay una preocupación porque el lector reconozca muchos de los males sociales que aquejan al mundo real. ¿Por qué? ¿Qué te llevó a ello? ¿Fue consciente?

Hoy escuché decirle a alguien en la calle que “la crítica es el arma de los mediocres”. Una vez me maltrataron en la clínica dental y cuando reclamé mis derechos, una doctora que todavía anda por ahí me dijo en tono ofensivo: “Así es que usted es el escritor, el criticón”. Le tengo fobia a los libros de quejas y sugerencias, porque nadie los lee. Dejé de colaborar con artículos sobre la vida cotidiana para el periódico local porque el Director de allí es un censor de capa y espada. Todo esto me obliga a reacomodarme. Yo, todo lo contrario a esos hechos que he mencionado, soy de los que piensa que sin critica no hay desarrollo, sin crítica nos acomodamos creyendo que todo lo realizamos bien, la crítica es el oxígeno de los creadores en cualquier esfera de la vida, sea un zapatero o un cirujano. Cuando una sociedad se acostumbra a ponerle palos a la crítica por temor al que dirán o porque no se burlen los enemigos, se empieza a estancar primero y luego retrocede. Eso es lo que yo no quiero que me suceda, ni a mí ni a mis hijos ni a los tuyos. Yo quiero que vivan un mundo mejor no solo de palabras, pero como las palabras fue la única arma que me dejaron las circunstancias de la vida (recuerda que yo era Ingeniero Mecánico, que lo fui hasta 1990 cuando vine a trabajar para el sector de la cultura), me di cuenta que no podía malgastarlas inventando el dulce de leche o la toronja frita. Entonces me dije que lo mejor era hundir el bisturí en todos los males que padecemos y hacemos padecer a los demás, el burocratismo, la insensibilidad, el egoísmo, la falta de valores morales, la cobardía a la hora de defender principios cuando otros nos miran desde arriba con un garrote en la mano. Y hundir el bisturí no con la intención de extirpar esos males, porque no somos cirujanos, sino para mostrárselos a quienes tienen la obligación de extirparlos. Recuerda lo que dice Cundo Núñez en Las nubes de algodón: “La literatura no cura, pero ayuda a vivir”.

Siempre en tu obra está presente el amor, pero no sublimado, nunca idealizado…

El amor es real, no una entelequia. Podemos amar a los demás porque Dios nos amó primero a nosotros.

Muy pocas veces a tus personajes les va bien en tus ficciones, no tienen una vida, digamos, fácil… ¿Es esa otra realidad la que le interesa a Andrés Casanova?

La vida en esta tierra no resulta fácil para nadie, te aseguro que quien te lo asegure es un mentiroso. Por un año de alegría sufres diez de desengaños y otros tantos de penas. En este mundo lo único que encontramos son aflicciones. Conozco a un individuo que era sumamente rico, pero perdió todo lo que tenía en un incendio. Y conozco a otro que sería capaz de entregar su fortuna a cambio de no ser calvo. Así, yo no exagero en mi obra. Lo que sucede es que soy realista. Pero practico un realismo sin riberas, como pedía Roger Garaudy. Un realismo creador, que no ata a patrones ordenados por otros.

Qué es el lector para el escritor Andrés Casanova. Que le das, qué le pides.

El lector para mi es la razón de mi existencia como escritor. Hace apenas un mes me paró una jovencita cerca de mi casa y me preguntó: “¿Usted es Andrés Casanova, el escritor?”... ah, de paso esto te demuestra que a mí me mantienen bastante alejado de la televisión, cuando me invitan cada dos años apenas puedo hablar dos o tres segundos... cuando le respondí a la jovencita que yo era Andrés Casanova, me dijo: “Acabo de leerme La fiebre del atún, pero me he leído todas sus novelas. Y me interesan porque hablan de nosotros, las personas comunes y corrientes”. Por esos días traía una novela a medio camino y pensaba dejarla a un lado. Esa noche trabajé hasta la madrugada y la terminé hasta la última página. Porque mi compromiso es con el lector, con nadie más.

¿Cuánto hay entonces de la realidad en la obra de Andrés Casanova? ¿Cuánto de ficción?

Yo diría que mi obra tiene su propia realidad dentro de la ficción, que sube a esa categoría de metáfora de la realidad real para convertirse no en realidad imaginaria sino en realidad necesaria. El ser humano necesita los espejos, no para contemplar su belleza como Narciso sino para darse cuenta de sus arrugas. Es eso lo que buscan quienes me leen mis novelas: la vida que se agita dentro de sus páginas, me lo han dicho. En mis novelas los personajes sueñan no con lo que es sino con lo que pudiera ser, como si estuvieran subidos en un carrusel mirando pasar la vida por los alrededores.

¿Cuál es la frontera entre la realidad y la ficción literaria?

Para mi la frontera entre ambas realidades es la calidad literaria. Porque indudablemente como te he dicho antes, la ficción realidad literaria es una realidad en si misma, con sus propias leyes. Lo que confunde a muchos es que los personajes tienen nombres y algunos aman y otros odian, e incluso muchos de ellos son capaces de odiar y de amar a la vez, de donde los lectores suelen confundirse como una señora muy anciana que yo conocí y que veía aquellos culebrones radiales de Leonardo Moncada. Y cuando él, Pedrito Iznaga o Bejuco Ramírez que eran los héroes quedaban un viernes en un aprieto, aquella anciana que andaba en la vejez extrema echaba a llorar, quejándose de que los pobrecitos hasta el lunes estarían así, pasando trabajo o prisioneros del malo de la aventura. No hay entonces que confundirse ni asustarse porque la vida, como dice el autor de La Guaracha del Macho Camacho, plagie a la literatura. Cuando hay que preocuparse y asustarse es cuando a la literatura le esté prohibido plagiar a la vida.

¿Qué hay de Andrés Casanova en toda su obra literaria y qué no hay?

Tengo algunos alter egos en mis novelas, pero eso les corresponde desentrañarlo a los historiadores de la literatura y no a los periodistas. Yo, sinceramente, trato de no hacerles el trabajo a los demás.

Desde El reloj, ese asesino, hasta La jaula de los goces también hay un ascenso en cuanto al uso de los recursos de las técnicas narrativas, ¿fue el oficio de escribir quien te llevó a ello, fueron las historias mismas lo que te llevaron a ello y entonces las usas como otro recurso del lenguaje para hacerle guiños cómplices al lector, para sugerirle algo?

Lamentablemente, muchos jóvenes escritores que son una real promesa para la literatura cubana no quieren creernos a los que defendemos la necesidad de estudiar técnica literaria como pudiera pasar un curso de zapatería una persona que tiene aptitudes para fabricar zapatos. No me avergüenza decírtelo, he aprendido a escribir durante todos estos años desde el 1980 hasta acá, y no me canso de seguir aprendiendo porque en materia de técnica narrativa nunca se acaba de aprender. Yo no tengo que desgastar mi tiempo inventando procedimientos que ya están inventados, lo que hago es apropiarme de ellos y así ahorro tiempo para inventar mis propias herramientas de narrar. Lo otro que he hecho durante todos estos años, y como tú sabes soy un autodidacta, es leer a los buenos novelistas y a los buenos cuentistas. Eso también me ha enseñado a escribir novelas.

La novela que estás escribiendo ahora mismo, cómo la estás construyendo, a partir de qué presupuestos estéticos y humanos, la historia que quieres contar, los personajes…

Si te contesto esa pregunta seguramente no podría escribir ni una línea más de mi novela. No hablo de mis obras cuando las estoy escribiendo en su primera versión.

Has publicado tanta narrativa que muy pocos te conocen como poeta. Sin embargo, hace años la escribes. Como y por qué la empezaste a escribir. ¿La poesía es una pausa entre novela y novela?

La poesía para mi es una forma complementaria de entrar en la realidad. No es una poesía edulcorante ni melosa, tampoco es una poesía llena de imágenes rebuscadas como ahora se estila. Es una poesía netamente conceptual y tan libre como soy dentro de mi cerebro. Estoy convencido que es esa la razón por la que no se me publica en Cuba, porque puedo decirte que tengo varios poemarios publicados en España y estoy en varias antologías de la península, México, Uruguay y Argentina. Lo que sucede es que yo no pertenezco a los grandes circuitos promocionales de la literatura cubana.

Qué diferencia al poeta del narrador. Qué es un poeta.

El poeta del narrador, cualquier poeta y cualquier narrador, solo se diferencia en la forma de decir. Al final, dice lo mismo la página del poeta X que la pagina del narrador X. Porque cada escritor de uno u otro género no esta haciendo más que representando, que comunicando para decirlo más adecuadamente, sus propias obsesiones. Y cuando hablo de obsesiones no lo digo en el sentido psicoanalítico solamente. Hablo de miedos reales que han surgido previamente de reales sustos.

Tienes ocho libros publicados y muchos aún inéditos, ¿Cuántos?¿Eres un obsesionado con la escritura o te preocupan tantas cosas de la realidad que aún no lo has dicho todo? ¿Cómo te repartes en tus labores cotidianas para producir tanta literatura?

Mira, si me obsesiono por escribir sobre temas cotidianos –aunque como tú lo dijiste antes en esta entrevista, también escribo sobre puras ficciones—es porque nuestra prensa escrita no le dedica demasiada atención a hechos al parecer insignificantes pero que también formarán un día parte de nuestra historia aunque luego se olvide como se ha perdido por ejemplo en nuestra ciudad la leyenda del caballo sin cabeza. Y es que la prensa cubana, la diaria y la periódica quiero decir, por razones objetivas o no, ha dejado de ser “cultural” para convertirse en dogmáticamente “informativa”. No hay espacio allí casi para el arte y la cultura salvo las posiciones oficiales de su director o consejo de dirección. No hay espacio allí para anécdotas al parecer irrelevantes como aquellas que salían digamos en Desapolillando archivos del Juventud Rebelde que reflejaban la vida real y cotidiana del cubano común y corriente, no del que vive inmerso en un mundo alejado de las calles diarias. Y todo esto, me impulsa a escribir esa zona de mi literatura que habla del cubano de a pie, del que hace colas, del que sabe cuantas horas se invierten al día para conseguir a buen precio dos libras de carne de cerdo que le cuestan dos días de su salario, del que ve crecer la cuenta de la electricidad de su casa al extremo que le cuesta la cuarta parte de su salario mientras esa prensa cotidiana le está repitiendo de manera machacona que el ahorro de electricidad con los equipos eléctricos de reciente entrega ha sido significativo. En fin, que si me siento obligado a hablar en mi obra también de esa vida cotidiana es para tratar de que no se pierda la memoria colectiva, aunque por el momento no pueda publicarla. Pero realmente, quisiera no verme obligado a escribir sobre esos temas porque son más propios de la prensa diaria que de la literatura.

¿El escritor es un hombre gritándole al mundo sus oquedades? ¿Qué es un escritor?

Depende cual escritor. Un escritor puede ser un lamebotas o un hombre digno. Un escritor puede ser un ser humano común y corriente o uno que viaja cada semana a Londres y a Paris. Un escritor puede ser un hombre honesto o un mentiroso. Un escritor puede estar dispuesto a defender sus ideas hasta en el fondo de una cueva como pedía Martí o puede amilanarse cuando le amenazan con cortarle los cables de la respiración.

¿Cuál debe ser la misión del escritor ante su tiempo?

Eso mismo. Ser un escritor.

Si te dieran la posibilidad de hablar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, ¿qué dirías?

Que los hombres han estado huyendo de Dios toda una vida porque ellos mismos se creen dioses.



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3- de de 2007

Vida y Obra de Andrés Casanova


  • Premios Obtenidos

    - Primera mención concurso nacional Rubén Martínez Villena, género cuento, 1989

    - Premio del concurso Gilberto E. Rodríguez, género novela, 1993

    - Mención en el concurso internacional de poesía Rosa de Primavera, Baleares, España, 1994

    - Premio Artístico Literario Internacional Catania Duomo, Italia, 1995

    - En el 2001 se le otorga la réplica de la pluma de El Cucalambé, símbolo de la UNEAC en Las Tunas, en reconocimiento a su labor literaria

    - En el año 2002 es incluido en la antología DE CUBA TE CUENTO publicada por Plaza Mayor de Puerto Rico.

    - En el año 2002 obtiene Accésit en el III Concurso Internacional de Poesía sobre la Paz que convocan la Asociación Hispana de Escritores en Baleares y el Grupo Arboleda.

    - En el año 2002 se le otorga el Premio Beca de Creación Gilberto E. Rodríguez por su proyecto de libro de relatos CRÓNICAS PROVINCIALES Y DE OTROS LUGARES

    - En el año 2003 resulta finalista en la VIII edición del Concurso Todos Somos Diferentes, convocado en Madrid, en cuya antología aparece su cuento La voz.

    - En el año 2003 su poema Pasión y muerte de los besos es seleccionado por el Círculo de Bellas Artes de Palma de Mallorca para ser publicado en la antología del II Premio Internacional de poesía amorosa.

    - En el año 2004 recibe de nuevo el Premio Beca de Creación Gilberto E. Rodríguez del 2004 con su proyecto de novela LA FAMILIA YA NO ES SAGRADA.

    - En el año 2004 obtiene Mención en el Concurso Nacional Guaicán de cuentos de ciencia-ficción.

    - En el año 2005 se le impone la Placa Dorada El Cucalambé en reconocimiento a su vida cultural en el año 2005.

    - En abril de 2005 participa activamente en la fundación del Grupo Literario Internacional de Ficcioneros, del que es uno de sus 21 miembros y donde tiene una página web personal.

    - Obtiene el premio en el Concurso por Internet del Ayuntamiento de Benferri en el 2006, y una selección del poemario premiado que lleva por título Zoológico emergente aparece publicada en la Revista Literaria Benferri Número 1 de 2006.
  • Antologías en las que aparece

    - Poesía tunera de hoy, Editorial Sanlope, Las Tunas, 1991

    - Poesía Cubana Hoy, Editorial Grupo Cero, Madrid, 1995

    - Cuaderno de poesía, Editorial Sornabique, Béjar, España, 1996

    - A través del tiempo, Ediciones ALAN, Barcelona, España, 1996

    - De Cuba te cuento, Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002

    - II Premio Internacional de poesía amorosa, Círculo de Bellas Artes de Palma de Mallorca, 2003

    - Ediciones del Concurso Todos Somos Diferentes, Madrid, 2003
  • Labores como promotor cultural

    Desde 1990 viene dedicando parte de su tiempo a la promoción literaria de los escritores de su generación, fundamentalmente los que crean su obra desde Las Tunas. En este sentido, participó en proyectos con la Casa de Amistad Uruguay-Cuba, el grupo literario Arboleda de Baleares en España y la Agrupación Literaria El Sornabique, así como con las revistas de las que fue corresponsal: Amaru de Argentina y Grupo Cero en España.
    Mantuvo vínculos con la Fundación Max Aub, con sede en la valenciana ciudad de Segorbe, provincia Castellón. En este sentido, fomentó el conocimiento de la vida y la obra de Max Aub en Cuba, partiendo de su promoción en Las Tunas. Este proyecto tuvo su punto culminante con la presencia de dos representantes de dicha agrupación cultural en la Feria Internacional del Libro de Las Tunas 2002. Ha impartido conversatorios y conferencias sobre el escritor valenciano en diversas instituciones culturales y educativas de la ciudad.
    Fue responsable de Relaciones y Canje de la revista Quehacer, que fue promovida por él entre diversas agrupaciones culturales y revistas especializadas en el extranjero.
    Estuvo elaborando un resumen de concursos internacionales que enviaba por correo electrónico cada mes a todos los especialistas literarios de los municipios tuneros, al Centro Provincial del Libro y a la Casa Iberoamericana de la Décima.
  • Actividades de enseñanza literaria

    - En el año 2002, en coordinación con la UNEAC y el Centro Provincial de Superación para la Cultura impartió un curso de 11 encuentros para escritores noveles con los objetivos de iniciar al futuro escritor en el conocimiento de algunas técnicas necesarias para la composición de obras narrativas, y también ofrecer indicaciones acerca del análisis crítico del cuento y la novela.

    - En el año 2003, en coordinación con la Biblioteca Provincial José Martí y la UNEAC, impartió un taller de apreciación de la literatura que tuvo un total de 12 encuentros. En ese propio año impartió un Taller de Creación Literaria de 8 encuentros en coordinación con el Centro Provincial del Libro y la Literatura.

    - Ha impartido además conferencias a miembros de los talleres literarios El Cucalambé y del Preuniversitario Vocacional de Ciencia Exactas.

    - Actualmente, desde febrero de 2007, comparte la cátedra de Narrativa junto con los escritores Juan José Rodríguez que imparte Dramaturgia, Ramiro Duarte que imparte Poesía y Alberto Garrido que imparte Crítica Literaria, en un curso auspiciado por el Centro Provincial de Superación para la Cultura dirigido a especialistas de literatura y escritura en la especialidad de Técnicas Literarias.



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Imágenes & Pensamientos: una exposición de pintura virtual del artista plástico Alexei Camilo con textos de Andrés Casanova


. ACERCA DE

casanova

Andrés Casanova (Las Tunas, 1949). Narrador, poeta y crítico literario. Escritor de libretos radiales dramatizados y de guiones para cine y televisión. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Fue seleccionado al premio artístico-literario Catania Duomo 1995 auspiciado por la Academia Ferdinandea de Ciencias, Letras y Artes con sede en Italia. Aparece reseñado en el Diccionario Biográfico Internacional de Cambridge, Inglaterra. Es miembro del Consejo de Consultores del Instituto Biográfico Americano (ABI) con sede en Carolina del Norte, Estados Unidos.

. PUBLICACIONES


Punta Martinas
1982


El reloj, ese asesino
1991


Pequeñas historias
memorables
1994


Hoy es lunes
1995


Tormenta tropical
de verano
2000


Las trágicas
pasiones de
Cándida Moreno
2001


La jaula de los goces
2001


Las nubes de algodón
2005


La fiebre del Atún
2005


No somos
aquellos niños
2007


La Jiribilla
Lléguese a este sitio para obtener la revista digital cubana La Jiribilla

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Este es el sitio de toda la cultura tunera

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Letras Uruguay
Letras Uruguay en Espacio Latino es una página dedicada a la difusión de la literatura y los escritores sin importar la nacionalidad. Dirigido por Carlos Echinope

La manía del poema
Poemanía, la manía del poema: una hoja literaria virtual editada por Piero De Vicari

Mapuche
Mapuche: una revista literaria sin lujos ni detalles editada por Osvaldo Risso Perondi

Ana Martin
Si desea conocer a la pianista cubana Ana Martin entre a su blog aquí

www.escritores.org
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Arbol Invertido
revista literaria sin fronteras fundada en febrero de 2005, es obra personal de los escritores Ileana Álvarez y Francis Sánchez

Florián Rey
página relacionada con la jornada de cine que se celebran en La Almunia, Zaragoza, España.

La manía del poema
donde se pueden obtener todos los números de POEMANÍA, la manía del poema…, hoja literaria de aparición virtual editada por Piero De Vicari

Revagliatti
Página del escritor Rolando Revagliatti

Alternativas
semanario Latinoamericano de Contrainformación con noticias culturales y de interés general como una alternativa para el conocimiento más cabal de esta región

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suplemento de artes y letras de HispanicLA editado por Manuel Gayol Mecías y dirigido por Gabriel Lerner

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