1- de de 2010Boletín Literario del Año II-Nº 1
Noticias Literarias * Año II-Nº 1 NOTICIAS SOBRE EL MUNDO ARTÍSTICO- LITERARIO
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http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php y una vez allí, “hacer click” sobre la expresión “Ingresar Comentario”.
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Y como sin el amor resultaría imposible vivir con tanta incomunicación, desde la
pasión sin nombre donde aguardo surgen destellos de tanto amor como el acumulado
allí en las mayores reservas del amor que tiene el mundo y es así como puedo
sentir AMOR LO QUE SE DICE AMOR: Me muevo entre mis versos y el mundo desde la intimidad parafraseada, tratando
de no vivir ya de eufemismos que tanto nos dañan la vida. En esas ocasiones
quien aparece es EL TIEMPO CONMIGO: En ciertas oportunidades, los reyecitos bajo los escombros nos quieren voltear
la vida de revés, pretenden colocarnos las cadenas en la lengua o exigen
venganza desde sus planillas. También suelen ser homúnculos aunque con el poder
del chantaje, de ahí su real peligrosidad. Es ahí donde aparece para cualquiera
que los sufra LA NIEVE: Desde mi experiencia como cristiano, sin religiosidad alguna y a veces hasta
irreverente, anticlerical por completo, sin embargo voy BUSCANDO LA VERDAD: Finalmente, le dije a mi auditorio algunos poemas a mis ciudades, porque
realmente muchas tengo, una por cada amigo que en el mundo espera mis avisos
electrónicos. Y sin salirme de esa proyección universalista, cerré el recital
con las SIETE CIUDADES AL SUR DE MI DESTINO: Para sorpresa mía, como regalo por mi recital, recibí estas dos décimas del escritor tunero Over Caballero, en el sobreentendido de que me encontraba en la misma oficina que estuve durante 20 años como una obligación nada literaria y de la que al fin puedo desprenderme para siempre, con el propósito de dedicarme por entero al mundo creativo:
I Hasta ahora, no me ha llegado ninguna colaboración para esta sección que, dije
en otra oportunidad, tiene el propósito de albergar cuentos brevísimos o como se
dice ahora, “minicuentos”, en los que el tema central sea la niñez pero enfocado
hacia ese niño o esa niña que un día será mayor y nos sustituirá en este mundo
como persona mayor por lógica temporal. Mientras tanto me llegan las
colaboraciones deseadas, iré agotando los cuentos que con tal temática he ido
construyendo en mi taller de fabricar historias. VITERVO Vitervo Sánchez ha salido bien temprano de casa, luego de haber golpeado a su
perro. Cada mañana cumple este ritual, de manera que el animalito ha dejado de
hacer sus hediondas necesidades en las habitaciones del apartamento. Bueno, en
realidad ya el animalito se traga las necesidades porque a Vitervo no le queda
tiempo vital para sacarlo hasta el parque aledaño.
_______________________________________________________________________________________________ Tengo realmente gran cantidad de colaboraciones esperando porque yo comparta el
blog con ellas, compromiso que tengo con mis amigos, y lo haré desde luego de
manera oportuna. Sin embargo, no quería recargar este primer número del 2010 y
decidí limitar la cantidad a 5, no porque sea un número particular sino porque
estoy buscando que mis noticias resulten en realidad leídas a sabiendas de que
corren tiempos feroces contra el tiempo: todos nos miramos la uña izquierda del
pie derecho solamente, y ya no queremos saber siquiera del ombligo. Así, sepan
entonces los no incluidos en esta oportunidad (que no “excluidos”) que lo hago
por protegerlos y que pronto saldrán sus ficciones en estas páginas. Carlos Esquivel
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________________________________________________________________________________________________ Escritor cubano residente en Chicago, publica artículos regularmente en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la escuela Cultural Exchange. Fue asesor de la Prueba de Eficiencia de Español creada por Riverside Publishing. Sus novelas Habana Soterrada, Memorias de una Bodega Habanera, Descargue cuando Acabe, Mariquita, Todas las Ausencias y Bajo las Olas, y su libro de misceláneas Los Riesgos del Neófito están disponibles en http://www.amazon.com para los lectores interesados. Por más de dos años, él y yo formamos parte del Grupo Literario por Internet Ficcioneros, y de ahí nació entre nosotros esta amistad aunque no nos hemos visto jamás.
__________________________________________________________________________________________________ París, nuestro París, si me permites la apropiación, se convertía por segunda vez en la ciudad donde se definía mi vida. ¿Qué hacer?, me preguntaba frecuentemente en ese viaje propiciado por un año sabático cuyo razón se suponía que fuera Marguerite Yourcenar y no Brian de Vito. Mientras redactaba mi siguiente trabajo sobre ti, sin adivinar que sería el último, pensaba en la decisión que tendría que tomar en los meses venideros. En la cena de Navidad, que mi hijo había planeado con antelación, tendría que decidir entre rehacer un matrimonio fraguado treinta y tantos años atrás en las márgenes y los puentes del Sena, que ya no ofrecía sino más de lo mismo, o continuar solo y con los ojos abiertos. ¿Qué hacer?, me repetía caminando por las riberas del Sena, regocijado de mi regreso, como si estuviera de nuevo acompañado por Helen. ¿Qué hacer?, me decía, ¿es que se pueden mantener los ojos realmente abiertos más allá de unos segundos? Aún no estaba seguro, pero la realidad era que tú ya tenías la respuesta. Y no es que la tuvieras, siempre estuviste predispuesta a tener sólo objetos útiles o significativos, quizás porque ya estabas o te dirigías hacia donde no se necesita nada porque se es todo. Estoy seguro de que en esa época ya habías empezado el proceso de convertirte en tu respuesta. __________________________________________________________________________________________________ Carlos Almira Picazo __________________________________________________________________________________________________
Aunque alejados en distancia (aunque advierto que
generalmente las distancias geográficas son relativas),
encontré en
http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php
este breve cuento de quien se nos presenta como Doctor en Historia por la
Universidad de Granada y nacido en Castellón de la Plana, España, en 1965.
Declara ser autor de una novela en papel: Jesús, Editorial Entrelíneas, Madrid,
2005; de un ensayo en papel: ¡Viva España! El nacionalismo fundacional del
régimen de Franco (1939-43), Editorial Comares, Granada, 1997; de una novela en
formato digital: Todo es Noche, Prometeus mdq, abril 2007; y de un centenar de
cuentos y ensayos, publicados en diversas revistas literarias. Aunque como digo
acabo de conocerlo por la red electrónica, me es un placer dárselos a conocer a
ustedes con este texto narrativo.
MARIO Y EL GATO
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Parque. Amplio espacio donde brotan árboles, bancos, niños. Lugar donde la gente
se sienta sin prisas a ver como la vida se marcha. ¿Y esto es un parque? Aquí
todos están de paso, apresurados, atentos a los autos que cruzan veloces,
maldiciendo su suerte. Una estatua ecuestre del Quijote y unos banquitos tristes
no hacen un parque y además… Que conste que a mí la estatua no me parece tan
mal, pero para Ricardo es poco menos que un adefesio, o al menos lo era aquel
día de agosto con su sol de justicia satánica. En su opinión (en este aspecto no
creo que haya variado desde entonces) no hay un escultor cubano capaz de hacer
algo medianamente decoroso. Todos son unos mediocres –afirma–. Falta talento,
imaginación, sentido de las proporciones. Ahí, Ricardo comienza una disertación
sobre los estilos modernos, salta de la escultura a la pintura, la arquitectura.
El acueducto de Albear, el túnel de la bahía, algunas cosas del Capitolio,
Carlos Enríquez y Lam, para de contar, el resto es pura bazofia. Yo me callo por
no llevarle la contraria y porque Ricardo se ha pasado la vida leyendo cuanto
libro de pintura, escultura y arquitectura cae en sus manos, y lo cierto es que
sabe un mundo al respecto, mientras que yo confundo el clasicismo con el art
decó, el surrealismo con el eclecticismo y en general me pierdo entre tantos
ismos que no consigo diferenciar. Ricardo sigue despotricando contra el Quijote
mientras yo miro la estatua y me imagino que un huracán la arranca y la hace
volar por las calles de La Habana, que la levanta sobre la bahía y acaba
depositándola sobre la Catedral.
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![]() 1- de de 2010NOVELA POR ENTREGASNOVELA POR ENTREGAS La otra habitación © Andrés Casanova Derechos reservados en exclusivo, sin compromiso editorial alguno. Prohibida su reproducción en cualquier forma conocida o por conocer sin la autorización escrita del autor. Derechos protegidos por el autor.
Capítulo 2 Regreso al hotel bien tarde, quizás las dos de la madrugada o algo así. En la habitación vecina el hombre y la mujer entrechocan vasijas de cristal contra una botella. Escucho claramente el tintinear del vidrio y las risas alegres de la pareja; antes de accionar el conmutador del aire acondicionado oigo algunas palabras aisladas del hombre y luego empiezo a desplazarme por mi habitación, con la euforia propia del escritor que está a punto de firmar un jugoso contrato con una importante editorial. Sentado en la cama, desnudo el torso, sin zapatos ni calcetines, la temperatura no tan baja como en el instante de mi entrada aunque fría según mis costumbres, siento deseos de ir hasta la puerta divisoria. Si estuviese en uno de aquellos hoteles antiguos, como los que utilizaba cuando mi posición económica no me permitía otra alternativa, habría tenido a mi disposición un agujero disimulado por un taco de papel sanitario comprimido. Aquí no hay posibilidad para tal trampa propia de voiyeristas: las puertas son nuevas e impiden a los ojos penetrar los secretos de los vecinos; en cambio, las palabras atraviesan las paredes y ya estoy de nuevo escuchando. Suena el timbre del teléfono con su aviso ronco y amortiguado; lo atiende la muchacha, revelando su nombre: Estrella. Contesta amable, casi de una forma amorosa y confidencial. Bajará de inmediato; pide que le repitan el número de la habitación y cómo desea que vaya vestida. Me voy a la cama con el ánimo fogoso, la sangre ardiente, la soledad comiéndome las entrañas y a punto de estallar las ganas de tener a Estrella conmigo, quitarle una a una sus prendas de mujer complaciente y pasar el resto de la madrugada dentro de su vida. Imagino al supuesto marido de Estrella sentado en una butaca de cuero acolchado fumando con calma el cigarrillo mientras ella sale dejando en el ambiente su inconfundible perfume. Decididamente, he perdido el sueño. No acostumbro a dormir fuera de mi casa con frecuencia, pues de tal manera me he acostumbrado a las pequeñas comodidades hogareñas de mi residencia cálida y silenciosa (el jardín interior sombreado con frutales que recorro al trote cada mañana con el propósito de restaurar mis herramientas de narrar porque mientras trabajo con ellas pierden el filo o sufren alguna melladura; la presencia de dos mujeres como de la familia que cumplen las obligaciones domésticas en silencio en horas de la mañana; los alimentos colocados a mi paso para que no me distraiga con futilidades tales como pedir un jugo o un bocadillo durante mi caminata habitual por el interior de la casa dictando a la grabadora algún capítulo espeluznante o aterrador) que me molestan el olor a resina de pinos del lavabo, la dureza almidonada de las sábanas y el bullicio de los vehículos de esta ciudad que apenas duerme. Al día siguiente modifiqué mis planes: en lugar de ir donde mi agente literario en horas de la tarde, decidí visitar a Espinosa. Me atendió como en mis años juveniles, cuando me hospedaba en su vieja casa porque jamás resistí la vida hacinada y bulliciosa de los cuartos en los edificios para estudiantes. Primero nos vimos en el apartamento de la calle Fragancia y luego de soportar sus efusivos abrazos, saludé a toda la familia. Los niños como siempre me acribillaron a preguntas, tratándome con la confianza que permite a los más pequeños recostarse contra las piernas de los mayores mientras nos miran desde su infancia entre irreverentes y admirados. La madre de Espinosa, autoritaria, ordenó a su nuera traerme café; advertí que ésta fruncía los labios en un mohín de disgusto y mascullaba entre dientes una palabra obscena. Acababan de comer, me dijeron; si quería, podían calentar para mí unas carnes con papas y una buena cantidad de congrí. Rehusé entre risotadas tanto de Espinosa como mías; cinco años antes aquellos restos constituían para ellos un banquete al día siguiente; ahora en cambio los lanzaban a la basura, aclaró Espinosa brindándome de sus cigarrillos. Al poco rato llegó el hijo mayor; la alegría de verme se tradujo en apretones de sus manos cual tenazas acostumbradas a operar un equipo pesado de la construcción. Apenas se sentó, hizo que uno de los hermanos menores fuese a la cocina en busca de café para él. Traía una noticia de las que yo considero fabulosas para mis novelas. En el vertedero donde trabajaba habían aparecido dos cadáveres; así lo dijo, sin detenerse cuando bebía el café y tomaba uno de los cigarrillos del padre. Le pedí explicaciones y primero pensó unos instantes, como indeciso, antes de responder. Eso; dos cadáveres. Los obreros revolvían con sus palas en horas del mediodía una de las montañas humeantes, como era habitual, buscando algo aprovechable; él mismo, en una oportunidad, había hallado un ventilador sin aspas aunque con el motor en buen estado y en otra ocasión encontró un saco herméticamente cerrado en cuyo interior descubrió una ametralladora y cuatro pistolas. De momento, una de las palas de los obreros tropezó con una masa compacta, endurecida y blanda a la vez; un rostro picado por las hormigas, unas ropas hechas jirones, otro rostro inflamado y unas carnes a punto de desprenderse de los huesos, fueron puestos al descubierto cuando entre todos terminaron el trabajo. El hijo de Espinosa perdió fondo a partir de este momento en su historia, entreverándola con todo tipo de suposiciones. Resultaba desbordante su imaginación como otras veces que me había contado estas anécdotas del bajo mundo en la capital habanera; raptos de niños, violaciones de jovencitas por diez o doce asaltantes, suicidios de familias completas, eran sus temas predilectos. Yo siempre he pensado que él fantasea para ofrecerme materia prima destinada a mis novelas y por tal motivo tomo sus palabras con una parsimonia realmente impropia de mi carácter: en mi vida cotidiana, suelo reaccionar con repugnancia ante hechos violentos, a pesar de que mis amigos personales y los enemigos literarios me han acusado más de una vez de sádico porque en mis novelas, dicen, la sangre se huele entre las líneas impresas. Después de unas horas de conversación y de haber terminado de beber el contenido de una botella verde con un licor escocés de calidad bastante aceptable, atravesamos a pie la plaza de España acalorados y alegres. A pesar de la oscuridad reinante, al acercarme a la calle Gibraltar fui rememorando cada muro de ladrillos sin repellar, cada charco de inmundicias, cada depósito de basura revuelto por los perros callejeros: todo esto me llevaba a recordar mi juventud de estudiante una veintena de años atrás, cuando aprendí un teorema que me había ayudado a descubrir la forma de resolver lo más difícil en la vida: cómo escalar hasta una altura desde la cual la lucha por la subsistencia no atenacen el estómago ni la mente. Espinosa, hijo del mejor amigo de mi padre durante sus años de luchas sindicales, me enseñó el método de solución general de problemas complejos en el transcurso de varias noches de conversación en aquella misma sala con mosaicos dispuestos en forma de tablero de ajedrez donde nos hallábamos ahora recordando las noches de intensa conversación sobre los problemas más complejos que planteaba la vida durante los años de mi juventud en que nuestra generación se dividía entre los que adoraban a los Beatles y quienes soñaban con convertirse en guerrilleros como el Che Guevara. Espinosa, su hijo y yo, con nuestras historias volvimos a llenar la sala de gente bulliciosa, jóvenes casi todos, melenudos algunos y otros con el pelo cortado hasta límites variables. Durante aquellas reuniones de los tiempos pasados, hablábamos a veces sin respetar la palabra de otro, vehementes y hasta furibundos. Nos resultaba inadmisible pertenecer a una minoría, casi todos artistas: músicos, pintores y amantes de la literatura. También había algunos representantes de especialidades técnicas aunque a todos nos unía un factor común: nos sentíamos aplastados por los convencionalismos ideológicos de la izquierda marxista gobernante a todos los niveles en Cuba durante aquella etapa. El hijo de Espinosa entonces era apenas un niño como sus hermanos ahora pero recordaba aquellos encuentros. Allí nos reuníamos los estudiantes que pugnábamos por graduarnos un día para, según pensábamos, servir mejor a la humanidad. Espinosa, profesor universitario entonces, aceptaba las tertulias con cierta resignación. Mantenía alquiladas de manera clandestina cuatro habitaciones en la enorme casa heredada al morir el padre porque el dinero de la renta unido al salario le permitía si no una vida muelle al menos relativamente holgada; eran tiempos de crisis aunque el dinero poseía un valor decente. El hijo de Espinosa iba creciendo y éste comprendía que las tertulias olían a pólvora. Las canceló con uno de sus ucases característicos: se acabó, no quiero más reuniones en mi casa. Sólo quedé yo como inquilino, ocupando el cuarto del fondo en una de cuyas paredes había escrito durante una de mis borracheras de palabras y poesía el siguiente grafiti: “God, also saves to the world but me”. El cuarto donde estudié asignaturas como Teoría General del Arte, Lenguas Romances e Historia Comparada de la Cultura, que de nada me habían valido para servir a la humanidad. Después vinieron las noches de íntimas conversaciones entre Espinosa, su hijo, su esposa y yo. Fueron las noches más importantes de mi vida porque en ellas aprendí la forma de resolver cualquier tipo de problema complejo. El hijo de Espinosa me trae de nuevo al presente preguntándome si abría otra botella. Miré los mosaicos que imitaban un tablero de ajedrez sintiéndome indeciso; su historia sobre los dos cadáveres encontrados en el vertedero donde trabajaba me mantenía en vilo, comprendiendo que no sólo en mis novelas ocurrían asesinatos; los recuerdos de Espinosa me llevaban a un pasado no tan glorioso como yo mismo lo soñara mientras lo vivía y ejercían en mi ánimo una especie de inquietud por el destino del Universo. Yo sólo deseaba entrar de nuevo en mi antigua habitación para recordar mi frase favorita: “God, also saves to the world but me”. Después solicitamos un taxi y casi de madrugada regreso a mi habitación; me siento eufórico gracias a la cantidad de ron bebido.
Tentado de descolgar el teléfono y comunicarme con la habitación vecina me sorprendo levantándome de la cama. Tendría mucho que decirle a cualquiera de los dos, pero si se trataba de la muchacha podría utilizar ventajosamente la información obtenida en horas de la mañana, cuando conversé con mi viejo amigo Jorge Verdecia, ahora flamante barman quien no por haber pasado de botones a tan ventajosa posición dentro del hotel (además de generosas propinas, tenía la posibilidad de recibir encargos confidenciales de cuantos querían correr una aventura lejos del hogar: artistas, empresarios, gerentes de firmas extranjeras y toda una pléyade de personajes célebres en la vida galante capitalina) dejó de tratarme con la familiaridad a que me tenía acostumbrado. Jorge Verdecia en ocasiones se detenía frente a mí, mientras secaba un vaso o preparaba uno de sus tragos especiales. Su frente brillante y la piel negra le daban un lustre de boxeador retirado; en realidad, más de uno lo confundía con un excampeón del mundo pugilístico y eso le valía que los extranjeros lo llamaran Kid Cofee, mote que aceptaba entre orgulloso y resignado. Estrella apenas rondaba los catorce años, me dijo en tono confidencial; era toda una nínfula apetecible y cremosa. Su nombre verdadero no era Estrella: éste era una especie de seudónimo con que encubría las aventuras sexuales de las que participaba con frecuencia en el hotel. El hombre, Omar Rodríguez, primero se sometió a un romántico noviazgo con ella y luego la desfloró en una posada. Al menos, afirmaba Jorge Verdecia mostrándome sus dientes sanos y fuertes, eso le había contado el propio Omar una noche de borrachera solitaria, celoso porque su nínfula había ido a acostarse con un artista español bien parecido, casi tan joven como ella, sin contar con su autorización. Camino hasta la mesa donde se encuentra el teléfono y lo descuelgo; sin embargo, no llego a realizar la llamada que me proponía porque oigo cerrar bruscamente la puerta de la habitación vecina y una voz de mujer prorrumpe en una risa estridente. Escucho, pegado contra la puerta, un golpe seco como de una mano al caer contra la cara. El hombre le habla violento: que dejara de joder y le entregara los dólares.
Si desea ver el blog completo, vaya a la dirección http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/all.php Enlaces y sitios donde puede obtener más información sobre el autor: http://sites.google.com/site/sigloxxiliteraturaypoesia/Home/poesia-y-narrativa-2/andres-casanova-1 http://sites.google.com/site/sigloxxiliteraturaypoesia/Home/poesia-y-narrativa-2/andres-casanova http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/casanova_andres/index.htm http://danielmontoly.blogspot.com/ search?q=ANDRES+CASANOVA http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Casanova
![]() 1- de de 2010Boletín Literario del Año I-Nº 3Noticias Literarias del escritor Andrés Casanova Las Tunas, Cuba * Septiembre de 2009 * Mes del inicio del curso escolar en Cuba * Año I-Nº 3 NOTICIAS SOBRE EL MUNDO ARTÍSTICO- LITERARIO Los viejos amigos vuelven a encontrarme y yo vuelvo a encontrarlos a ellos, podría ser el saludo inicial en esta nueva actualización de mi blog con las que me he propuesto seguir dándole cabida a la más variada creación literaria y artística en general. Y es que en agosto pasado, al llegar a la sede de la UNEAC en nuestra ciudad me encontré con Yoel Almaguer acompañado de su esposa. De este artista plástico tunero y cubano radicado en España, me quedan ilustraciones para algunas de mis obras, el recuerdo de las conversaciones de cuando compartíamos tertulias y desde luego, saber que ahora continuamos en la misma línea (electrónica) como blogueros. También por estos días, gracias a la intervención de Delfina Acosta, he recuperado comunicación con Ramón Leonardo Sosa Azuaga (o más propiamente Moncho Azuaga), paraguayo que allá por los inicios de la década del noventa del siglo pasado dirigía la revista Cabichu’i en la que yo publicaba mis poemas; ahora Moncho continúa en activo en Asunción en la docencia, el teatro callejero y la asesoría a la Secretaría de Cultura. Y desde luego, Francisco Jiménez Fuenmayor a quien cada vez que deseo reencontrar releo su edición de El ñaque del gaznápiro y redescubro en sus textos el aliento de aquella Barcelona que bullía en la mente del poeta durante el tiempo de la escritura, las gente que ama, en fin, los recuerdos imborrables de su vida.
DONDE SIGO HABLANDO DE LA POSIBILIDAD DE EMPRENDER UN TALLER LITERARIO GRATUITO Continúo pensando en promover desde este blog un taller literario abierto, democratizador y desmitificador de la literatura, de manera que existan dos niveles de talleristas: 1º Los talleristas libres, que serían aquellos que de manera anónima seguirían el curso sirviéndose de los textos que se elaboren para este blog y otros medios. 2º Los talleristas seleccionados por mí, para lo que seguiré determinados criterios de evaluación pre-establecidos.
Yo estoy invitando desde este momento a quienes visitan mi blog (también me dirigiré en su oportunidad a algunos de manera individual para invitarlos especialmente) y son escritores de experiencia a integrarse conmigo a este proyecto como profesores-guías o más bien como facilitadores, los que: a) Discutirían conmigo el programa completo que yo propongo, y acordaríamos por consenso la modificación o corrección del mismo. b) Dirigirían y asesorarían el trabajo de entre 3 y 5 talleristas seleccionados, los que les serían indicados por mí para lograr una mejor organización del trabajo. c) Realizarían todo su trabajo de manera absolutamente gratuita y por correo electrónico.
El programa que me propongo desarrollar estará formado por 11 lecciones:
LITERATURA.MAIL-ART/envíos de casanova.net COMO HE RECIBIDO GRAN CANTIDAD DE SOLICITUDES Y ME ES ENGORROSO ENVIAR POR MAIL MI NOVELA La otra habitación, COMIENZO DESDE HOY A PONER FRAGMENTOS DE LA MISMA EN MI BLOG PARA REVITALIZAR AQUELLA ANTIGUA COSTUMBRE DE LAS “novelas por entregas” TAL COMO ESTÁ HACIENDO MI AMIGO LORENZO LUNAR EN SU BLOG PERSONAL. EL RINCÓN DE BENFERRI Quienes deseen colaborar con esta sección, pueden dejar sus textos en la dirección siguiente: http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php Les recuerdo que el tema general de estos cuentos de ficción debe ser la niñez en general y no deben exceder de los dos folios en formato DIN A-4. En esta oportunidad comparto con ustedes la ficción ESTIMADOS ENEMIGOS, que trata de responder a la preguntar: ¿qué sucedería si los niños pudieran emplazar a los padres que los maltratan?
ESTIMADOS ENEMIGOS:
En un principio, no creí conveniente dirigirles esta nota. Sin embargo, las propias razones expresadas por ustedes ante el Ministro de la Infancia, mi padre, me obliga a clarificar posiciones. Me refiero al cumplimiento de los estatutos sobre el tratamiento a la niñez. Según don Félix, sería impracticable mantener dentro de límites más amplios los derechos de Angelín, su propio hijo, porque dos nalgadas ligeras no dañan a nadie incluso cuando los dedos queden marcados en la piel. Don Carlos opina con mayor severidad: la correa debe aplicarse a la menor violación, de manera que el temor sea la nota predominante en la psiquis del infante; al menos, así procede él con Carlín. En el caso de don Vidalitos Costell, emérito profesor de la Universidad Central de Catalamarca, como no tiene hijos (aclaro de paso: tampoco tiene madre), el látigo lo aplica por el método verbal con su lengua de la cual no puede afirmarse que sea viperina, sino putrefacta. De esta reunión que sostuvieron con mi padre tan dignos integrantes del Consejo Asesor del Ministro, surgieron tres acuerdos: encargar al viceministro de compras que determine las vías más expeditas para adquirir correas de la más alta calidad; ordenar que los padres usen guantes de hierro cuando vayan a impartir justicia por medio de nalgadas; y taponar la boca de los hijos llorones con cinta adhesiva reforzada con espinas. Señores, mi comportamiento hasta ayer podría decirse que fue ejemplar. Jamás había explotado en llanto cuando no me compraban un juguete ni me quejé en ocasiones en que me prohibían comer caramelos. Ayer mi padre cuando llegó de la reunión con ustedes lo primero que ordenó fue que me colocara en medio del jardín y me bajara los pantalones. Armado de látigo y guantes de hierro, me advirtió que para prevenir mis futuras indisciplinas me iba a aplicar el consejo terapéutico de ustedes.
COMPARTIENDO EL BLOG CON MIS AMIGOS Hoy corresponde el turno a la poesía, para lo que he invitado a un grupo de amigos a acompañarme a partir de mi texto Tigres o lámparas que forma parte de la novela que tengo en fase de escritura.
TIGRES O LÁMPARAS
Tigres o lámparas que sueltan las amarras en las campanas heridas sin justicia si las paredes cambian de verdad. Pared contra pared los gallos cantan como tigres o lámparas que alumbran las amarras de la lluvia. Sin mirar hacia atrás y sin tigres ni lámparas. Andrés Casanova
AQUELLA
QUE TE AMÓ Delfina Acosta
¡OH, VOZ!… DIME, ¿A DÓNDE VAS? ¡Oh, voz!… ¿Por qué me atormentas hasta el morir anestésico cortando mi piel ya vacía por desiertos iracundos, royendo mi conciencia convertida en jaguares, en tormentas de etnias emergentes hasta la exultación, si esculpida por infiernos voy en vuelo feroz de un ave rapaz?
¡Oh, voz!… ¿Por qué abates mi alma entre graznidos de agitadas esferas irritando arenales fecundos, partiendo al orbe incierto y a trópicos baldíos distanciados por el sol?
¿Es que acaso la robustez curva de tu acervo hoy ha tañido montañas para ser mi razonar en útero?
¡Oh, voz!… Hoy tu viento juega y lucha hasta el morir, rescatando cuerpos chamuscados de negras cabelleras como olas a barcas solitarias abandonadas a la mar abierta y sin más amparo que la ley en aberrante mutismo.
¡Oh, voz!… Vas como el tiempo arrebatado por cielos desolados, dejándome caer en raudo vuelo, simulando cataratas entregadas a la vida como último aliento de un sol en retirada.
¡Oh, voz!… ¿Por qué infiernos aquietas para darme el peso del nirvana en danza feroz, obligando a enclenques guadañas batirse en duelo con la muerte?
Dime…, pero dime por qué Dime, ¿a dónde vas con tanta prisa? si tu lucha es mi derrota, y el vacío iluminador, piedra del barro? Gloria Dávila Espinoza
ORACIÓN POR EL AHOGADOIntermediaria la madera, el mar propone otra aventura, marinero. Tú lo olvidaste. Ahora, misionero de la muerte, decides convocar la vida. Lo olvidaste al levantar el ancla, pero el tiempo, bandolero sin rostro, puede más que el carpintero y el árbol. De nada vale nadar líquido el aire, la madera inclina el pecho a las columnas de agua. Todo cae. Un cuchillo de luz despedaza un trozo de cielo. Tu cuerpo termina como anzuelo. Algo nos duele. No hay modo de salvarte. Lejos, un barco pasa. Carlos Téllez Espino
CANTO DE MÍ MISMO No me llamo Walt Whitman, es bueno que así lo sepan. He visto como endurece la infancia, entre el sesgo y los gallos que en mi negrura beben. Soy quien alza su banderola al hervor de un cosmos de hontanares y siervos. Para darme captura en este oficio absurdo de ser el único, de no ser furiosamente el viejo Whitman, he de existir como una buganbilia, acostumbrándome a un nombre que cesa y se extravía, a un nombre caliente, aferrado al labio y al agua, a los pájaros que arrastran mi juventud por el humus. Pero no soy el viejo Whitman; a penas si conozco la bruma del que escribe, el cuchillo nocturno entrando en algún barco de espera. Pero me canto y me celebro, después de todo, Manhattan y Walt Whitman son los simples nombres que no supo mi madre. Carlos Esquivel
RITUAL PARA LOS OJOS VACÍOS ¿Acaso soy extranjero al umbral donde he nacido que tengo el rostro perdido como perdido el dinero? ¿Acaso soy marinero náufrago en la multitud de vidrieras? ¿Un alud ante la verde muralla ambigua y mordaz que estalla al fondo de mi ataúd? Luis Mariano Estrada
Letanías del pez Soy el pez, transcurro entre las aguas de un mar que en mi dolor invento, lejos de la arena, del cardume, de aquellos que en la espuma recortaron sus aletas. Mi cuerpo no conoce de corrientes, ignora la mentira del anzuelo, no sabe del azul que en las escamas se difunde. Reinhardt Jiménez
Conjeturas ¿Qué será de la sombra dónde lloro este mañana con temblor de sismo? ¿Acaso el resplandor del optimismo que de la juventud nazco y afloro me llenará de luz, si la tristeza penetra por mis ojos apagados? ¿Cantaré con pasión a la belleza que defiende los sueños ya cantados? ¿Tendré la pequeñez de la grandeza que tienen los poetas olvidados?. Adalberto Hechavarría Alonso
Sobre estos poetas, digo que: Delfina Acosta ya ha publicado cuento en este blog y nació en Asunción, Paraguay, en 1956: es poeta y narradora y además, columnista del diario paraguayo ABC Color. En tanto que Gloria Dávila Espinoza reside en Perú y el poema que he seleccionado para esta edición pertenece a Kantos de Ishpingo, poemario que constituye una “…representación dolida y personal de las laceraciones sufridas por la naturaleza de la selva peruana…”, según el decir del crítico y presentador de su libro Ricardo Ayllón. En cuanto a Carlos Téllez Espino, cubano nacido en 1960 en Las Tunas, es poeta, guionista y director de programas radiales y de televisión. Sobre Carlos Esquivel (http://www.tunet.cult.cu/literatura/carlos-esquivel/) reside en Colombia, Las Tunas, nació en 1968 y su literatura ha viajado más allá de las fronteras cubanas. También en esta misma ciudad residen Luis Mariano Estrada Segura (http://www.tunet.cult.cu/literatura/lewis/), nacido en Guáimaro en 1963, y es graduado de Lengua Inglesa; y Reinhardt Jiménez Cañete (http://www.tunet.cult.cu/literatura/reninha/), nacido en 1975, graduado de Ingeniero Eléctrico. Adalberto Hechavarría Alonso (http://www.tunet.cult.cu/pagsec/municip/majibacoa//personalidades/adalberto/index.php) nació en Omaja, Las Tunas, en 1956 y es profesor de nivel medio y superior. Me regocija tenerlos a todos como amigos y que con frecuencia me acompañen en el blog.
POESÍA AL PASAR Mencionaba en el artículo inicial a FRANCISCO JIMÉNEZ FUENMAYOR porque cuando buscaba mi poema para colocar en esta sección, encontré una publicación española (A TRAVÉS DEL TIEMPO, Cuadernos Literarios de la Agrupación Literaria de Autores Nuevos, Barcelona, noviembre de 1996) en la que me publicaron un poema dedicado a este amigo. Y como POESÍA AL PASAR pretende ir recogiendo esos textos que ya casi tenía olvidados, aquí les dejo este, porque no me caben dudas de que seguimos teniendo esperanza.
EL MAR Y LA ESPERANZA A Francisco Jiménez Fuenmayor, Poeta y amigo
Si fueran cierto el mar y la esperanza cruzaríamos encima de las nubes y un Ángel de Luz –que no Luzbel– traería sus noticias.
Existe la amistad. El amor triunfa contra el odio. La fe puede sanar.
El mar es cierto y su esperanza reprende a las gaviotas que vuelan extraviadas. La esperanza construye fortalezas contra murallas de llantos y renconres escondidos.
Porque Dios está vivo y navega entre el mar y la esperanza.
LA ENTREVISTA QUE MÁS HE DISFRUTADO Hace unos meses, en una escuela secundaria de nuestra ciudad organizaron un encuentro con un grupo de escritores y allí estuvimos varios de los invitados, disfrutando el saber que éramos leídos por los jóvenes. En mi caso la estudiante Lisandra Gallardo Cáceres me sometió a una entrevista que además de responder con placer, me hizo disfrutar esas respuestas porque en algunos casos era la vez primera que las ofrecía en público.
Lisandra: ¿Me puede decir el lugar y la fecha de nacimiento? Casanova: Nací el 19 de julio de 1949 en Calixto, perteneciente en la actualidad al municipio Majibacoa, pero desde muy pequeño vine para la ciudad de Las Tunas, por tal motivo me considero tunero. Lisandra: ¿Cuando comenzó a escribir? Casanova: Comencé a escribir desde muy pequeño, desde los diez o los doce años escribía con mi primo Rolando que es pintor; hacíamos un periodiquito manual y también para divertirnos escribíamos historietas. Recuerdo una que trataba sobre un soldador al que bautizamos con el nombre de Soldán. Después esos papeles se fueron perdiendo. Pero escribir como tal, con un poco más de oficio, lo hago desde que estaba en la secundaria básica, siempre vinculado a un taller literario en los diferentes centros de estudios en que me formé. Lisandra: ¿Qué lo motivó a escribir? Casanova: La propia vida. Creo que al igual que se nace siendo zapatero, mecánico o ingeniero, se nace siendo escritor. Estudié ingeniería, pero la mayor parte de mi vida la he dedicado a escribir; tanto, que cuando trabajé como ingeniero sentía que estaba perdiendo mi tiempo. Lisandra: ¿Qué otros géneros escribe aparte de la novela? Casanova: Poesía, teatro, guión de cine, libretos radiales dramatizados, crítica literaria. La clasificación en géneros literarios es un poco artificial a veces; dentro de mis novelas he escrito piezas teatrales e incluso guiones de radio. Hoy día los géneros no son como hace treinta años atrás, separados unos de unos de otros de manera absoluta. En la actualidad se entrelazan entre sí. Lisandra: ¿Ha escrito para los niños? Casanova: Sí. Los niños tienen un mundo tan rico como el de los adultos, a veces con un horizonte más amplio. Siento un gran respeto por los niños y por los jóvenes. Y no escribo para los niños que hoy son pequeños, sino para los mayores que un día serán. Lisandra: ¿Qué obra suya es la que más le ha gustado o lo ha marcado como persona? Casanova: Yo hago poesía porque la necesito; no me interesa la parte técnica de la poesía, sino lo que siento mientras la escribo. Pero no me caben dudas de que la narrativa es la que más me marca, y particularmente la novela Las Nubes de Algodón, porque es una obra en la que yo participo como personaje junto con otros escritores. Ahora bien, a mis novelas, tanto las publicadas como las inéditas, las quiero como si fueran mis hijas y por tanto las quiero a todas por igual. Lisandra: ¿Cual es su escritor favorito? Casanova: Es un poco difícil dar una respuesta estricta, porque son varios los escritores que han influido en mi obra y a los que mucho les agradezco sus enseñanzas acerca de la práctica literaria. No puedo decir que tengo un escritor favorito, yo diría que tengo varios escritores que han sido mis maestros, entre ellos: Cesar Vallejo, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, José Soler Puig, indiscutiblemente Miguel de Cervantes y Saavedra y su obra Don Quijote de la Mancha. Los he leído a todos varias veces y los sigo leyendo. Lisandra: ¿Qué me puede comentar sobre su novela Hoy es lunes? Casanova: En esta novela yo trato el mundo obrero de la Cuba contemporánea; viendo las irregularidades que tienen lugar en la actividad laboral llevé al plano de la ficción una historia que convertida en trama literaria se parece a la realidad real. Desde otro punto de vista, es la novela con la que me despido de la fábrica, del ambiente aquel donde prácticamente no podía escribir por no ser el medio más idóneo para lograrlo. Allí busqué personajes, pude recrear el lugar, incluso tengo la siguiente anécdota: hubo alguien que se ofendió porque otro alguien le dijo que él estaba reflejado en el personaje Rafael Molina y durante varios días trató de encontrarme para irse a las manos conmigo. Con el tiempo, se convenció de que en la literatura las personas y los personajes no son iguales. Pero ciertamente, Rafael Molina se parece a él. Lisandra: Quisiera finalmente saber qué mensaje le enviaría a las nuevas generaciones. Casanova: Que no renuncien nunca a los valores que nos han caracterizado como humanos. Si desea ver el blog completo, vaya a la dirección http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/all.php ![]() 9- de de 2009NOVELA POR ENTREGASLa otra habitación © Andrés Casanova Derechos reservados en exclusivo, sin compromiso editorial alguno.
Prohibida su reproducción en cualquier forma conocida o por conocer sin la autorización escrita del autor.
Derechos protegidos por el autor.
Capítulo 1 Durante el atardecer de mi primer día en La Habana, recostado contra la ventana del hotel, me entretengo mirando hacia el malecón. Pasan gran cantidad de ciclistas y algunos automóviles; el sol aún alumbra tenuemente contra el mar, desatando con sus rayos un arco iris que al ser reflejado por las aguas me deja deslumbrado. Regreso hasta la cama; me acuesto sin desvestir y regulo el aire acondicionado porque siento que las gotas de sudor corren por todo mi cuerpo. Entrecierro los ojos y escucho a la sordina una conversación que viene desde la habitación aledaña a la mía. Oigo apenas unos susurros, voces apagadas, quizá hasta una risa entre palabra y palabra. La risa en unas oportunidades es de una mujer, en otras es un hombre quien prorrumpe en una carcajada estentórea, plena de vitalidad y alegría. Bocarriba en mi cama, mientras intento encender un cigarrillo feamente ensalivado por culpa del fósforo negado a prenderse, observo con toda calma esta habitación donde me encuentro. Estoy cansado. Luego de casi veinte horas de viaje en un tren colmado de incontables aromas contradictorios, desde el perfume de jazmines y violetas hasta el de pies sin lavar, desde el de la comida guardada en vasijas hasta el del polvo de los pasillos del vagón, uno desea abandonar todo el cansancio acumulado en una cama cualquiera y ahora a mí el rumor del equipo de aire acondicionado, el tenue olor de sábanas planchadas al vapor y el ambiente de pulcritud en que me encuentro, casi me adormecen. De inmediato pierdo todo interés por las paredes blancas, recién pintadas, sin una mancha o un graffiti como los que acostumbran a escribir los enamorados en los hoteles de mala muerte y continúo escuchando la conversación de mis vecinos. De pronto, el hombre comienza a rugir improperios; lo imagino saltando contra la muchacha (estoy convencido de que se trata de una muchacha: el tono de su voz es suave, claro y uniforme; las mujeres mayores en general hablan de una manera quebradiza, ronca; en cambio, las jóvenes poseen una voz atiplada parecida a la de un muchacho impúber) para apretar alguna parte de su cuerpo, quizás un brazo, violento y furioso: estaba engañándolo y a él no había mujer que lo hiciera el tonto; ella muy bien lo conocía; aunque la amaba como jamás había adorado a mujer alguna, no le iba a perdonar una traición. Le recordaba con insistencia su credo moral como hombre, la situaba en la disyuntiva de escoger entre un ambiente rodeado de comodidades y aquel en que vivía antes, sórdido, lleno de gritos callejeros en un solar asqueroso, obligada a asistir durante las mañanas a la escuela y por las tardes a dedicar el tiempo disponible en ocupaciones domésticas rutinarias y agobiantes. La muchacha lloraba y hasta podría asegurar que de rodillas frente al hombre pedía perdón. Él ya no gritó más; mantuve pegada una oreja contra la puerta cancelada desde ambas habitaciones, mientras oprimía la colilla contra el cenicero de cristal labrado que descansaba encima de la amplia cómoda, y escuché el detenerse de los sollozos y el inicio de unos jadeos acompasados.
Comienzo a cepillarme los dientes con energía luego de una noche reparadora y me vienen a la mente los problemas prácticos a los que deberé enfrentarme durante el nuevo día. El primero de ellos, buscar alguno de los cambistas clandestinos conocido por mí para convertir una fuerte suma de pesos cubanos en dólares, porque me los venden a precio más bajo que en la casa oficial de cambios. Aquí, al contrario de la ciudad provinciana donde vivo, todo se cotiza en moneda dura y es necesario tenerla si se desea disfrutar de la vida. La fragancia de la pasta dental, el golpe del chorro de agua contra el lavamanos y las notas de una canción de moda procedente de un radio cercano nublan mis sentidos, oscurecen mis percepciones del mundo exterior. Mi esposa en estos momentos debe haberse acabado de levantar y el mayor de nuestros hijos lo estará haciendo ahora; dentro de unos instantes él comenzará a calentar el motor del automóvil, a acelerarlo de una manera brusca como le tengo prohibido; el perro estará ladrando, su manera típica de reclamar que alguno de los niños pequeños vaya a zafarle la correa y apenas se vea libre meneará la cola echando a correr hacia el jardín donde abrirá algunos huecos: juguetón y desaprensivo mi cachorro bullanguero con los de mi familia y conmigo, feroz contra todo desconocido a quien olfatea. Acabo de afeitarme y mientras froto enérgico el rostro auxiliándome de una toalla, escucho a la pareja vecina hablar de dinero. Oigo perfectamente la palabra dólares y supongo que viviré durante estos días cerca de dos traficantes de drogas o de joyas; me acerco a la pared divisoria entre nuestras habitaciones y ya junto a la puerta cancelada me hago una idea del hombre mientras percibo su voz: tiene alrededor de cincuenta años, porque habla con un dejo no tanto de cansancio como de aburrimiento propio de la edad que acerca al hombre a la vejez. Apenas sabe proyectar su voz, la dicción resulta vulgar y algunas palabras del argot chabacano me revelan a un individuo sanguíneo, mal encarado, de alta estatura y guapetón. Al principio lo suponía extranjero, cuando mencionó los dólares; también anoche hablaba en un susurro y hubiese jurado que lo hacía con el acento propio del inglés; hoy en cambio ya sé que se trata de un cubano común y corriente, capaz incluso de amenazar a cualquiera con un arma. Mi intención primera es avisar a la policía. Miro hacia la mesa del teléfono e imagino mi conversación con la empleada que atiende la pizarra central; me escucho a mí mismo pedirle comunicación hacia el exterior del hotel aunque en realidad apenas me he movido de mi sitio: la muchacha del cuarto vecino ríe con estridencia tal que a mis oídos llega una especie de burla obscena, descarada. La supongo desnuda, sentada en una silla, las piernas abiertas mostrando su sexo pulposo al hombre, porque éste alude con palabras soeces a esa zona del cuerpo de su pareja preguntándole al final si las señales en el interior de los muslos fueron mordiscos furiosos o de placer por parte del italiano. Decidido a conocer a mis vecinos, comienzo a vestirme cuando la conversación de ellos languidece con una pátina de ciruelas amargas o de almíbar recocido; hablan sólo de ganancias y posibilidades de viajar fuera del país. Él revela sus planes de una manera brusca: quizá el italiano los acepte a ambos en su habitación esta noche; de suceder así, podrían volar la próxima semana a Milán y allá introducirse en los negocios de la sociedad anónima Giusseppe-Rosy. Entonces comprendo quiénes son. Durante mi recorrido por el amplio pasillo de baldosas pulidas del hotel, adivino que las paredes fueron pintadas hace poco. Quedan minúsculos rastros de pintura en el piso y el blanco es aún deslumbrante, sin las señales de decadencia que suelen imponer el ambiente y el decursar del tiempo sobre el emblemático color de la pureza. Observo breves instantes el mar por uno de los amplios ventanales; las olas embravecidas golpean los muros de contención y el viento agita mi pelo. Dentro del ascensor, recompongo el peinado maquinalmente mientras calculo dónde podrán estar mis hijos y mi esposa ahora mismo; la mucama oprime un botón luego de yo formularle una pregunta banal y me mira fijamente antes de contestarme. En estos segundos de encierro obligado con ella juego a adivinar sus pensamientos, como si fuese un personaje ocasional de mis novelas. Me está juzgando, indiscutiblemente; considera que soy uno de esos empresarios estatales cubanos de la última hornada, recién estrenado en el mundo de los negocios (hasta ayer, dirá ella para sí, un simple agitador, acostumbrado a repetir consignas y discursos), y que estoy adiestrándome en la técnica del trato protocolar, las reglas del buen vestir y las normas del bien hablar. Eso podría pensar esta mujer de mirada triste, encanecida, que viste un elegante uniforme muy bien planchado; o tal vez no, quizás los pensamientos que le supongo sólo sean el resultado de mi inveterada costumbre de narrador, obligado a dotar de cuerpo físico o psicológico a cada uno de los personajes de ficción que cobran vida en mis relatos. Llegamos a mi destino y ella me despide con un: “Su piso, señor”, atento aunque impersonal, ajeno a toda intención de recibir las gracias por haberme evitado bajar diez pisos sino deseosa de que introduzca mi mano en el bolsillo y le obsequie una propina.
Sentado en una mesa solitaria del restaurante ocupo el tiempo en varios asuntos a la vez. Por una parte, he elegido un lugar apropiado para vigilar a todos cuantos entren porque me he propuesto adivinar quiénes son mis vecinos de habitación; mis hijos ocupan fracciones de segundos de mi pensamiento y creo escuchar también a mi esposa riñendo con los tres, veo al perro atado a la cadena ladrando desde su soledad contra delincuentes que no existen y escucho al panadero anunciar con su silbato que hoy no habrá dificultades para el desayuno; imagino el encuentro en horas de la tarde con mi agente literario durante el cual espero recuperar la confianza en el valor de mi obra y la entrevista del día siguiente con la editora de mi última novela. También recuerdo la discusión violenta una semana antes entre mi esposa y yo porque olvidó reservar mi pasaje en avión con destino a La Habana con un mes de antelación, motivo por el cual me vi obligado a trasladarme en tren hacia la capital. La camarera llega hasta mí, con la fragancia de los azahares desbordando sus poros. Adopta una posición rígida, como si temiera equivocar el método de servir el desayuno aprendido en la escuela gastronómica. En ese instante, la puerta del restaurante se abre y el capitán guía una pareja hacia la mesa más cercana a la mía. Son ellos, por supuesto; mis vecinos de habitación a quienes he estado espiando desde mi llegada, escuchando sus conversaciones fragmentarias, oyendo los suspiros de placer que intercambian, enterándome de los detalles de su convivencia íntima. Resulta indudable: ronda en mi cabeza el plan de una nueva novela basándome en ellos como personajes centrales; sin embargo, no acabo de dar con el título pues son muchos ya entre mis libros publicados los que comienzan con las palabras muerte, asesinato y sangre. La muchacha, cuya blanca piel contrasta con el amarillo del pelo y el negro de sus vestidos, trata de afectar una clase elevada que no posee. Parece elegante, fina, delicada, al mover sus dedos con gestos amanerados; acaricia una y otra vez la servilleta, roza la copa barrigona y el esbelto vaso colocado a su derecha y sonríe cautelosa. Los tatuajes en los brazos, las uñas pintadas cada una de distinto color, los pendientes en sus orejas, las medias negras, los finos zapatos de charol y los espejuelos oscuros que descansan encima del pelo, me permiten identificarla como una de las tantas jineteras que empiezan a colmar nuestras ciudades más importantes. Es linda, cómo podría negarse. Y sobre todo muy joven: apenas unos quince años y probablemente no los haya cumplido. Ahora recuerdo las alusiones del hombre la noche antes; en realidad se trataba de una chica en edad escolar que abandonaba las aulas a cambio de la vida galante recién surgida entre nosotros de una manera pública y que ya todos veíamos como parte de nuestro folclore. El hombre vestía como yo, blue jeans y pulóver de marca. Varias prendas de oro adornaban sus manos. Era mayor que la muchacha al menos en treinta años. Acabo de desayunar y salgo, dispuesto a gastar toda la mañana paseando tranquilamente a lo largo del malecón habanero. Si desea ver el blog completo, vaya a la dirección http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/all.php Enlaces y sitios donde puede obtener más información sobre el autor: http://sites.google.com/site/sigloxxiliteraturaypoesia/Home/poesia-y-narrativa-2/andres-casanova-1 http://sites.google.com/site/sigloxxiliteraturaypoesia/Home/poesia-y-narrativa-2/andres-casanova http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/casanova_andres/index.htm http://danielmontoly.blogspot.com/ search?q=ANDRES+CASANOVA ![]() 8- de de 2009Boletín Literario del Año I-Nº 2Noticias Literarias del escritor Andrés Casanova Las Tunas, Cuba * Agosto de 2009 * Mes de verano en Cuba * Año I-Nº 2
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ACLARACIÓN: MIS ENVIOS POR CORREO ELECTRÓNICO NO CONSTITUYEN SPAM NI UNA PUBLICACIÓN INDEPENDIENTE DE ESTE BLOG Quizás por la premura de sacar a la luz el anterior boletín en el mes de mi cumpleaños, le puse el (para mí lógico en ese momento) nombre de “boletín literario”, lo que generó un mal entendido en alguien cuya pregunta telefónica me tomó por sorpresa: si yo tenía registrada debidamente la publicación.
Me ví obligado a explicarle, suponiendo que se refería al número de ISBN o algo por el estilo, que un Mail-Art era un medio moderno en la era tecnológica de las redes electrónicas, de compartir información artístico-literaria con amigos y en mi caso particular, de anunciar entre los que están en mi libreta de direcciones, la actualización de mi blog personal alojado en la red de la cultura cubana que se hace desde la provincia Las Tunas y que responde al nombre de “Tunarte”. Y por lo tanto, constituía un simple correo electrónico enviado a personas interesadas. De ahí que a partir de ahora cambio el nombre de “Boletín Literario” por el de “Noticias Literarias”, para ser más coherente con mis intenciones originales.
Pero como dice el refrán, un camino lleva al otro y el otro al siguiente, por lo que me quedé pensando que tampoco era mi intención enviar mensajes a quienes no les interesara por lo que aquellos destinatarios que no deseen continuar recibiendo estos avisos, basta que me envíen la solicitad con la palabra “Borrar”, haciendo siempre referencia al número que aparece en el asunto. Ejemplo: si usted recibe mi mensaje con el asunto LITERATURA.MAIL-ART/envíos de casanova(006).net, basta con que me advierta al responder “Borrar mi dirección de 006”. Y así me ayudará a limpiar mi libreta de direcciones.
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DONDE HABLO DE LA POSIBILIDAD DE EMPRENDER UN TALLER LITERARIO GRATUITO Les aviso que estoy trabajando ya en este proyecto y tengo concebido el programa de estudios que sería de contenido teórico-práctico. Como deseo ensayar su efectividad, cuando lo tenga a punto avisaré por esta vía el método de selección que emplearé para determinar a los talleristas que atenderé.
Desde luego, trabajaría con un número definido de personas pues tal como lo he pensado, emplearía bastante tiempo en la revisión de los textos que produzcan los talleristas como parte de su entrenamiento cuyo fin último, luego de pasar por todas las etapas formativas, sería escribir su primera novela.
De más está decir que los alumnos del taller lo serían de manera virtual, a quienes atendería por la vía exclusiva del correo electrónico. Los requisitos para solicitar el ingreso los daré a conocer en meses posteriores, cuando ya tenga toda la base material a enviar preparada.
LITERATURA.MAIL-ART/envíos de casanova.net ¿QUIERES RECIBIR POR ENTREGAS MI NOVELETA TITULADA La otra habitación? * DÉJAME UN MENSAJE DE SOLICITUD EN LA DIRECCIÓN http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php
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COMPARTO CON USTEDES EL RINCÓN DE BENFERRI Desde hace varios meses, venía anunciando una nueva sección en mi blog que llamaría EL RINCÓN DE BENFERRI, cuya temática, desde el punto de vista literario, estaría enfocada hacia la niñez. Y además, que en esta sección invitaría a participar a mis amigos. Pues bien, aquí comparto con ustedes el primer cuento. Ah, lo olvidaba: los textos de ficción en esta sección nunca abarcarán una extensión superior a dos folios DIN A-4.
Como una sana provocación, disfruten entonces de mi primer cuento sobre el tema, con el compromiso de que iré co- locando otros de mi autoría en actuali- zaciones sucesivas. Y quienes deseen colaborar, me pueden dejar sus textos en la dirección siguiente: http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php
OFICIO DE MAESTRO
A don José Yonnis Costell Von Sterlichs le incordiaban los alumnos que no entendiesen las ecuaciones de segundo grado. Y en el caso de Alberto, resultaba peor, porque apenas hablaba en la clase. Don José siempre había odiado a los estudiantes silenciosos, porque no le halagaban sus conocimientos no sólo matemáticos, sino también los del terreno del arte.
Alberto casi nunca estaba dentro de la clase, porque soñaba con los surrealistas y era un apasionado de la corriente de los impresionistas. Don José en cambio, conceptualista convencido, proclamaba el valor absoluto de las vanguardias. Esa tal vez era la razón de su odio contra Alberto, porque en cambio Luis no sabía resolver el teorema de Pitágoras y se alegraba con él cuando hablaban entre ellos de la teoría conceptualista; lo tenía por uno de esos geniecillos en miniatura que andando el tiempo se convertiría en un hombre famoso.
El tiempo anduvo de manera tan estrecha que don José acabó convertido en un anciano renqueante y Luis compró un auto de segunda mano para dedicarse a taxista. Mientras tanto, Alberto viajaba por París, Viena y Milán, y a veces en Nueva York también exponían sus cuadros neo-surrealistas y para-impresionistas.
Mirando la tele, una lágrima rodó por la mejilla de don José. No podía creer que por Eurovisión estuviesen entrevistando al famoso pintor Alberto del Parral.
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PUBLICO AQUÍ LO QUE ME ENVIARON EN RESPUESTA A MI MAIL-ART ANTERIOR Como recordarán, en el Mail-Art anterior los provoqué para que tomaran como base mi texto titulado “El premio” y escribiesen su propia historia.
Como solamente recibí una respuesta, lo más práctico fue publicar aquí el texto que pertenece a Norys Nicoliello, de quien puedo decir que nació en 1966 en el Estado Falcón, Venezuela y ha participado en Seminarios y Talleres del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo y en el Ateneo de Valencia. Ha obtenido diversos premios literarios como el del IX Concurso Nacional de Literatura Poeta Pedro R. Buznego (Año 2002). Publicó los poemarios El Acecho del Cordero (Ediciones La Tuna de Oro, 2002) y Volverme Alúmina” (Editorial El Perro y La Rana, 2007).
Esta escritora, sin modificar ninguno de mis “pies forzados”, hilvanó una trama coherente y verosímil en su contexto geográfico, tal como aparece la trama desarrollada por ella, la que marcado con letras de color rojo.
EL PREMIO Texto de Norys Nicoliello Aunque su nombre real no era Tingo Malanga, cacofónico y todo, ya nadie recordaba el verdadero. Lo de Malanga se lo decíamos desde la secundaria básica, por la finca de unos parientes en Pinar del Río donde se cosechaba esta vianda en cantidades mayúsculas; y lo de Tingo fue para fastidiar a la profesora de español Ofelia Gassó, una puritana del idioma. Tingo Malanga no era un mal compañero. Compartía con nosotros las meriendas, jamás nos denunció cuando de paso por su casa lanzábamos piedras contra el frutal del patio, ponía en juego sus dotes de contorsionista cuando en un examen algunos de nosotros no sabíamos resolver un problema matemático u olvidábamos lo que decían los libros sobre la historia del país. Tingo, al que a veces agregábamos otro apellido de una copla popular, o sea, Talango, jamás pensó convertirse en un competidor y si llegó a serlo, fue por culpa de la abuela. Esta, una señora de esas que llamamos de antes, había nacido y juventeado en el siglo anterior, lo que le confería un hálito de impureza y decrepitud. La abuela de Tingo, cuando este se graduó de abogado en la Universidad Central, [se frotó las manos]. Bien, o mal, mirado, tampoco los padres de Tingo Malanga [estaban descontentos]. De aquella manera, en bien pocos minutos las manos de Tingo [sólo movían la prosa no para defender casos legales, sino para darle música a sorprendentes relatos, el ejercicio legal quedaba relegado a su destreza, a la inventiva imaginaria de la crónica policíaca, cangrejos, como le llamamos a los casos irresolubles, eran los preferidos por los insaciables lectores que se consolaban con las vueltas que Tingo diestramente les daba hasta convertirlos en descangrejados episodios. Un buen día llegó a sus manos el oficio (correspondencia oficial) que cambiaría su vida, era comedidamente solicitado en la oficina municipal. Tingo se dirigió al ayuntamiento, el día estaba soleado, presentó el oficio al policía de guardia, quien buscó su nombre en la interminable lista, el policía era desesperadamente lento, la ansiedad de Tingo no cabía en sus ojos]. Sobresaltado, quedó mirando fijamente al policía con un aire de tristeza, como si le hubieran [asestado un golpe en el estómago removiendo sus vísceras, hasta que a punto de estallar, apareció su nombre y el departamento a donde debía dirigirse]. Sus pasos fueron entonces acercándolo al lujoso edificio. Entró. En sus manos temblorosas el documento quedaba como guardando silencio, inútil, inservible. No se atrevía a moverse o al menos, bien lo simulaba cuando el funcionario enfundado en un traje gris ratón abrió la puerta que decía en letras azules ATENCIÓN AL PÚBLICO y le hizo una seña con la mano. Temblando aún, [por la emoción contenida, sabía que debía franquear cinco puertas más de las siete para llegar a su destino] Después de la conversación con él [,de explicar por tercera vez a que iba avanzó hacia su próxima alcabala]. El sol picante de la capital apenas le molestaba. El funcionario principal le acababa de advertir: “Le será muy difícil [llegar a tiempo]” y él comprendió de pronto la certeza de tal afirmación: [horas de espera, repetidas explicaciones, hasta llegar un minuto antes, exactamente un minuto antes, en que todos los funcionarios han cumplido con otro día de "labor"]. Sin mirarlo siquiera, [Tingo negaba tal merecimiento, no estaba en sus anhelos reconocimiento alguno por su obra, pues consideraba que el sólo hecho de satisfacer a sus lectores, de arrancarlos de la frustración brindándoles soluciones fantásticas a lo irresoluble, convertían su vida en un sólo disfrute, consideraba así mismo, como una ofensa a su integridad cualquier reconocimiento y mucho menos institucional, por eso insistía al funcionario, que esos recursos deberían ser mejor empleados] intentaba persuadirlo de su error. Cierto, el premio era suyo. Podía arrepentirse ahora y cobrar el monto realmente elevado, o en caso contrario [volver a su mundo altruista, de donde son los poetas]
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OTROS INVITADOS EN MI BLOG Y como respuesta a mi Mail-Art anterior, también recibí dos colaboraciones que ahora comparto con ustedes.
Rubén Patrizi, director de la Revista Voces, Susurros, Rumor y Gritos, desde Venezuela me envió esta historia que nos narra los amores al parecer imposibles entre Mariita y su esposo.
Mariita
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Delfina Acosta, desde Paraguay, me ha enviado su cuento EL BOSQUE, y sobre ella les puedo decir que nació en Asunción en 1956. Ha publicado los poemarios Todas las voces, mujer... (Primer Premio “Amigos del Arte”), La cruz del colibrí, Romancero de mi pueblo y Versos esenciales, así como el volumen de cuentos titulado El viaje. Su último libro, Querido mío, editado por “Portal de poesía”, recibió el premio “Roque Gaona 2004”. Es columnista del diario ABC Color y hace comentarios literarios sobre los escritos de los poetas y narradores paraguayos en el Suplemento Cultural de dicho diario. Dirige el Taller de Poesía de la Manzana de la Rivera.
EL BOSQUE
Olvidé cómo se escribe un cuento. Solía sentarme a las siete de la mañana frente a la máquina de escribir Remington, que ocupaba la mitad de mi escritorio, a un costado de la enorme ventana que daba a la calle. Durante los primeros momentos no ocurría nada, hasta que alguien, y otra persona parecida, y muchos individuos o sombras más que se dirigían a la fábrica textil del pueblo, pasaban con prisa por la vereda; entonces me entraba la angustia por escribir las primeras líneas, aquellas frases fijas que definen el inicio de una historia. A las diez, Cándida, la vecina que me prestaba el auto para viajar los fines de semana a alguna villa veraniega, salía a hacer una revisión minuciosa de su jardín delantero; yo solía temer que me hablara sobre los cornezuelos que a menudo desfallecían a sus caléndulas y a sus helechos porque entonces una larga distancia me separaba de mi cuento hasta que terminaba por perderlo de vista. Y ocurría que a veces me hablaba, y otras, no. El caso es que su presencia entre esas flores agitadas por los vientos de estío o de invierno me ponía ansioso, y acababa levantándome, bruscamente, del asiento, con un cigarrillo en la boca, para observar la borrosa lejanía de la zona portuaria. A las once, o a las once y media, entraba en el gabinete la empleada doméstica, y hacía tal silencio de mosca mientras pasaba una trapo humedecido con alcohol por el único mueble de estilo provenzal de la casa, y con el mismo silencio de mosca se retiraba, que me gustaba pensar, con un extraño sentimiento, que era un desperdicio tanta precaución de su parte; total, al meterse la mujer en la habitación, no me venía una sola línea a la cabeza. Es difícil escribir sin interrupción. Ocurre que alguien te llama por teléfono y te dice esas cosas que uno escucha como desde lejos: “Fue imposible hacer nada... Tendré que comprar otra camisa. La tinta no ha desaparecido ni siquiera con cloro...”. A la hora del almuerzo, cerraba con la fuerza de un latigazo que hace brincar a la bestia, la puerta del gabinete. Debía asegurarme de que mis personajes se quedaran bien encerrados en esa habitación de luces apagadas, para que yo pudiera, sin apresurar el sabor, disfrutar de aquella tregua: un plato de milanesa de pollo y otro de escabeche de berenjenas, acompañados de una botella de buen vino rosado. Luego venía la modorra. Como a las cuatro y media de la tarde, cuando el calor caía sobre el aljibe sin roldana del patio, yo me tendía sobre las baldosas de la sala, aguardando la visita de Adelfa. Mi amiga rubia, rubiácea, me solía hablar después de fumar un cigarrillo, sobre las virtudes y necedades de mis cuentos. A mí me daba igual que objetara la presencia de una antigua vitrola en la habitación donde sucedía la parte más densa de las acciones; para eso tienes el piano, Miguel, el viejo piano alemán de la familia; que tanteara una crítica sobre determinada situación o trama por su estilo tan apasionado, que desaprobara un nombre común como José o Pedro, y que, a veces, me restregara la muerte del protagonista de turno, quien merecía vivir, después de todo; total, con un final abierto, la obra quedaría bien igual. No es que fuera terco. Pero yo conocía a mi criatura. Ella era un bosque donde todos los animales (ciervos de ancas ligeras y vientres suaves, leopardos de ojos relampagueantes y aves de plumaje azul mezclado con el color de la sangre) convivían en cósmica armonía; su enorme cascarón resistía maldiciendo, pero resistía, los embates y las furias de las tormentas. Mi criatura era una luz que se abría paso entre los gajos de los eucaliptos, los algarrobos y los abedules de su propio bosque que para mostrar un camino, hecho con un polvillo como de oro y de azúcar, que tentaba a los hombres y a las mujeres que intentaban cruzar el río, para que desistieran de su propósito y se internaran en él. Al llegar la noche se me presentaban en el gabinete. Una vez fue un hombre que deseaba viajar a un pueblo donde pensaba encontrar a la mujer que había amado, y llegó, y ella estaba vestida de triste desde los pies hasta los cabellos; sentada sobre un sillón de mimbre observaba las formas humanas que tomaba el ciprés según como el viento lo cabalgara. Entonces escribí: Se vieron y se dieron un beso. En mis horas nocturnas se me rebelaban las profecías. Y entre humo y humo de cigarrillo cobraban sentimientos mis personajes, y yo debía decidir, desde luego, qué harían: la libertad o la prisión; la vagancia o el encierro; y aún esos detalles ínfimos: el viaje en barco o en tren. O la simple caminata por las calles. Perdí la manera de escribir cuentos. Este es el relatorio que –necesariamente– debo hacer sobre la maldición que ha caído sobre mí para que mi familia comprenda la decisión que he tomado. No puedo más.
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LITERATURA.MAIL-ART/envíos de casanova.net ¿QUIERES RECIBIR POR ENTREGAS MI NOVELETA TITULADA La otra habitación? * DÉJAME UN MENSAJE DE SOLICITUD EN LA DIRECCIÓN
# # # # # # # # # # ![]() 8- de de 2009Boletín Literario del año I-Nº 1Boletín Literario del escritor Andrés Casanova Las Tunas, Cuba * Julio de 2009 * Mes de aniversario del nacimiento del autor * Año I-Nº 1 El presente boletín literario saldrá de vez en cuando, y quienes lo reciban podrán circularlo libremente, borrarlo sin compasión alguna o reproducirlo por cualquier vía.
El autor renuncia de manera expresa con los materiales que aquí publique al concepto jurídico denominado derecho de autor, pues ha concebido los textos como parte de un mail-art y por lo tanto, echa por tierra el “delicado tópico de la autoría”.
En este primer número, les regalo un relato titulado EL PREMIO, hipertexto para que el lector, si lo desea, complete a su voluntad las partes encerradas entre corchetes. Si lo hiciere, me gustaría que me devolviere su creación para compararla con mis intenciones y quizás podríamos intercambiar algunos comentarios. Sin embargo, no es imprescindible para mí que me respondan, pues lo único que me propongo es hacer realidad el concepto de la dicotomía arte contemporáneo-tecnología: convertirse en propiedad del lector venciendo así la oposición mediática que intenta separar al binomio escritor-lector haciendo del primero un asalariado y del segundo un comprador.
Las ilustraciones que incluiré, obras concebidas por mi hijo Carlos Manuel Casanova para este boletín, también podrán reproducirse libremente. LITERATURA.MAIL-ART/envíos de casanova.net ¿QUIERES RECIBIR POR ENTREGAS MI NOVELETA TITULADA La otra habitación? * DÉJAME UN MENSAJE DE SOLICITUD EN LA DIRECCIÓN http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/comentarios/sign.php Visita mi blog en http://www.tunet.cult.cu/literatura/casanova/all.php
EL PREMIO · Aunque su nombre real no era Tingo Malanga, cacofónico y todo, ya nadie recordaba el verdadero. Lo de Malanga se lo decíamos desde la secundaria básica, por la finca de unos parientes en Pinar del Río donde se cosechaba esta vianda en cantidades mayúsculas; y lo de Tingo fue para fastidiar a la profesora de español Ofelia Gassó, una puritana del idioma. · Tingo Malanga no era un mal compañero. Compartía con nosotros las meriendas, jamás nos denunció cuando de paso por su casa lanzábamos piedras contra el frutal del patio, ponía en juego sus dotes de contorsionista cuando en un examen algunos de nosotros no sabíamos resolver un problema matemático u olvidábamos lo que decían los libros sobre la historia del país. · Tingo, al que a veces agregábamos otro apellido de una copla popular, o sea, Talango, jamás pensó convertirse en un competidor y si llegó a serlo, fue por culpa de la abuela. Esta, una señora de esas que llamamos de antes, había nacido y juventeado en el siglo anterior, lo que le confería un hálito de impureza y decrepitud. · La abuela de Tingo, cuando este se graduó de abogado en la Universidad Central, […] · Bien, o mal, mirado, tampoco los padres de Tingo Malanga […] · De aquella manera, en bien pocos minutos las manos de Tingo […] · Sobresaltado, quedó mirando fijamente al policía con un aire de tristeza, como si le hubieran […] · Sus pasos fueron entonces acercándolo al lujoso edificio. Entró. En sus manos temblorosas el documento quedaba como guardando silencio, inútil, inservible. No se atrevía a moverse o al menos, bien lo simulaba cuando el funcionario enfundado en un traje gris ratón abrió la puerta que decía en letras azules ATENCIÓN AL PÚBLICO y le hizo una seña con la mano. Temblando aún, […] · Después de la conversación con el […] · El sol picante de la capital apenas le molestaba. El funcionario principal le acababa de advertir: “Le será muy difícil […]” y él comprendió de pronto la certeza de tal afirmación: […] · Sin mirarlo siquiera, […] intentaba persuadirlo de su error. Cierto, el premio era suyo. Podía arrepentirse ahora y cobrar el monto realmente elevado, o en caso contrario […] FIN DEL HIPERTEXTO Ahora, te invito a escribir tu propio texto a voluntad y enviármelo
![]() 1- de de 2008AVISO A LOS LECTORESDurante unos días, mi blog se encontrará en construcción y por lo tanto, los artículos publicados con anterioridad a la salida del primer boletín de noticias literarias no estarán visibles. Una vez que se concluya el nuevo diseño del blog, todos los artículos estarán disponibles de nuevo. ![]() 3- de de 2007Entrevista concedida al canal Tunas Visión
![]() 3- de de 2007Vida y Obra de Andrés Casanova![]() |
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